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EL PROCESO DE DISCERNIMIENTO Y ACOMPAÑAMIENTO VOCACIONAL

Discernir y ayudar a discernir la vocación de los jóvenes, constituye una de las variables fundamentales en el desarrollo de las tareas anejas a la Coordinación de Pastoral Vocacional en la Arquidiócesis de Bogotá. En efecto, aunque se tenga como estereotipo el concepto del joven de hoy como alguien que se caracteriza por la superficialidad en la toma de decisiones, por la pereza ante la vida, por la incapacidad para optar de manera definitiva, por la falta de compromiso consigo mismo y con los demás, por la falta de vinculación seria y decidida ante los valores religiosos, morales, culturales, políticos..., por la falta de patrones de identificación, etc., es innegable, y en esto la experiencia es el mejor argumento, que son muchos los jóvenes que se preguntan seriamente por el sentido de sus vidas como personas, como creyentes y como llamados a realizar sus vidas en acuerdo con la voluntad de Dios.

La pastoral vocacional, considerada esta en su sentido estricto [1] enfrenta con bastante frecuencia la pregunta tácita de los jóvenes por los caminos de acceso al perfeccionamiento de sus vidas, por los modos de realizar su vida de creyentes y por la vida sacerdotal expresamente mencionada como una forma de realizar las dos anteriores. El joven de hoy se pregunta y pregunta a los demás en espera de respuestas que, además de clarificar sus dudas y sus inquietudes, le animen en la toma de las decisiones definitivas de su existencia.

A la tarea de responder al joven y de encausar su vida hacia el perfeccionamiento, que corresponde a todos los miembros de la Iglesia, no se substraen los miembros del presbiterio de la Iglesia particular y menos aún quienes han sido designados para acompañar los procesos previos de maduración vocacional del joven hasta conducirlos a dar una respuesta decidida, libre, consciente y voluntaria al Señor que le llama.

¿Cómo responder al joven? ¿qué caminos seguir para procurarle las herramientas necesarias para una elección madura? Pero ante todo ¿qué es lo que el joven necesita? ¿qué es lo que el joven espera? ¿cómo presentar la opción sacerdotal como un elemento de valor en el mundo de hoy? ¿cómo conducir al joven al discernimiento de su vocación sin descuidar los niveles del discernimiento humano, cristiano y espiritual?

El panorama ha quedado planteado en las Directrices para la Pastoral Vocacional, veamos: “No se puede despreciar el hecho de que en nuestro tiempo son varios los obstáculos que pueden condicionar, retardar e incluso impedir la respuesta del hombre a la invitación de Dios. Pastores Dabo Vobis plantea en diferentes momentos y desde diferentes ángulos esta preocupación:

Abatido por estas palabras se marchó entristecido porque tenía muchos bienes (Mc 10,22). El joven rico del Evangelio, que no sigue la llamada de Jesús nos recuerda los obstáculos que pueden bloquear o apagar la respuesta libre del hombre; no solo los bienes materiales pueden cerrar el corazón humano a los valores del espíritu y las exigencias radicales del Reino de Dios, sino que también algunas condiciones sociales y culturales de nuestro tiempo pueden representar no pocas amenazas e imponer visiones desviadas y falsas sobre la verdadera naturaleza de la vocación, haciendo difíciles, cuando no imposibles, su acogida y su misma comprensión [2] .

El joven quiere y debe recibir respuestas a las preguntas más elementales, no por ello menos profundas, sobre las cuestiones existenciales que le tocan de continuo, en un mundo que le deslumbra y le desilusiona a la vez, debe recibir instrucción y ser conducido al encuentro con el sentido más profundo de su vida cristiana y con la toma de las decisiones que realizan su opción fundamental, llámense estas vida laical, vida religiosa o vida sacerdotal secular.

Se nos presenta un panorama que nos plantea las necesidades, los obstáculos en la toma de decisiones de los jóvenes y más concretamente frente a los estados de vida que realizan su ser de creyentes y su deseo superación, de ocupar un puesto en la sociedad y también, a veces, el deseo de fidelidad al seguimiento del Señor.

Grandes retos constituyen estas indicaciones de dirección. Retos que hacen brotar nuevas preguntas por los cómos?:

¿Cómo formar a la persona?

¿Cómo llevarlo a descubrir y abrazar su papel en la Iglesia?

¿Cómo acercar al joven a la fuente de su vocación?

¿Cómo descubrir que se camina tras la voluntad de Dios y no tras los intereses personales?

¿Cómo elegir?

En procura de responder, aunque sea en parte, a los interrogantes que nos suscita el acercamiento a una tarea tan delicada, tomamos como punto de partida:

1. Un proceso cimentado sobre dos criterios fundamentales

1.1 Criterio de libertad

Siguiendo el criterio del Señor que se señala en los Evangelios. Ninguno de los llamados es obligado al seguimiento. La persona de Jesucristo se presenta atractiva ante los discípulos, sus obras, sus milagros, sus palabras estn cargadas de vida. La vocación est mediada a menudo por terceras personas que ponen en contacto con el Salvador, con el Cordero de Dios; pero las condiciones de su seguimiento no son sencillas, quien hace el proceso del discipulado se expone a grandes riesgos, los riesgos del Maestro, de allí la necesidad de la libertad en toda su extensión. Un joven que siente la atracción por la persona de Jesucristo y por el ministerio sacerdotal como un camino de configuración y de participación en la tarea de construir el Reino, ante todo debe estar en la capacidad de decidir, y de manera conciente, su destino con el Señor desde el ministerio sacerdotal o con el Señor desde cualesquiera otra de las posibilidades de seguirle.

1.2 Criterio de honestidad

Conjugado con el anterior, el criterio de honestidad constituye el cimiento de la libertad de quienes acompañan el proceso de los candidatos al seminario y al ministerio sacerdotal. Honesto es el Señor en la exposición, ante los llamados, de las condiciones de su seguimiento, honesto es en el planteamiento de las dificultades que enfrentan los discípulos en el cumplimiento de la tarea evangelizadora.

La verdad se constituye en el eje del acompaamiento vocacional. No se trata, pues, de negar al joven los distintos ángulos de visión que permite la vida cristiana, no se trata de poner tapaojos para evitar una mirada de conjunto a la riqueza de las vocaciones eclesiales, no se trata de elevar al máximo reconocimiento de valor al ministerio sacerdotal en detrimento de las demás vocaciones, no se trata de “vender” un producto, se trata de conducir al joven a dar un sí decidido al Señor que le llama, ante todo a la santidad y luego sí a hacer realidad esa respuesta desde una vocación específica, ojalá sea esta el ministerio sacerdotal.

La verdad con que procede el animador vocacional debe encontrar eco en la verdad del candidato. también este está llamado a abrirse con la verdad a quienes lo acompañan, así que sus reales motivaciones puedan ser conocidas, evaluadas y tenidas en cuenta en el momento de la selección. Cuanto más avanza el proceso de discernimiento y el proceso de formación mayor debe ser la auto evaluación del joven. Honestidad consigo mismo, honestidad con Dios y honestidad con sus acompañantes deben ser las constantes que garanticen una sana auténtica vocación.

2. Cuatro núcleos fundamentales

2.1 Oración

Se trata ante todo de conceder al joven una herramienta fundamental en el camino descubrir la voluntad de Dios sobre su vida.

La oración es la metodología de Jesucristo, toda su vida es un continuo estado de oración: Jesús ora en todos los momentos de su vida en la alegría, en los momentos de dificultad, ora antes de los principales hechos de su vida, en la introducción a su vida pública, etc.

Se trata de mantener una continua relación dialogal con el que llama, se trata de estrechar los vnculos, las relaciones entre quien llama y quien es llamado, se trata de abrir los cauces necesarios para el conocimiento de la voluntad de Dios, se trata de crear hbitos de importancia fundamental en la respuesta que se ha de dar y se da, se trata de poner al joven en camino de oración, de crear en l una necesidad nueva, la necesidad de la oración.

El discernimiento vocacional conserva, como un tesoro muy preciado, la escuela de oración y pone su interés en instruir y animar a los jóvenes a un acercamiento dialogal con el Señor que les llama.

2.2 formación humana

también el proceso de discernimiento debe fijar su atención, segn lo expresado en las directrices, ante todo en el candidato como persona humana. No se trata solamente de un acercamiento de auscultación sino de formación. El proceso, es claro, no es un trabajo de mirar y escudriñar exclusivamente, sino de formar al hombre, al creyente y al llamado al ministerio sacerdotal.

Del aspirante al Seminario se debe considerar su idoneidad para el ministerio sacerdotal, por ello valoramos con la ayuda de un equipo de profesionales:

  • Su estructura psicológica y su capacidad de relación. Trabajo realizado por la sicóloga clínica del proceso vocacional.
  • Su entorno social y sus raíces históricas. Trabajo realizado por las dos trabajadoras sociales.
  • Su capacidad intelectual y sus dificultades o inhabilidades cognitivas. Trabajo realizado por la fonoaudióloga y la sicóloga del procesos.
  • Sus irregularidades en cualquier orden y la valoración de la idoneidad real del aspirante. Trabajo coordinado por el sacerdote coordinador de todo el proceso que es el responsable de la pastoral vocacional de la Arquidiócesis.

El proceso de discernimiento debe garantizar al joven en camino, ayudas para subsanar las deficiencias, para robustecer las fortalezas y para eliminar cuanto de contraproducente haya en él de cara al futuro ministerio.

2.3 formación vocacional

Se trata de fijar la atención sobre la necesidad que tiene el joven de ser formado en la fe. Como bautizado, el joven ha sido convocado a la santidad, al perfeccionamiento de su vida según el modelo de Jesucristo y a realizar ese perfeccionamiento desde una de las diferentes vocaciones en la Iglesia.

El proceso de discernimiento debe tener en cuenta al joven bautizado como alguien perfectible y a quien se deben conceder los medios para clarificar su fe, para abundar en el diálogo existencial de amor con Dios y para vincular a ella su respuesta vocacional específica.

Al joven le mostramos la naturaleza, los contenidos, el valor y la trascendencia de la vocación a la vida laical, a la vida religiosa, el valor del cultivo de los diferentes carismas con que el Espíritu enriquece a la Iglesia y el sentido, igualmente profundo de la vida sacerdotal ministerial.

En parte, la honestidad consiste en poner en evidencia la multiforme gracia con que la Iglesia se ve asistida en las diferentes vocaciones, de manera que el joven, considerando la riqueza de las mismas, sin detrimento de ninguna de ellas, asuma para su realización personal y según descubra como voluntad de Dios, la vocación que de mejor manera le plenifique.

2.4 formación en el discernimiento

Una labor poco conocida y poco ejercitada de manera explícita en el quehacer cotidiano del hombre contemporáneo es el discernimiento. Sea cual sea la acepción que de él se tome, el discernimiento es “el” camino por antonomasia para descubrir y abrazar la voluntad de Dios. La toma de cualquier decisión está precedida del ejercicio del discernimiento, ya sea desde los niveles más inaparentes hasta los niveles de mayor envergadura, esto es hasta la toma de las grandes decisiones en la vida.

Cuando se trata de elecciones de vida, cuando el joven se encuentra ante diferentes posibilidades entre las cuales debe tomar para sí una; cuando el joven se enfrenta a una posibilidad atrayente y plenificante pero ante la que debe considerar sus reales posibilidades, cuando el joven se encuentra ante la paradoja que le suscita el saber si aquello que le apasiona es expresión de la voluntad de Dios o por el contrario es expresión de sus intereses personales...Entonces, se hace necesario el discernimiento vocacional.

El discernimiento, llaman los expertos, es una virtud del creyente que viene animada por el Espíritu de Dios. Sin embargo, aprender a discernir para tomar las decisiones, para saber tomar las decisiones, para saber con qué se cuenta para la respuesta, para cumplir la voluntad de Dios, es una tarea que se encomienda a la animacin vocacional.

  • Para el discernimiento nos valemos de la Escuela Vocacional, organizada así:
  • Discernimiento en el Antiguo Testamento.
  • Discernimiento en la vida de Jesús.
  • Discernimiento en el Nuevo Testamento: cartas de Pablo y cartas apostólicas.
  • Discernimiento en la vida cristiana.
  • Re-lectura de la autobiografía: signos y mociones del espíritu.

3. Seis vectores

Se asume aquí, con la palabra vectores, cinco líneas de acción que hacen la vinculación entre los diferentes constitutivos del proceso. Como quiera que el proceso no se entiende como la realización de encuentros periódicos a los que asisten los jóvenes para ser instruidos, sino como una experiencia vital que genera desde el mismo comienzo unas nuevas actitudes, una nueva posición ante la vida, unas nuevas relaciones con lo otro, con los otros y con el Otro, unas disposiciones acordes con el querer y las exigencias de la vida del seminario y la vida sacerdotal, se requieren lazos o líneas conductoras que mantengan a la persona en un continuado estado de reflexión, de atención, de preocupación, de integración y de acción de cara a la respuesta.

El proceso de discernimiento es atravesado, entonces, por una especie de cabo hecho de cinco cuerdas que constituyen su vinculación y su vitalidad.

3.1 Conversin

El primero y fundamental de los vectores. El joven como todo hombre en proceso de discipulado debe comenzar por cambiar, a la luz de la Palabra y bajo el ejemplo de las vocaciones del Evangelio, su vida. El abandono de ligámenes que puedan estropear la futura respuesta, el cambio de actitudes en todos los campos: frente al trabajo, a la situación social, a la familia, la vida de la Iglesia, las relaciones interpersonales, frente a la formación intelectual, la modificacin de conductas, la integración de la vida afectiva, la estructuración de la vida desde la autonomía, el crecimiento en la piedad, en la relación espontánea y amorosa con el Señor, el amor al apostolado, etc., se constituyen en tarea inaplazable para el candidato.

Uno que aspira al Seminario y a la vida sacerdotal ministerial, no puede menos que dejar ver con su testimonio de conversión los verdaderos y auténticos signos de vocación.

3.2 oración

Como parte de la tarea del candidato, la oración ser introducida en la vida como una manera de diálogo continuado y amoroso con Aquel que le convoca para hacerle partícipe de su misión. La oración en la cotidianidad fortalecer los vínculos con el Señor, le permitirá descubrir con mayor claridad su voluntad, le dará fortaleza para la toma de decisiones y le proporcionará la alegría propia de quien se siente llamado.

La oración no se agota en las prácticas de piedad o en la lectio divina que el joven pueda realizar. La oración se extiende a la práctica sacramental, el joven debe entrar en un ritmo nuevo de acercamiento al Señor en la Eucaristía, en el sacramento de la reconciliación, en la adoración y junto con ello la lectura espiritual, la instrucción en las verdades de la fe, que le ayudarán sin duda a fortalecer la respuesta.

3.3 Estudio

Consciente de los requerimientos que en el campo intelectual le hará el Seminario, el candidato está llamado a incrementar, si ya lo tiene, o en el caso contrario a generar un hábito de estudio que le prepare y le capacite en temas atinentes con la formación. El proceso de discernimiento no solo debe crear conciencia de esta necesidad sino que debe orientar la lectura de los jóvenes, conduciéndolos al cultivo en las humanidades, al progreso en la espiritualidad, en el manejo de los idiomas, etc.

Una veta importante en la preparación de los jóvenes la constituye la posibilidad de ofrecer cursos que adelanten las tareas de formación del año propedéutico, tales como lecto-escritura, taller de texto, taller de lengua e incluso algunos primeros niveles de inglés.

3.4 Trabajo

Más allá del trabajo concebido como la obligacin de estar empleado y devengando un salario, el trabajo refiere a una actitud de disposición, de presteza, de proactividad, de servicio, de oferta de las propias capacidades.

Se trata de asumir, si no existe, una disposición para la acción, un compromiso con la comunidad, un deseo de aportar para el bien de los demás. No se concibe, pues, en proceso de discernimiento, personas cuya característica predominante sea la del espíritu abúlico, la de la inercia, la de la vagancia camuflada.

Obviamente la posibilidad de un trabajo remunerado ser una buena ayuda sobre todo para los bachilleres y para los profesionales, sin embargo no constituye este un requisito fundamental, cuanto la disposición y la actitud positiva ante la donación de las propias posibilidades y cualidades a favor de los demás.

3.5 Apostolado

El aspirante está llamado a vincular su vida a su parroquia, a la capellanía de la universidad o a la instancia eclesial que mejor se lo permita. Allí, en la prestación de sus servicios, al lado del sacerdote, conociendo y dejándose conocer, poniendo en ejercicio el vigor de su vocación, el candidato refuerza sus motivaciones vocacionales, incrementa sus anhelos de respuesta o por el contrario desiste en sus intenciones sacerdotales.

El acercamiento a la persona del sacerdote le permitirá conocer de cerca las alegrías y las dificultades del ejercicio ministerial, le ayudará escudriñar la multiplicidad de expresiones del ministerio, le servirá para pulsar la vitalidad de la comunidad y le pondrá en posibilidad de conocer sus propias capacidades y limitaciones de frente al desarrollo de su vocación.

3.6 Acompañamiento

En el caminar no se puede ir sólo, necesitamos con unas guías y señales que vayan indicando si el camino es el correcto o no. Y, lo que es mejor, contar con alguien que ya ha hecho el camino le permite a quien lo hace por primera vez evitarse unos dolores y pérdidas innecesarias de tiempo y de esfuerzos. Tener en alguien en quien confiar, al que se le pueda abrir el corazón, a quien se le pueda contar lo que el espíritu de Dios está diciendo es fundamental. Por ello luego de varios intentos fallidos tanto con seminaristas como con sacerdotes volvimos al esquema del acompañante vocacional. Figura de primer orden que le ayuda al aspirante a leer y releer su vida desde la fe en orden a una toma de decisión sobre un estado de vida. Actualmente se cuenta con un grupo de 11 sacerdotes que una o dos veces al mes reciben al aspirante para acompañarle, escucharle y orientarle desde la fe y desde la propia experiencia de vida. Con los acompañantes se estudian temas relacionados con el de desarrollo psicológico de la persona, influencias del medio ambiente, se comparten experiencias a fin de ir enriqueciendo la labor que como equipo se hace.

Este acercamiento permitirá a la postre conocer, desde otro ángulo de visión al aspirante, en razón de que el informe que el sacerdote pueda dar se constituye en criterio valedero junto con los que aporten otras personas de probada virtud.



[1] Las directrices de la Pastoral Vocacional para la Arquidiócesis de Bogotá contienen una definicin sencilla sobre este mbito de la vida y tarea de la Iglesia “En sentido estricto, la pastoral vocacional es la concreta y activa participación de todo el pueblo de Dios, cada uno en relación con la propia y especfica vocación, en el cuidado de las vocaciones y en modo especial de la vocación al presbiterado”

[2] Idem 37a.; vanse también los nmeros 7 y 8.