En un informe elaborado por el obispo de Tapachula
-Mjico- sobre las causas del abandono del ministerio presbiteral
en Amrica Latina, refirindose a las causas originadas en la
formacin espiritual afirma: “Despus de la ordenacin
[en los presbteros diocesanos] baja frecuentemente la preocupacin
por la vida espiritual” y ampliando la afirmacin dice:
“Hay menosprecio de la autoridad del obispo y de la Iglesia
jerrquica, poco amor a la Iglesia particular y al magisterio.
Hay slo un respeto formal, no de corazn y de fe por el misterio
de la Iglesia concreta. Baja conciencia de pertenencia a la
Iglesia particular” [...]. Este informe, que recoge los datos
de una encuesta hecha a un amplio nmero de presbteros a nivel
de todas las dicesis de Latinoamrica por la Conferencia Episcopal
Latinoamericana, muestra la manera como este fenmeno se ha
venido extendiendo en el clero de las dicesis, y plantea serios
interrogantes sobre los caminos a seguir en orden a su correccin,
desde la misma formacin inicial, hasta la formacin permanente
y el acompaamiento de los presbteros en el ejercicio del
ministerio.
El sentido de pertenencia, que dista
mucho de ser la simple permanencia en el mbito geogrfico de
una Iglesia particular como cumplimiento de una norma cannica
llamada incardinacin; surge, como dice Ignacio Iglesias, “de
la conciencia de una nueva realidad que toca el yo ms profundo,
el sentido de miembro, entendido a partir de la metfora paulina
del Cuerpo. Surge y se profundiza en la comunin de un centro
comn, un ideal, un objetivo, un motivo que entusiasma, que
magnetiza”. Nace de la sensacin de encontrarse
a s mismo en un carisma y seala al mismo tiempo el camino
de identificacin. De este modo, el verdadero sentido de pertenencia
a una dicesis es reflejo del sentido de pertenencia a una identidad
sacerdotal suscitada por el Espritu Santo, de all que el Papa
diga: “es necesario considerar como valor espiritual del
presbtero su pertenencia y su dedicacin a la Iglesia particular,
lo cual no est motivado slo por razones organizativas y disciplinares;
al contrario, la relacin con el obispo en el nico presbiterio,
la coparticipacin en su preocupacin eclesial, la dedicacin
al cuidado evanglico del pueblo de Dios en las condiciones
concretas histricas y ambientales de la Iglesia particular,
son elementos de los que no se puede prescindir al dibujar la
configuracin propia del sacerdote y de su vida espiritual.
En este sentido la incardinacin no se agota en un vnculo
puramente jurdico, sino que se comporta tambin una serie de
actitudes y opciones espirituales y pastorales, que contribuyen
a dar una fisonoma especfica a la figura vocacional del presbtero”.
Siguiendo la enseanza del Papa, resulta interesante
y hasta saludable acercarnos a la figura del presbtero diocesano
en el mbito en el que desarrolla ordinariamente su vida y ministerio,
esto es en la dicesis, para comprender el significado espiritual
de pertenecer y estar dedicado a una Iglesia particular.
La propia dicesis, primer referente
del presbtero diocesano
La propia dicesis es el primer
referente del presbtero diocesano antes que la parroquia o un campo
especfico de la accin pastoral; en efecto, la incardinacin
tiene como trasfondo la opcin por una Iglesia particular concreta
-aunque sin perder de vista que la dedicacin plena y estable
a la Iglesia particular constituye una especificidad de la caridad
pastoral hacia la Iglesia universal-, en cuyo seno y a cuya
construccin dedica la vida y el ejercicio del ministerio pastoral.
Para el sacerdote diocesano, la porcin de la via del Seor
que recibe para cultivar, bajo la gua del obispo, y sin perder
de vista la Iglesia universal es, ante todo, la propia dicesis.
El presbtero diocesano se entrega
a una dicesis y es en esa porcin del Pueblo de Dios en donde
compromete toda su vida y sus fuerzas. Ese ser “su pueblo”,
y de l llega a ser su “co-pastor”
junto con el obispo en la realizacin de la tarea comn de su
edificacin .
La dicesis, se constituye en un
lugar de permanente realizacin de la espiritualidad del presbtero
diocesano y por esta razn est llamado no slo
a conocer sus condiciones sociolgicas, polticas, culturales,
sino a descubrir de ella el rostro espiritual, a recoger la
heredad pastoral en una unidad de destino con todos los miembros
de la comunidad diocesana.
1.1 Descubrir el “rostro espiritual”
de la dicesis
Acercarse a la Iglesia diocesana
para descubrir su “rostro espiritual”, es una tarea
que exige transitar desde la concepcin puramente organizacional
hacia la mirada creyente, es decir hacia la dicesis vista como
Iglesia nica y catlica, animada por el Espritu Santo; este
cambio de visin permite comprender la dicesis como “el
punto de contacto efectivo donde el hombre encuentra a Cristo
y donde se le abren las puertas al plan concreto de salvacin
porque la Iglesia diocesana es, en la economa religiosa catlica,
el momento inicial y terminal; es como el fruto con respecto
a las races [...] esto es, la fase de la plenitud espiritual
al alcance de todos”. El presbtero diocesano, est llamado
a ver y comprender la Iglesia diocesana como pareciera describirla
el Seor Yo soy la vid, vosotros los sarmientos (Jn
15,5).
1.2 Insertarse en el dinamismo pastoral de
la dicesis
En la misma lnea del descubrimiento
del rostro espiritual de la dicesis, el presbtero est llamado
a profundizar en el dinamismo pastoral de la Iglesia particular,
a conocer los criterios y programas de accin evangelizadora
a travs de la historia, a conocer las experiencias, los mtodos,
exhortaciones de los pastores, a travs de los cuales ha cumplido
y sigue cumpliendo el encargo de Jesucristo.
Introducido en la tradicin pastoral
viva de la Iglesia particular a la luz de la fe, el presbtero
diocesano encuentra, hace propios y asume como motivo de celebracin
los acontecimientos ms significativos, las fechas emblemticas,
siente el amor debido y la admiracin a quienes le han precedido
en el ministerio y hace consciente la verdad ineluctable de
que la historia no comienza ni acaba con l, sino que su tarea
se inscribe con la de todos y en el todo de la evangelizacin
como colaboracin ministerial en la accin del Espritu Santo
que dirige a su Iglesia.
Aceptar afectiva y efectivamente
la herencia pastoral de la dicesis, donde sacramentalmente
est “enraizado” el presbtero, constituye una fuerza creativa en
el ejercicio de su ministerio y un dinamismo para su vida espiritual
que se hace evidente tambin en la disposicin activa y la aceptacin
confiada de los planes pastorales existentes y en la colaboracin
y el impulso para la construccin de nuevos proyectos pastorales;
en efecto, en la realizacin y desarrollo de los programas pastorales
se manifiesta la comunin diocesana, porque en ellos entran
en juego la riqueza de los carismas, los ministerios, los dones
con que el Espritu Santo enriquece y embellece a su Iglesia
y en l se ponen todos al servicio para el bien de la comunidad.
1.3 Vivir en fidelidad esponsal con la propia dicesis
La espiritualidad de la pertenencia
y dedicacin a la Iglesia particular puede ser comprendida como
la entrega plena del esposo a su esposa la Iglesia, y este constituye
el rostro de una espiritualidad encarnada que supera el nivel
de las relaciones formales, legales y disciplinarias, es el
rostro de una espiritualidad que se apoya, se embellece y se
enriquece en el amor a una Iglesia con rostro concreto: la Iglesia
diocesana. El presbtero diocesano, est llamado a vivir para
su Iglesia particular “como el pastor para su rebao”
y como “el esposo para la esposa” en una entrega
de totalidad y perennidad, en una unidad de destino. De esta manera, tambin el amor
del presbtero a la Iglesia universal, pasa de ser una figura
retrica a ser un amor concreto que se evidencia en la entrega
amorosa a la dicesis a la que el presbtero est unido.
En este contexto de entrega amorosa
se inscribe tambin el celibato sacerdotal que es signo y estmulo
de la caridad, signo de un amor sin reservas y estmulo de una
caridad abierta a todos:
Alcanzado por Cristo Jess (Fil
3,12) hasta el abandono total de s mismo a El, el sacerdote
se configura ms perfectamente a Cristo tambin en el amor con
el cual el eterno Sacerdote ha amado a la Iglesia su Cuerpo,
ofrecindose a s mismo por ella con el fin de hacer de ella
una Esposa gloriosa, santa e inmaculada (cf.
Ef. 5,25-27). La virginidad consagrada manifiesta de hecho
el amor virginal de Cristo por la Iglesia y la virginal y sobrenatural
fecundidad de este matrimonio, por el cual los hijos de Dios
no son generados de la carne ni de la sangre (Jn
1,19)”.
Con este modo de vida, los presbteros,
manifiestan ante los hombres que “quieren dedicarse completamente
a la misin que se les ha encomendado: desposar a los fieles
con un solo varn y presentarlos como virgen casta a Cristo
(cf. 2Co 11,1). As evocan aquel misterioso
matrimonio establecido por Dios para manifestarse plenamente
en el futuro por el que la Iglesia tiene a Cristo como nico
Esposo”.
2. Equilibrio entre estabilidad
y apertura
La comunin entre las diversas realizaciones
particulares de la Iglesia universal es una dimensin constitutiva
de las mismas Iglesias particulares, las cuales no pueden ser
comprendidas sin la debida relacin de comunin con las Iglesias
hermanas. Tampoco se entiende el ministerio del sacerdote diocesano
si se desconoce que “quien pertenece a una Iglesia particular
pertenece a todas las Iglesias, ya que la pertenencia a la comunin
como pertenencia a la Iglesia, nunca es slo particular, sino
que por su misma naturaleza es siempre universal”.
El presbtero diocesano est llamado
a vivir el ministerio en la conciencia de que pertenecer y estar
dedicado a una Iglesia particular no es obstculo para la universalidad
de la misin sacerdotal; la vida y ministerio del presbtero
no queda circunscrita a unos lmites geogrficos y en esto el
Concilio es preciso: “El don espiritual que los presbteros
recibieron en la ordenacin no los prepara a una misin limitada
y restringida sino a la misin universal y amplsima de salvacin
hasta los confines de la tierra (Hch
1,8), pues cualquier ministerio sacerdotal participa de la misma
amplitud universal de la misin confiada por Cristo a los Apstoles”. La vida espiritual del sacerdote
diocesano, entonces, “debe estar marcada por un profundo
anhelo y dinamismo misionero” en el que la apertura, constituye
una nota predominante que marca sin duda su identidad y su espiritualidad.
En consonancia con el espritu misionero,
el presbtero diocesano est llamado a vivir el ministerio en
la conciencia de que la universalidad misionera no puede opacar
el sentido de la estabilidad que conlleva la pertenencia a la
Iglesia particular. Un mal entendido sentido misionero, puede
degenerar en una especie de “presbtero sin presbiterio”,
y conducir a una ausencia de referentes por s misma daino
para la vida y ministerio del ordenado.
3. Actitud de disponibilidad y movilidad
La Iglesia, nos dice el Concilio,
es pueblo peregrino pueblo en marcha hacia la transformacin
final. Esta realidad eclesial hace comprender que la vida de
quienes creen en Cristo es una peregrinacin que no tendr cumplimiento
sino en la gloria del cielo, en la casa del Padre. La condicin
peregrina de la Iglesia evoca el caminar de Abraham, recuerda
al pueblo de Israel en xodo hacia la tierra prometida y nos
pone en la conciencia de estar siempre en camino, nos impele
a la actitud de disponibilidad, nos desinstala de las seguridades,
nos anima a la confianza y nos empuja a sentir y vivir nuestra
condicin escatolgica.
Desde esta particular mirada a la
Iglesia se infieren elementos de ndole prctica para la vida
y ministerio del presbtero diocesano porque la condicin peregrina
da sentido a la movilidad, a la disponibilidad, a la capacidad
de arrancamiento “del propio suelo” para ir a donde
se es enviado y cuestiona la tendencia humana de instalacin
y la tentacin de considerar como propio el bien material y
espiritual del campo de accin pastoral.
La disponibilidad, defiende al sacerdote
del impulso a la desobediencia, tan frecuente en los momentos
de aceptar la voluntad de Dios y le impide caer en la rebelda
que rompe la voluntad fundamental, que debe regir su vida, de
cooperar con el obispo propio y de reconocer en sus decisiones
la voluntad de Cristo. La obediencia del presbtero tiene
exigencias comunitarias porque “no se trata de la obediencia
de alguien que se relaciona individualmente con la autoridad;
sino que el presbtero est profundamente inserto en la unidad
del presbiterio, que como tal, est llamado a vivir en estrecha
colaboracin con el obispo y, a travs de l, con el sucesor
de Pedro”.
CONCLUSIN
Toda espiritualidad en la Iglesia,
se inscribe y entiende en el mbito del dilogo amoroso segn
el cual Dios llama al hombre y este responde. La llamada nace
del amor mismo de la Trinidad y alcanza a todos los cristianos,
quienes en sus concretas condiciones de vida y de trabajo, segn
sus dones y funciones, estn llamados a avanzar por el camino
de la fe viva que suscita esperanza y se traduce en obras de
caridad para con Dios y con el prjimo. Este caminar que tiene
como ltima finalidad la unin con Dios, es posible en la persona
en la medida de la accin de Cristo en el Espritu Santo: “La
comunin con Cristo en el seguimiento conduce a la comunin
con Dios y esto puede verificarse slo en el Espritu Santo
en quien el Resucitado se hace presente en nosotros”.
La espiritualidad presbiteral, como
toda espiritualidad en la Iglesia, se inscribe dentro de este
marco referencial de llamada-respuesta. El presbtero, en efecto,
es llamado con una vocacin especfica, en el seno de la Iglesia;
es un hombre “tomado de entre los hombres y puesto en
favor de los hombres” (Hb 5,1);
es un cristiano cualificado y para esto recibe un carisma permanente
y especial que le seala para siempre y que especialmente le
consagra. Esta cualificacin especial
le viene dada en fuerza del sacramento del orden por el cual
participa de una manera especfica del sacerdocio de Cristo
para ser en la Iglesia y frente a la Iglesia su imagen, viva,
real y transparente, es decir para ser una representacin sacramental
de Jesucristo Cabeza y Pastor.
“Esta identificacin sacramental
con Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote, inserta al presbtero
en el misterio trinitario y, a travs del misterio de Cristo,
en la comunin ministerial de la Iglesia para servir al Pueblo
de Dios”. Como imagen real de Cristo Cabeza
y Pastor de la Iglesia, gracias al carisma del Espritu que
le ha sido conferido por el sacramento del orden, el presbtero
acta In persona Christi, de
manera que el presbtero no es slo quien comparte el camino
de la comunidad cristiana como hermano, sino quien lleva en
s la responsabilidad insustituible del maestro santificador
y gua de las almas. Al representar a Cristo, el ministro ordenado,
tambin representa el Cuerpo que Cristo ha unido de manera
indisoluble consigo, en virtud del Espritu, es decir, a la
Iglesia; en consecuencia acta In persona Ecclesiae
no en el sentido de colocarse en lugar de la Iglesia o
recibir su delegacin, derivada de la comunidad, sino en el
sentido de que debe actuar como signo e instrumento, en el cual
y mediante el cual, la Iglesia se hace presente efectivamente
y actualiza la comunicacin de la salvacin.
Estos elementos teolgicos, que
son comunes a todos los presbteros y que sirven de base a la
reflexin sobre la espiritualidad presbiteral, iluminan de una
manera especial la vida y ministerio cuando se refieren al
sacramento del orden vivido en la Iglesia particular a la cual
en virtud del sacramento del orden el presbtero se incardina
y en la cual hace el ofrecimiento de su vida es decir cuando
se trata del sacerdote diocesano. En efecto, existe una espiritualidad
del presbtero diocesano en la cual uno de sus elementos de
valor es, sin duda, la pertenencia y dedicacin a la Iglesia
particular.
En este contexto resultan inaplazables
temas como el sentido de pertenencia con su significado teolgico
aportado por la teologa paulina del cuerpo; la figura jurdico
disciplinar de la incardinacin y su trascendencia en el campo
de la pastoral y la espiritualidad presbiteral; la dicesis
en su realidad de Iglesia de Dios en un lugar, “porcin
del pueblo de Dios, encomendada al obispo”; y resulta tambin legtimo preguntarse
cmo se integran estos elementos en la vida espiritual del presbtero
diocesano de manera que contribuyan a enriquecer su respuesta
a la llamada de Dios.
En realidad, la respuesta puede
venir por diferentes causes, por ejemplo por la va del ejercicio
del ministerio, sin embargo, la consideracin prevalente
del elemento comunional aporta una
especial novedad de contenido que el Papa pone de manifiesto
cuando plantea como punto primero a considerar en cuanto se
refiere a la pertenencia y dedicacin a la Iglesia particular
“la relacin con el obispo en el nico presbiterio, la
coparticipacin en su preocupacin eclesial y la dedicacin
al cuidado evanglico del pueblo de Dios”.
Desde esta perspectiva, el planteamiento
del valor espiritual que constituye para el presbtero diocesano,
pertenecer y estar dedicado a una Iglesia particular, adquiere
un rumbo concreto que conduce hasta la propia fuente de la comunin,
esto es, a la Santsima Trinidad. En efecto el presbtero no
puede ser entendido al margen de la relacin “con el Padre,
origen ltimo de toda potestad; con el Hijo, de cuya misin
redentora participa; con el Espritu Santo que le da fuerza
para vivir y realizar la caridad pastoral que lo cualifica como
sacerdote”. En consecuencia el sacerdote diocesano
no es ni puede ser entendido como un hombre solitario que realiza
aisladamente un encargo pastoral, sino que, es un cristiano
que en fuerza del sacramento del orden es introducido en una
red de relaciones que tiene como fuente la Santsima Trinidad,
red de relaciones que se prolonga “en la comunin de la
Iglesia, como signo, en Cristo, de la unin con Dios y de la
unidad de todo el gnero humano”.
El sacerdote diocesano vive inmerso
en un dinamismo de mutuas relaciones que expresan la riqueza
espiritual del sacramento del orden lo mismo que de la incardinacin
y del ministerio ejercido en el seno de una Iglesia particular
concreta. Estas relaciones de comunin involucran a la Iglesia
a la que el presbtero se abre desde la misin universal y amplsima
de salvacin, y a la cual est unido por un especial vnculo
de esponsalidad; al obispo con quien participa del mismo y nico
sacerdocio y ministerio de Cristo y bajo cuya gua realiza la
funcin ministerial en grado subordinado; a los dems presbteros
a quienes lo unen no slo vnculos de fraternidad sacramental
sino de unidad de misin; a los religiosos en la mutua integracin
de los carismas y el ejercicio del ministerio pastoral en favor
de la construccin de la comunidad a l encomendada; y a los
laicos de quienes es hermano por el sacramento del bautismo
pero de quienes es tambin maestro, santificador y gua por
el sacramento del orden.
Papel unificador de la caridad
pastoral
Todos estos elementos se integran
entre s como parte de la respuesta del presbtero a la llamada
de Dios. El presbtero desde sus concretas condiciones de vida
y ministerio, segn el propio carisma est llamado, como todos
los cristianos, a la perfeccin, a avanzar por el camino de
la fe viva que suscita esperanza y se traduce en obras de caridad
y a responder de esta manera a la llamada de Dios que, como
hemos dicho, nace del amor mismo de la Trinidad.
Sin embargo nos sale al paso el
interrogante por el elemento integrador de todas estas piezas
que, se insinan como partes de un mosaico, pero que se articulan
entre s para contribuir en la configuracin del rostro espiritual
del presbtero diocesano. Para responder a esta pregunta nos
apoyamos en la doctrina comn de la Iglesia la cual afirma que
la perfeccin cristiana consiste esencialmente y prioritariamente
en la caridad; de donde se deriva que toda caracterizacin de
la perfeccin debe ser buscada dentro del mbito de la caridad.
As, pues, el camino de perfeccin sacerdotal, no es desvinculable
del marco general de la caridad; all, dentro de ese grande
contexto, la llamada est caracterizada por la especificidad
de “vocacin de pastor” y esto hace que sea una
caridad cualificada como eminentemente pastoral.
El descubrimiento y el cumplimiento
de la voluntad de Dios, esto es, la respuesta del individuo
a la llamada del buen Pastor a ser colaborador en la tarea de
apacentar la grey, se realiza plenamente
en el ejercicio del caridad pastoral.
Todo, en la vida presbiteral es o condicin, o componente, o
derivacin, o al menos compatible con la caridad de pastor;
todo en consecuencia, est ceido y coloreado, afectado y modificado
por la ese mismo amor. “La pobreza, la disponibilidad,
el celibato, la oracin, el servicio, no son exactamente lo
mismo para un monje, un religioso o un laico. Los motivos y
el estilo, el por qu y el cmo son parcialmente diferentes
en el presbtero diocesano”.
La caridad pastoral, entonces,
no puede ser considerada como una yuxtaposicin, un aadido
al cumplimiento de la voluntad de Dios, sino su encarnacin
concreta. Ella es la virtud con la que el sacerdote imita a
Cristo en la entrega de s mismo y si la vida y misin del presbtero
consiste en seguir e imitar a Cristo, a quien ha sido configurado
en virtud del sacramento del orden, como pastor, se entiende
que su obrar no pueda concebirse distinto del obrar del Pastor,
es decir, ejerciendo su misma caridad de frente al rebao encomendado.
La caridad pastoral, arraigada en
la voluntad de Dios y en el seguimiento de Jess, se identifica
como un amor primario y total a la comunidad diocesana, en ella
y sin hacer compartimientos estancos, a la comunidad concreta
a la que se sirve pastoralmente. Amar a la comunidad concreta
no significa -si se trata de un amor genuino-, que sea excluyente;
esta comunidad, es clula de un organismo ms amplio que es
la Iglesia diocesana y la Iglesia universal; y la caridad pastoral
tiene como destinataria a la Iglesia, por ella se entreg Cristo
y de igual manera por ella se entrega el sacerdote.
En la Iglesia particular la vida
de la caridad pastoral, se hace obediencia, disponibilidad,
amor filial al propio obispo y amistad sincera entre los sacerdotes, capacidad de vivir juntos, de trabajar
unidos, de rezar en comn, de crecer sabindose responsables
unos de otros, de correccin fraterna, de comunin de vida y
de bienes, de ayuda mutua, de discernimiento comunitario, de
solidaridad con los enfermos y ancianos, etc.
La caridad pastoral se traduce
tambin en la capacidad de compartir con la mente y el corazn
los planes diocesanos de pastoral, lo cual constituye un signo
de la superacin del individualismo clerical, y que supone a
la vez la aceptacin de la diversidad de opiniones y de iniciativas,
la apertura a la variedad de los carismas y la capacidad de
trabajar con todos los miembros empeados en la construccin
de la Iglesia particular.
La caridad pastoral se hace realidad
en la dedicacin a la Iglesia sin condiciones, para siempre
y con todas las fuerzas de un amor esponsal,
virginal a una Iglesia sin barreras, catlica, pero que es tambin
Iglesia en un lugar, en una realidad sociocultural concreta,
presidida por un obispo, es decir Iglesia particular. A la
Iglesia particular, dice Pablo VI se le debe amar como madre
y cada uno debe sentirse feliz de pertenecer a ella, de manera
que cada uno pueda llegar a decir “aqu Cristo me ha esperado
y me ha amado; aqu lo he encontrado y aqu pertenezco a su
Cuerpo mstico. Aqu me encuentro dentro de su unidad. Cuantos
aqu estamos debemos estar insertos en Cristo y formar una sola
cosa con El y entre nosotros”. La Iglesia particular es, pues,
el lugar en donde el Seor sale al encuentro de cada uno y donde
llama y concede la oportunidad de conocer y seguir a Jesucristo.
La pertenencia y dedicacin a la
Iglesia particular es constitutivo de la identidad y, por lo
mismo, fuente de espiritualidad del presbtero diocesano, es
por esta certeza que se le pide “madurar en la conciencia
de ser miembro de la Iglesia particular en la que est incardinado,
o sea, incorporado con un vnculo, a la vez jurdico, espiritual
y pastoral, lo que supone y desarrolla el amor especial a la
propia Iglesia. La Iglesia particular es en realidad el objetivo
vivo y permanente de la caridad pastoral, que debe acompaar
la vida del sacerdote y que lo lleva a compartir la historia
o experiencia de vida de esta Iglesia particular en sus valores
y debilidades, en sus dificultades y esperanzas, y a trabajar
en ella por su crecimiento”.
En la Iglesia particular, el presbtero diocesano
est llamado a ser imagen viva de Jesucristo Esposo de la Iglesia.
y la caridad pastoral consistir en
amarla hasta el punto de entregarse por ella.
Por tanto [el presbtero] est llamado a revivir
en su vida espiritual el amor de Cristo Esposo con la Iglesia
esposa. Su vida debe estar iluminada y orientada tambin por
este rasgo esponsal, que le pide ser
testigo del amor de Cristo como Esposo y, por eso, ser capaz
de amar a la gente con un corazn nuevo, grande y puro, con
autntica renuncia de si mismo, con entrega total, continua
y fiel, y a la vez con una especie de celo divino (cf.
2Cor 11,2), con una ternura que incluso asume matices del cario
materno, capaz de hacerse cargo de los dolores de parto hasta
que Cristo no sea formado en los fieles (cf.
Gal 4,19)”.