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Qué es ser sacerdote de
la Arquidiócesis de Bogotá

¿Cuál es su misión?

Acompañar la vida de las comunidades cristianas, principalmente parroquiales, anunciando el evangelio y sirviendo a todas las personas desde su condición sacerdotal.

¿Cómo la realiza?

  • Predicando el evangelio de nuestro señor Jesucristo.

  • Dirigiendo la celebración de la fe de los fieles, en la oración y los sacramentos.

  • Impulsando a los fieles a vivir su fe en medio de la sociedad actual.

  • Fomentando el ejercicio de la caridad y la justicia, especialmente en favor de los más pobres y necesitados.

¿Dónde cumple su misión?

En la Arquidiócesis de Bogotá, que comprende todo el Distrito Capital, y los municipios de Soacha, Sibaté, Cota, La Calera, Choachí, Fómeque, Une, Gutiérrez, Cáqueza, Quetame, Ubaque, Chipaque, Guayabetal y Fosca.

¿Cómo vive un sacerdote de la arquidiócesis?

La gran mayoría vive en alguna de las 306 Parroquias de la Arquidiócesis, en la que se desempeña como párroco.  A diferencia de los sacerdotes religiosos, el diocesano no vive normalmente junto con otros sacerdotes, sino en medio de las personas a cuyo servicio lo ha puesto el arzobispo de Bogotá, compartiendo su vida cotidiana.

¿Por qué es necesario hoy el sacerdote diocesano?

  • Por la sed de Dios, cada vez más manifiesta en nuestra sociedad.

  • Por la necesidad de muchas personas, sobre todo jóvenes, que no encuentran sentido a su vida.

  • Por la urgencia de volver a sembrar en nuestra sociedad valores perdurables que hagan posible la convivencia pacífica de todas las personas.

  • Por la necesidad de construir una sociedad más justa y más humana, luchando por superar las actuales condiciones de pobreza extrema de muchos de nuestros hermanos.

  • Porque Cristo requiere personas que dediquen su vida a darlo a conocer, como única y definitiva respuesta a las inquietudes más profundas del ser humano.

¿Para qué hacen falta sacerdotes?

10 RAZONES

1. Para enseñar la Palabra de Dios y garantizar la calidad de la educación cristiana de todos los miembros del Pueblo de Dios.

2. Para anunciar el evangelio aquí y en países de misión.

3. Para perdonarnos los pecados en nombre de Jesús.

4. Para presidir la Eucaristía y darnos el pan de la vida.

5. Para animar la comunidad cristiana, la Parroquia y los grupos de fe, procurando ser ejemplo y apoyo.

6. Para estar cerca y ayudar a los pobres, los necesitados, los que sufren, como hizo Jesús.

7. Para enseñarnos a rezar y relacionarnos con Dios como Padre y a ver lo que el Espíritu quiere de cada uno y descubrirnos que estamos llamados a la felicidad eterna.

8. Para orientar con criterios morales y evangélicos en los problemas de la vida, la sociedad y el mundo actual.

9. Para impulsar la responsabilidad de los seglares en la sociedad y dentro de la Iglesia.

10. Para servir a la unidad eclesial, coordinando a todos en comunión con el obispo.