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¡Siempre Misioneros!

 Miguel Ángel Leguizamón Velásquez
Segundo de Teología

Miguel Ángel Lequizamón

¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!

Son las palabras del apóstol san Pablo en la primera carta a los Corintios, y es la conclusión a la cual he llegado después de participar en el Tercer Congreso Misionero en la ciudad de Quito en el mes de agosto (12-17), congreso que reunió en la mitad del mundo a negros, blancos, mestizos, ricos y pobres de toda América y otras partes del planeta para reavivar la fuerza misionera que nos da Pentecostés y así impulsar en nuestras culturas e iglesias particulares el anuncio del amor de Cristo que cambia el corazón y vence todos los miedos.

Toda Colombia fue representada por 219 misioneros, entre ellos algunos obispos, sacerdotes, religiosas, religiosos y en su mayoría laicos comprometidos con la conciencia y acción misionera en nuestros pueblos y ciudades. Nos acogieron las familias quiteñas que por parroquias deseaban conocernos y compartir su caminar de fe; su cariño y cuidado fue experimentar que no salíamos de nuestro país, sino que entrábamos a una Iglesia sin fronteras donde las culturas dialogan y no se imponen. Representábamos a distintas diócesis, vicariatos, congregaciones, movimientos laicales y seminarios mayores, los cuales a su vez, fuimos enviados por la “Misión Continental” a reproducir y compartir esta vivencia de estar con el Maestro en torno a la Palabra , la Eucaristía y  la fe viva para abrir nuevos caminos en la Evangelización.

¡Empecemos el congreso!

La Eucaristía
de apertura celebrada en el Coliseo General de Rumiñahui y presidida por Su Eminencia Nicolás de Jesús Cardenal López Rodríguez, Arzobispo de Santo Domingo, República Dominicana y enviado especial del Santo Padre, fue algo que desde el principio cambio todo prejuicio (que siempre solemos tener frente a cualquier evento en nuestra Iglesia) y creó todo un ambiente de oración y reflexión en torno a la misión para responder a las exigencias y esperanzas misioneras que lo congresistas traían. Tuve la oportunidad de preparar con algunos de la delegación este Congreso con la ayuda de las Obras Misionales Pontificias, - las cuales cumplen 80  años de estar en nuestro país -, pero estar allí, viviendo y conociendo como hermanos  el actuar  misionero de toda América en inimaginable y muy consolador. Todo esto acompañado por las reliquias de Santa Teresita del Niño Jesús.

¡“Que los más organizados del mundo son los alemanes”!

Déjame decirte que lo dudo, porque los ecuatorianos nos dejaron asombrados con la logística tan bien organizada y aún más la Comisión Teológica presidida por Mons. Julio Terán Dutari, Obispo de Ibarra, la cual por medio de tres ejes temáticos permitió responder a la pregunta: ¿Cómo ser misionero en el mundo de hoy?

    Discipulado: Comunidad discípula de Jesús.

    Pentecostés: Comunidad llevada por el Espíritu.

    Evangelización: Comunidad misionera para la humanidad.
A partir de ello se comprende que la fuerza, la vitalidad, la entrega, el aliento de la vida misionera de la Iglesia está en la comunidad, como eje articulador del mandato misionero de Jesús “vayan por todo el mundo”, que es imperativo y desafiantes en la actualidad. A ellos se suma la impostergable necesidad de “misionalizar la humanidad”, de misionalizarnos como Iglesia para, desde el ardor misionero, abrir las puertas y ventanas de nuestra vida a Cristo, y con el potente soplo del Espíritu, salir al encuentro del otro, remar mar adentro, ir a la otra orilla… y junto a Jesús “anunciar la Buena Nueva”.

Ponencias centrales

Desde el miércoles hasta el viernes compartimos en el Ágora de la Casa de la Cultura la oración de la mañana, las ponencias centrales, los ecos a estas, y distintas experiencias misioneras, entre ellas una de México como recopilación de la vida misionera que suscitó y sigue fortaleciendo la Virgen de Guadalupe discípula y misionera por el Padre Sergio Espinosa, como también el testimonio misionero en clave de Evangelización por las O.M.P. de Chile con su proyecto: “Misión País”, la cual, nos dio luces para el trabajo en parroquias con la formación de misioneros y en el encuentro personal con los jóvenes que necesitan experimentar la esperanza para alcanzar una sociedad mejor.

 

Miércoles

Jueves

Viernes

“Comunidad discípula de Jesús. Escucha la Palabra”

“Pentecostés: Comunidad llevada por el Espíritu. Aprende del Maestro”

“Evangelización: Comunidad misionera para la humanidad. Anuncia por el mundo el Amor”

S. E. Oscar Cardenal Rodríguez, Arzobispo de Tegucigalpa.

S.E. Monseñor Luis Augusto Castro, Arzobispo de Tunja

Mons. Erwin Kräutler. Obispo de Xingú, Brazil.

 

“Lema y reto”

Durante los días del Congreso reflexionamos y prolongamos las distintas ponencias con el lema propuesto: “América con Cristo: escucha, aprende y anuncia”
. Como discípulos misioneros esta pedagogía es necesaria asumirla en todo ambiente pastoral, porque si escuchamos

la Palabra en las familias, en las comunidades entonces se suscitará la vida que viene de Dios y será fuente de creatividad para responder a nuestras problemáticas; si aprendemos del Maestro alcanzaremos la comunión por la cual nos identificaremos ante la sociedad, siendo fermento de valores y virtudes que Cristo mismo acompaña y sostiene; y si anunciamos cambiaríamos nuestra manera de pensar nuestra Iglesia, pasando a tener Obispos, sacerdotes, religiosos y laicos en búsqueda de aquellos que “han dejado de caminar con nosotros o nunca lo han hecho”. Si recorremos este camino juntos “nos reconocerán por los frutos” y daremos razón de nuestra esperanza (1 Pe 3,15).

En las tardes todos los congresistas participamos de distintos foros con base en la misión, algunos de ellos fueron: la Misión Ad Gentes, ciencia, tecnología, educación, la participación de la mujer, fundamentalismo religioso, ecumenismo y diálogo religioso, entre otros. En total fueron dieciséis foros que arrojaron bastantes luces y les invito que los consulten en la página oficial del CAM 3.

“Una pequeña misión quiteña”

Pero no solo fue reflexión, también tuvimos la oportunidad de hacer una pequeña misión visitando aproximadamente 5.000 familias de todo Quito, en la que personalmente reconocí que las fronteras no deben ser obstáculo para anunciar a Cristo y las culturas no nos deben causar temor sino estrategias para transformar desde dentro de ellas todo aquello en contra de la vida, el amor  y la justicia.

Algunos de mis compañeros y amigos del seminario y fuera de éste, me han preguntado cómo es Quito, si es verdad que están atrasados en tecnología o si es verdad que el centro de su capital es muy sucio. Todas estas preguntas son normales pero muy pobres, sin embargo, esto me ha dado pie continuar la conversación y compartir que la misión debe quitar todo prejuicio frente a un país, una ciudad, una comunidad y las personas, que siempre tratamos de copiar modelos y trasladarlos sin ninguna preocupación a otros espacios que necesitan una reflexión propia. Quizá es otra de las conclusiones a las que pueda llegar y que les invito a tener en cuenta para nuestro ejercicio pastoral.

“La locura vocacional”

Como seminarista de la Arquidiócesis de Bogotá, fue una experiencia que marcó mi historia vocacional, haber compartido con sacerdotes que aman la misión y buscan embellecer su esposa

la Iglesia con sus esfuerzos y sudores, me ha permitido confirmar una vez más que vale la pena ser sacerdote para amar a todos en Cristo y amar a Cristo en todos, y me uno a esta consigna que nos dejó el Cardenal Oscar Rodríguez de Honduras Tegucigalpa: “ser discípulo es sentirse contento por ser juzgado en virtud del seguimiento de Cristo. Es entregarse completamente a esta locura de amor. Porque cuando se ama, se hacen locuras, si no, nunca amaste…”

¡Estamos en estado de misión! Es el llamado que nos hace la “Misión Continental” lanzada al finalizar este Congreso. Si aceptamos este llamado, que es el mismo que nos hace el Espíritu para nuestro continente americano, podremos dejar de ser una Iglesia menos maestra y más sierva y testigo, liberadora en todos los campos de la vida humana: la política, la economía, la educación, la salud, consiente en ser “casa de los pobres, de los afligidos, de los excluidos y señalados, en búsqueda de la justicia en los pueblos y entre los pueblos.

¡Nos vemos en Maracaibo Venezuela en el CAM 4 Comla 9 misioneros!