EL PROCESO DE DISCERNIMIENTO Y
ACOMPAÑAMIENTO VOCACIONAL
Discernir y ayudar
a discernir la vocación de los jóvenes, constituye una de las variables
fundamentales en el desarrollo de las tareas anejas a la Coordinación
de Pastoral Vocacional en la Arquidiócesis de Bogotá. En efecto,
aunque se tenga como estereotipo el concepto del joven de hoy como
alguien que se caracteriza por la superficialidad en la toma de
decisiones, por la pereza ante la vida, por la incapacidad para
optar de manera definitiva, por la falta de compromiso consigo mismo
y con los demás, por la falta de vinculación seria y decidida ante
los valores religiosos, morales, culturales, políticos..., por la
falta de patrones de identificación, etc., es innegable, y en esto
la experiencia es el mejor argumento, que son muchos los jóvenes
que se preguntan seriamente por el sentido de sus vidas como personas,
como creyentes y como llamados a realizar sus vidas en acuerdo con
la voluntad de Dios.
La pastoral vocacional, considerada
esta en su sentido estricto enfrenta
con bastante frecuencia la pregunta tácita de los jóvenes por los
caminos de acceso al perfeccionamiento de sus vidas, por los modos
de realizar su vida de creyentes y por la vida sacerdotal expresamente
mencionada como una forma de realizar las dos anteriores. El joven
de hoy se pregunta y pregunta a los demás en espera de respuestas
que, además de clarificar sus dudas y sus inquietudes, le animen
en la toma de las decisiones definitivas de su existencia.
A la tarea de responder al joven
y de encausar su vida hacia el perfeccionamiento, que corresponde
a todos los miembros de la Iglesia, no se substraen los miembros
del presbiterio de la Iglesia particular y menos aún quienes han
sido designados para acompañar los procesos previos de maduración
vocacional del joven hasta conducirlos a dar una respuesta decidida,
libre, consciente y voluntaria al Señor que le llama.
¿Cómo responder al joven? ¿qué
caminos seguir para procurarle las herramientas necesarias para
una elección madura? Pero ante todo ¿qué es lo que el joven necesita?
¿qué es lo que el joven espera? ¿cómo presentar la opción sacerdotal
como un elemento de valor en el mundo de hoy? ¿cómo conducir al
joven al discernimiento de su vocación sin descuidar los niveles
del discernimiento humano, cristiano y espiritual?
El panorama ha quedado planteado
en las Directrices para la Pastoral Vocacional, veamos: “No
se puede despreciar el hecho de que en nuestro tiempo son varios
los obstáculos que pueden condicionar, retardar e incluso impedir
la respuesta del hombre a la invitación de Dios. Pastores Dabo
Vobis plantea en diferentes momentos y desde diferentes ángulos
esta preocupación:
Abatido por estas palabras
se marchó entristecido porque tenía muchos bienes (Mc 10,22).
El joven rico del Evangelio, que no sigue la llamada de Jesús nos
recuerda los obstáculos que pueden bloquear o apagar la respuesta
libre del hombre; no solo los bienes materiales pueden cerrar el
corazón humano a los valores del espíritu y las exigencias radicales
del Reino de Dios, sino que también algunas condiciones sociales
y culturales de nuestro tiempo pueden representar no pocas amenazas
e imponer visiones desviadas y falsas sobre la verdadera naturaleza
de la vocación, haciendo difíciles, cuando no imposibles, su acogida
y su misma comprensión.
El joven quiere y debe recibir
respuestas a las preguntas más elementales, no por ello menos profundas,
sobre las cuestiones existenciales que le tocan de continuo, en
un mundo que le deslumbra y le desilusiona a la vez, debe recibir
instrucción y ser conducido al encuentro con el sentido más profundo
de su vida cristiana y con la toma de las decisiones que realizan
su opción fundamental, llámense estas vida laical, vida religiosa
o vida sacerdotal secular.
Se nos presenta un panorama que
nos plantea las necesidades, los obstáculos en la toma de decisiones
de los jóvenes y más concretamente frente a los estados de vida
que realizan su ser de creyentes y su deseo superación, de ocupar
un puesto en la sociedad y también, a veces, el deseo de fidelidad
al seguimiento del Señor.
Grandes retos constituyen estas
indicaciones de dirección. Retos que hacen brotar nuevas preguntas
por los cómos?:
¿Cómo formar a la persona?
¿Cómo llevarlo a descubrir y abrazar
su papel en la Iglesia?
¿Cómo acercar al joven a la fuente
de su vocación?
¿Cómo descubrir que se camina
tras la voluntad de Dios y no tras los intereses personales?
¿Cómo elegir?
En procura de responder, aunque
sea en parte, a los interrogantes que nos suscita el acercamiento
a una tarea tan delicada, tomamos como punto de partida:
1. Un proceso cimentado sobre
dos criterios fundamentales
1.1 Criterio de libertad
Siguiendo el criterio del Señor
que se señala en los Evangelios. Ninguno de los llamados es obligado
al seguimiento. La persona de Jesucristo se presenta atractiva
ante los discípulos, sus obras, sus milagros, sus palabras estn
cargadas de vida. La vocación est mediada a menudo por terceras
personas que ponen en contacto con el Salvador, con el Cordero de
Dios; pero las condiciones de su seguimiento no son sencillas, quien
hace el proceso del discipulado se expone a grandes riesgos, los
riesgos del Maestro, de allí la necesidad de la libertad en toda
su extensión. Un joven que siente la atracción por la persona
de Jesucristo y por el ministerio sacerdotal como un camino de configuración
y de participación en la tarea de construir el Reino, ante todo
debe estar en la capacidad de decidir, y de manera conciente, su
destino con el Señor desde el ministerio sacerdotal o
con el Señor desde cualesquiera otra de las posibilidades de
seguirle.
1.2 Criterio de honestidad
Conjugado con el anterior, el
criterio de honestidad constituye el cimiento de la libertad de
quienes acompañan el proceso de los candidatos al seminario y al
ministerio sacerdotal. Honesto es el Señor en la exposición, ante
los llamados, de las condiciones de su seguimiento, honesto es en
el planteamiento de las dificultades que enfrentan los discípulos
en el cumplimiento de la tarea evangelizadora.
La verdad se constituye en el
eje del acompaamiento vocacional. No se trata, pues, de negar
al joven los distintos ángulos de visión que permite la vida cristiana,
no se trata de poner tapaojos para evitar una mirada de conjunto
a la riqueza de las vocaciones eclesiales, no se trata de elevar
al máximo reconocimiento de valor al ministerio sacerdotal en detrimento
de las demás vocaciones, no se trata de “vender” un
producto, se trata de conducir al joven a dar un sí decidido al
Señor que le llama, ante todo a la santidad y luego sí a hacer realidad
esa respuesta desde una vocación específica, ojalá sea esta el ministerio
sacerdotal.
La verdad con que procede el
animador vocacional debe encontrar eco en la verdad del candidato.
también este está llamado a abrirse con la verdad a quienes lo acompañan,
así que sus reales motivaciones puedan ser conocidas, evaluadas
y tenidas en cuenta en el momento de la selección. Cuanto más avanza
el proceso de discernimiento y el proceso de formación mayor debe
ser la auto evaluación del joven. Honestidad consigo mismo, honestidad
con Dios y honestidad con sus acompañantes deben ser las constantes
que garanticen una sana auténtica vocación.
2. Cuatro núcleos fundamentales
2.1 Oración
Se trata ante todo de conceder
al joven una herramienta fundamental en el camino descubrir la voluntad
de Dios sobre su vida.
La oración es la metodología
de Jesucristo, toda su vida es un continuo estado de oración: Jesús
ora en todos los momentos de su vida en la alegría, en los momentos
de dificultad, ora antes de los principales hechos de su vida, en
la introducción a su vida pública, etc.
Se trata de mantener una continua
relación dialogal con el que llama, se trata de estrechar los vnculos,
las relaciones entre quien llama y quien es llamado, se trata de
abrir los cauces necesarios para el conocimiento de la voluntad
de Dios, se trata de crear hbitos de importancia fundamental en
la respuesta que se ha de dar y se da, se trata de poner al joven
en camino de oración, de crear en l una necesidad nueva, la necesidad
de la oración.
El discernimiento vocacional
conserva, como un tesoro muy preciado, la escuela de oración y pone
su interés en instruir y animar a los jóvenes a un acercamiento
dialogal con el Señor que les llama.
2.2 formación humana
también el proceso de discernimiento
debe fijar su atención, segn lo expresado en las directrices, ante
todo en el candidato como persona humana. No se trata solamente
de un acercamiento de auscultación sino de formación. El proceso,
es claro, no es un trabajo de mirar y escudriñar exclusivamente,
sino de formar al hombre, al creyente y al llamado al ministerio
sacerdotal.
Del aspirante al Seminario se
debe considerar su idoneidad para el ministerio sacerdotal, por
ello valoramos con la ayuda de un equipo de profesionales:
- Su estructura psicológica y su
capacidad de relación. Trabajo realizado por la sicóloga clínica
del proceso vocacional.
- Su entorno social y sus raíces
históricas. Trabajo realizado por las dos trabajadoras sociales.
- Su capacidad intelectual y sus
dificultades o inhabilidades cognitivas. Trabajo realizado por
la fonoaudióloga y la sicóloga del procesos.
- Sus irregularidades en cualquier
orden y la valoración de la idoneidad real del aspirante. Trabajo
coordinado por el sacerdote coordinador de todo el proceso que es
el responsable de la pastoral vocacional de la Arquidiócesis.
El proceso de discernimiento
debe garantizar al joven en camino, ayudas para subsanar las deficiencias,
para robustecer las fortalezas y para eliminar cuanto de contraproducente
haya en él de cara al futuro ministerio.
2.3 formación vocacional
Se trata de fijar la atención
sobre la necesidad que tiene el joven de ser formado en la fe.
Como bautizado, el joven ha sido convocado a la santidad, al perfeccionamiento
de su vida según el modelo de Jesucristo y a realizar ese perfeccionamiento
desde una de las diferentes vocaciones en la Iglesia.
El proceso de discernimiento
debe tener en cuenta al joven bautizado como alguien perfectible
y a quien se deben conceder los medios para clarificar su fe, para
abundar en el diálogo existencial de amor con Dios y para vincular
a ella su respuesta vocacional específica.
Al joven le mostramos la naturaleza,
los contenidos, el valor y la trascendencia de la vocación a la
vida laical, a la vida religiosa, el valor del cultivo de los diferentes
carismas con que el Espíritu enriquece a la Iglesia y el sentido,
igualmente profundo de la vida sacerdotal ministerial.
En parte, la honestidad consiste
en poner en evidencia la multiforme gracia con que la Iglesia se
ve asistida en las diferentes vocaciones, de manera que el joven,
considerando la riqueza de las mismas, sin detrimento de ninguna
de ellas, asuma para su realización personal y según descubra como
voluntad de Dios, la vocación que de mejor manera le plenifique.
2.4 formación en el discernimiento
Una labor poco conocida y poco
ejercitada de manera explícita en el quehacer cotidiano del hombre
contemporáneo es el discernimiento. Sea cual sea la acepción que
de él se tome, el discernimiento es “el” camino por
antonomasia para descubrir y abrazar la voluntad de Dios. La toma
de cualquier decisión está precedida del ejercicio del discernimiento,
ya sea desde los niveles más inaparentes hasta los niveles de mayor
envergadura, esto es hasta la toma de las grandes decisiones en
la vida.
Cuando se trata de elecciones
de vida, cuando el joven se encuentra ante diferentes posibilidades
entre las cuales debe tomar para sí una; cuando el joven se enfrenta
a una posibilidad atrayente y plenificante pero ante la que debe
considerar sus reales posibilidades, cuando el joven se encuentra
ante la paradoja que le suscita el saber si aquello que le apasiona
es expresión de la voluntad de Dios o por el contrario es expresión
de sus intereses personales...Entonces, se hace necesario el discernimiento
vocacional.
El discernimiento, llaman los
expertos, es una virtud del creyente que viene animada por el Espíritu
de Dios. Sin embargo, aprender a discernir para tomar las decisiones,
para saber tomar las decisiones, para saber con qué se cuenta para
la respuesta, para cumplir la voluntad de Dios, es una tarea que
se encomienda a la animacin vocacional.
- Para el discernimiento nos valemos
de la Escuela Vocacional, organizada así:
- Discernimiento en el Antiguo Testamento.
- Discernimiento en la vida de Jesús.
- Discernimiento en el Nuevo Testamento:
cartas de Pablo y cartas apostólicas.
- Discernimiento en la vida cristiana.
- Re-lectura de la autobiografía:
signos y mociones del espíritu.
3. Seis vectores
Se asume aquí, con la palabra
vectores, cinco líneas de acción que hacen la vinculación entre
los diferentes constitutivos del proceso. Como quiera que el proceso
no se entiende como la realización de encuentros periódicos a los
que asisten los jóvenes para ser instruidos, sino como una experiencia
vital que genera desde el mismo comienzo unas nuevas actitudes,
una nueva posición ante la vida, unas nuevas relaciones con lo otro,
con los otros y con el Otro, unas disposiciones acordes con el querer
y las exigencias de la vida del seminario y la vida sacerdotal,
se requieren lazos o líneas conductoras que mantengan a la persona
en un continuado estado de reflexión, de atención, de preocupación,
de integración y de acción de cara a la respuesta.
El proceso de discernimiento
es atravesado, entonces, por una especie de cabo hecho de cinco
cuerdas que constituyen su vinculación y su vitalidad.
3.1 Conversin
El primero y fundamental de los
vectores. El joven como todo hombre en proceso de discipulado debe
comenzar por cambiar, a la luz de la Palabra y bajo el ejemplo de
las vocaciones del Evangelio, su vida. El abandono de ligámenes
que puedan estropear la futura respuesta, el cambio de actitudes
en todos los campos: frente al trabajo, a la situación social, a
la familia, la vida de la Iglesia, las relaciones interpersonales,
frente a la formación intelectual, la modificacin de conductas,
la integración de la vida afectiva, la estructuración de la vida
desde la autonomía, el crecimiento en la piedad, en la relación
espontánea y amorosa con el Señor, el amor al apostolado, etc.,
se constituyen en tarea inaplazable para el candidato.
Uno que aspira al Seminario y
a la vida sacerdotal ministerial, no puede menos que dejar ver con
su testimonio de conversión los verdaderos y auténticos signos de
vocación.
3.2 oración
Como parte de la tarea del candidato,
la oración ser introducida en la vida como una manera de diálogo
continuado y amoroso con Aquel que le convoca para hacerle partícipe
de su misión. La oración en la cotidianidad fortalecer los vínculos
con el Señor, le permitirá descubrir con mayor claridad su voluntad,
le dará fortaleza para la toma de decisiones y le proporcionará
la alegría propia de quien se siente llamado.
La oración no se agota en las
prácticas de piedad o en la lectio divina que el joven pueda realizar.
La oración se extiende a la práctica sacramental, el joven debe
entrar en un ritmo nuevo de acercamiento al Señor en la Eucaristía,
en el sacramento de la reconciliación, en la adoración y junto con
ello la lectura espiritual, la instrucción en las verdades de la
fe, que le ayudarán sin duda a fortalecer la respuesta.
3.3 Estudio
Consciente de los requerimientos
que en el campo intelectual le hará el Seminario, el candidato está
llamado a incrementar, si ya lo tiene, o en el caso contrario a
generar un hábito de estudio que le prepare y le capacite en temas
atinentes con la formación. El proceso de discernimiento no solo
debe crear conciencia de esta necesidad sino que debe orientar la
lectura de los jóvenes, conduciéndolos al cultivo en las humanidades,
al progreso en la espiritualidad, en el manejo de los idiomas, etc.
Una veta importante en la preparación
de los jóvenes la constituye la posibilidad de ofrecer cursos que
adelanten las tareas de formación del año propedéutico, tales como
lecto-escritura, taller de texto, taller de lengua e incluso algunos
primeros niveles de inglés.
3.4 Trabajo
Más allá del trabajo concebido
como la obligacin de estar empleado y devengando un salario, el
trabajo refiere a una actitud de disposición, de presteza, de proactividad,
de servicio, de oferta de las propias capacidades.
Se trata de asumir, si no existe,
una disposición para la acción, un compromiso con la comunidad,
un deseo de aportar para el bien de los demás. No se concibe, pues,
en proceso de discernimiento, personas cuya característica predominante
sea la del espíritu abúlico, la de la inercia, la de la vagancia
camuflada.
Obviamente la posibilidad de
un trabajo remunerado ser una buena ayuda sobre todo para los bachilleres
y para los profesionales, sin embargo no constituye este un requisito
fundamental, cuanto la disposición y la actitud positiva ante la
donación de las propias posibilidades y cualidades a favor de los
demás.
3.5 Apostolado
El aspirante está llamado a vincular
su vida a su parroquia, a la capellanía de la universidad o a la
instancia eclesial que mejor se lo permita. Allí, en la prestación
de sus servicios, al lado del sacerdote, conociendo y dejándose
conocer, poniendo en ejercicio el vigor de su vocación, el candidato
refuerza sus motivaciones vocacionales, incrementa sus anhelos de
respuesta o por el contrario desiste en sus intenciones sacerdotales.
El acercamiento a la persona
del sacerdote le permitirá conocer de cerca las alegrías y las dificultades
del ejercicio ministerial, le ayudará escudriñar la multiplicidad
de expresiones del ministerio, le servirá para pulsar la vitalidad
de la comunidad y le pondrá en posibilidad de conocer sus propias
capacidades y limitaciones de frente al desarrollo de su vocación.
3.6 Acompañamiento
En el caminar no se puede ir
sólo, necesitamos con unas guías y señales que vayan indicando
si el camino es el correcto o no. Y, lo que es mejor, contar con
alguien que ya ha hecho el camino le permite a quien lo hace por
primera vez evitarse unos dolores y pérdidas innecesarias de tiempo
y de esfuerzos. Tener en alguien en quien confiar, al que se le
pueda abrir el corazón, a quien se le pueda contar lo que el espíritu
de Dios está diciendo es fundamental. Por ello luego de varios intentos
fallidos tanto con seminaristas como con sacerdotes volvimos al
esquema del acompañante vocacional. Figura de primer orden que le
ayuda al aspirante a leer y releer su vida desde la fe en orden
a una toma de decisión sobre un estado de vida. Actualmente se cuenta
con un grupo de 11 sacerdotes que una o dos veces al mes reciben
al aspirante para acompañarle, escucharle y orientarle desde la
fe y desde la propia experiencia de vida. Con los acompañantes se
estudian temas relacionados con el de desarrollo psicológico de
la persona, influencias del medio ambiente, se comparten experiencias
a fin de ir enriqueciendo la labor que como equipo se hace.
Este acercamiento permitirá a
la postre conocer, desde otro ángulo de visión al aspirante, en
razón de que el informe que el sacerdote pueda dar se constituye
en criterio valedero junto con los que aporten otras personas de
probada virtud.
Idem 37a.; vanse también los nmeros 7 y 8.
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