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PONTIFICIA UNIVERSIDAD JAVERIANA
CONGRESO DE ESTUDIANTES DE TEOLOGA

EJE TEMTICO: TEOLOGA DE GNERO

LA MUJER COMO SUJETO DE LA EVANGELIZACIN
EN EL MARCO DE LA PASTORAL URBANA”

Por Daniel Eduardo Garca Surez
Estudiante de Teologa
Seminario Mayor de Bogot
Ao de Pastoral
danieleduardog@yahoo.com

 

Introduccin

Es motivo de gran alegra para m, compartir en este espacio algunas de mis bsquedas en los mbitos de la Teologa y de la pastoral. Como parte de la experiencia de formacin sacerdotal, despus de cursar los dos primeros aos de teologa, los seminaristas somos enviados durante un ao a una experiencia de insercin en alguna parroquia de la ciudad. Esto hace que la experiencia pastoral plantee algunos interrogantes relacionados con la evangelizacin y la misma teologa. Las bsquedas y reflexiones que planteo a continuacin son una reflexin desde la praxis pastoral y tambin fruto de lo que pude interpretar y asimilar en el Congreso Internacional de Teologa celebrado el pasado mes de Julio en Medelln. Ciertamente este trabajo est al nivel del de un estudiante de teologa y ms que afirmaciones concluyentes, est lleno de preguntas e intuiciones que seguramente otros ya se han planteado [1] . La forma en que abordar el tema ser mediante una ubicacin histrica, una exgesis sobre un texto bblico, el planteamiento de algunas caractersticas y valores evangelizadores de la mujer en el texto, unas inferencias vlidas para nuestra pastoral, el contraste y la verificacin con la opinin de algunas mujeres en el contexto parroquial y las conclusiones.

1. Ubicacin histrica de nuestro proceso evangelizador

Desde la llegada de los espaoles a Amrica, la evangelizacin se plante como una urgencia inaplazable. Al lado del inters conquistador (masculinizante) estaba el de llevar la Buena Nueva a los confines de la tierra. Desafortunadamente, el proceso de evangelizacin se confundi muchas veces con el de conquista, desconociendo los derechos religiosos y la dignidad de quienes poblaban primeramente estas tierras. As se sembr en Amrica Latina el dolor y la colonizacin cultural, poltica, econmica y, lastimosamente, religiosa por ser una “misin carente de la perspectiva femenina que no refleja la maternidad de la Iglesia” [2] . Tras esta marca de injusticia social se construyeron nuestras sociedades, en medio de guerras y de influencias venidas del extranjero, protegiendo los intereses de quienes vean en nuestros territorios una mina para explotar y hacer crecer las economas de los pases desarrollados, acabando con el poco desarrollo existente en nuestro hemisferio. En realidad no era Amrica la que estaba falta de Evangelio, sino los mismos conquistadores los que estaban cada vez mas lejos de lo que defendan y crean [3] . Este antecedente paradigmtico y persistente de evangelizacin sirve para sacar dos grandes conclusiones: la primera es que una actividad evangelizadora debe comenzar por reconocer la presencia de Dios en el otro y la segunda es que los mensajes evanglicos deben estar respaldados y confirmados por hechos y actitudes creadores de espacios de vida que muestren una Iglesia “habitable”, espacio de acogida . Estos aspectos son los ms fciles de olvidar en el contexto actual, razn por la cual hay que rescatarlos antes de que se pierdan en medio de la estrategia y la planificacin pastoral.

La sensibilidad femenina ofrece en la actualidad grandes aportes a la hora de evangelizar, pero a la larga falta reconocer aquellos elementos que la mujer, y en especial la mujer pobre y explotada [4] , brinda a la hora de abrir caminos al mensaje cristiano y transformar el mundo. An en las Iglesias particulares son muy pocos los caminos abiertos a la participacin de las mujeres en las cuestiones pastorales importantes, esto gracias a que todava existe una visin muy pobre de la teologa del Bautismo en nuestros ambientes donde la labor pastoral es vista asociada nicamente al ministerio ordenado [5] . Sin embargo, por lo que muestran lo hechos en las diferentes comunidades parroquiales, nadie ms convencido de su labor como apstol que la mujer. Para algunos este tema puede resultar conflictivo, tal vez no conveniente porque detrs est la idea de un trabajo colectivo no unilateral y por tanto un poco democrtico (contrario a toda concepcin patriarcal y autoritaria), pero es una realidad que la mujer hoy en da est adquiriendo mayor conciencia de su valor dentro de la sociedad y el mundo de acuerdo a la recuperacin de los derechos que no se le haban reconocido, derechos que hablan de su ciudadana y autodeterminacin [6] . Pienso que el gran peligro al que nos enfrentamos en una reflexin de este tipo es la polarizacin y exclusin del que piensa distinto. Por reivindicar a la mujer puede perderse de vista la categora de “humanidad nueva” tomada en su integralidad y no de forma fragmentaria. Es por eso que hoy se habla de corresponsabilidad recproca entre hombre y mujer, pues es evidente que hay diferencias entre lo que culturalmente se ha construido respecto al gnero masculino y femenino, diferencias que deben enriquecer y construir nuevos tejidos sociales y, en nuestro caso, pastorales. Lo que me propongo es mostrar cmo desde la sensibilidad femenina la evangelizacin se puede ver enriquecida por elementos tanto pastorales como de espiritualidad.

2. Una primera experiencia desde la fe [7]

Ubicados en el siglo II A.C. nos encontramos con una perla que seguramente iluminar enormemente esta reflexin. Eran los das en que Israel haba cado en manos del poder de los griegos, en especial del sanguinario Antioco Epfanes. Tras la experiencia del destierro, Israel valor an ms lo que significaba la Ley en su vida como voluntad del nico Dios poderoso. Esto no agradaba mucho a los soberanos extranjeros que vean con recelo el cuidado que los judos tenan por su Templo y por las costumbres arraigadas en la Ley.

El libro segundo de los Macabeos seala cmo una de las respuestas de los judos al imperativo de apartarse de la Ley fue el martirio. Para nosotros cobra especial inters ese captulo sptimo en el cual siete hermanos, hijos de una misma madre, pasaron uno tras otro a la tortura y despus a la muerte. El redactor de la obra seala a la madre de los siete hermanos con estas palabras Admirable de todo punto y digna de glorioso recuerdo fue aquella madre que, al ver morir a sus siete hijos en el espacio de un solo da, sufra con valor porque tena la esperanza puesta en el Seor.” (2M 7, 20). Ciertamente no es una resistencia estoica, sino que se trata de un sufrimiento fortalecido por una conviccin de fe. La realidad que le toca afrontar solo la conoce una madre, pues es ella la encargada de cuidar la vida que se form en su vientre y por la cual siente todo el amor del mundo. Ver morir uno solo de sus hijos es ya un motivo de profundo desgarramiento y luto. El hecho de que sean todos sus hijos hace casi inverosmil la resistencia emocional de esta mujer y deja tambin al descubierto la profundidad y pureza de su fe.

No es tampoco un sufrimiento pasivo, pues el mismo texto seala “Animaba a cada uno de ellos en su lenguaje patrio y, llena de generosos sentimientos y estimulando con ardor varonil sus reflexiones de mujer, les deca: Yo no s cmo aparecisteis en mis entraas, ni fui yo quien os regal el espritu y la vida, ni tampoco organic yo los elementos de cada uno. Pues as el Creador del mundo, el que model al hombre en su nacimiento y proyect el origen de todas las cosas, os devolver el espritu y la vida con misericordia, porque ahora no miris por vosotros mismos a causa de sus leyes.” (2M 7,21-23) Aqu nos encontramos frente a una verdadera teloga que ante los acontecimientos da una interpretacin desde su fe y avanza en su reflexin hasta plantear algo que era todava muy poco elaborado en la evolucin de la doctrina de la retribucin en el A.T.; es el elemento de la resurreccin. De su experiencia de vida y de fe no le queda otra conclusin posible que la de un poder que vence al poder terrenal, donde si el poder humano puede acabar con la vida creada por Dios, el poder del cielo puede devolver la vida a quienes se mantienen fieles al Seor. Ella, sin lugar a dudas, pertenece a la categora de los anawin [8] , es decir, los pobres de Yahv que en el A.T. ante la injusticia de los poderes temporales, se confan plenamente a Dios y lo esperan de l todo. Es por eso que no duda en aconsejar a sus hijos ir al martirio con tal de agradar a Dios.

El texto contina dando pistas sobre esta mujer quien es llamada por el rey para convencer a su hijo menor de rehusar el martirio aceptando las condiciones que se le imponan. Apelando al sentimiento de ternura de toda madre por su hijo ms pequeo, el rey cree encontrar all una fuente de debilidad de la madre. Las palabras de la madre hacia su hijo menor son “Hijo, ten compasin de m que te llev en el seno por nueve meses, te amamant por tres aos, te cri y te eduqu hasta la edad que tienes (y te aliment). Te ruego, hijo, que mires al cielo y a la tierra y, al ver todo lo que hay en ellos, sepas que a partir de la nada lo hizo Dios y que tambin el gnero humano ha llegado as a la existencia. No temas a este verdugo, antes bien, mostrndote digno de tus hermanos, acepta la muerte, para que vuelva yo a encontrarte con tus hermanos en la misericordia.” (2M 7,27-29). Es evidente que lo que la madre hace es guardar una verdadera coherencia hasta el final entre lo que cree y vive. Hay que sealar que en todo el captulo, en las respuestas de los hijos y los consejos de la madre, solo ella habla de misericordia. Los hijos hablan de resurreccin, de levantarse, del final del tirano que hoy los mata, pero es ella la que tiene en su mente la misericordia que los espera al final.

El texto concluye “Por ltimo, despus de los hijos muri la madre” (2M 7,41). Esa conclusin parece no tener mayor contenido, pero fue ella la que en ningn momento atac al rey ni dijo palabras sobre su final. Hasta en eso se distingui su fe, poniendo matices de encuentro, de separacin temporal de sus hijos, de una meta que es consuelo y paz.

Hasta aqu he querido hacer una reflexin a partir del texto bblico tomando elementos que puedan ser utilizados en el planteamiento de la mujer como sujeto evangelizador. Ahora quisiera inferir algunas caractersticas y valores evangelizadores presentes en la mujer del relato.

3. Caractersticas y valores evangelizadores

La mujer toma muy en serio todo lo que tiene que ver con sus creencias e ideales, razn por la cual cuando una mujer es decepcionada sufre una gran crisis. La mujer del relato cree realmente que si se mantiene fiel al Dios que ella ha experimentado recibir al final su recompensa. Es una cuestin que sobrepasa el simple conocimiento intelectual o el sentimiento pasajero que ilusiona solo por un momento. Desde la antropologa del espacio se ve una mujer habitada por una esperanza que es fecunda en cuanto vigila y contagia [9] .

La mujer no toma las cuestiones de fe como algo exclusivamente personal. Ella siente la necesidad de compartir lo que cree con las personas que ama y no cesar de insistir hasta que sus allegados conozcan lo que ella tiene para mostrarles. En el relato todos los hijos dan razn de su fe porque detrs de ellos estuvo una madre que los hizo acercarse al Dios en el que ella crea. Cada uno hace confesin de su fe antes de morir y es sorprendente cmo el contenido de estos testimonios concuerda con lo que la madre les ha enseado.

La mujer goza de la facultad de expresar fcilmente sus sentimientos a quienes ama, ms cuando se trata de sus hijos. El argumento que utiliza esta madre con su hijo menor es el afectivo pidindole que tenga compasin de ella. No se trata de una elaboracin terica exacta, sino que le deja en claro a su hijo que la motivacin que ella tiene para que l entregue su vida es el amor y las ganas de volverlo a ver. Aunque pueda sonar controvertido, no le pide que muera solo por una verdad sino por amor a ella en fidelidad a Yahv.

La mujer acompaa a las vctimas y les da aliento para perseverar. En este caso, la mujer muere de ltima por ser considerada inferior. Esto sucede porque la sociedad dominada por hombres ve en la mujer no un actor principal sino un cmplice o alguien que se dej engaar. No existe en el imaginario una mujer fuera de la sumisin al rol dentro de la familia y no referida siempre al varn. De esta manera ellas han estado en medio del dolor acompaando a las vctimas sin recibir reconocimiento como sujetos polticos, sociales o religiosos. An as no han dejado de jugar un papel central en las situaciones que exigen llevar al lmite la experiencia de fe.

No quisiera caer en el juego de la polarizacin respecto al tema del gnero idealizando a la mujer. Aqu se trata de sacar algunos elementos tpicos de ella para alimentar la actividad evangelizadora.

El primero y ms importante es que la mujer es un sujeto evangelizador vlido y eficaz poco tenido en cuenta a la hora de planear y pensar la pastoral. Aunque s que esta idea puede ser controvertida [10] , la experiencia urbana y agraria de nuestro pas muestra que su campo de accin es principalmente el de su familia y el tiempo que le dedica a ello es el del crecimiento de sus hijos, sin desconocer los otros roles que juegan las mujeres en nuestra sociedad especialmente en el campo de la educacin y la promocin social entre otros.

El segundo elemento es el de la fe vivida y experimentada con el corazn ms que con la razn. Se trata de un lenguaje afectivo al que poco estamos acostumbrados los que nos dedicamos a reflexionar racionalmente sobre la fe. Hoy se habla de inteligencias mltiples, de una visin integral de la persona. En la mujer la razn que define y postula argumentos fros es cambiada por una racionalidad afectiva capaz de dar sentido a la fe desde la propia experiencia de vida. Con Mara Teresa Porcile podramos decir que “Las mujeres poseen un conocer y dar a Dios de manera diferente. Su experiencia femenina de Dios nace de sentirlo de otra manera, y esto implica decirlo de otra manera (...) Si existe un “saber” teolgico femenino, tendr que ser un “saber con sabor”, como la mesa abierta de Sapientia, (sofia) (hojma) que invita al banquete de la vida [11] Ejemplo de esto es la mujer que derrama sobre Jess un frasco de perfume muy caro y que es criticada por los Apstoles (Jn 12,1-8; Mt 26, 6-13).

El tercer elemento es el de la libertad para expresar con naturalidad lo que siente. Nuestras expresiones religiosas cada vez se vuelven mucho ms mecnicas y memorsticas, poco atractivas al contexto cultural de hoy y faltas del elemento humanizador. Las homilas de algunos sacerdotes slo se quedan en elegantes discursos con verdades que solo ellos entienden, omitiendo toda palabra que tenga que ver con la parte afectiva del ser humano. Dichos discursos hoy no llegan ni siquiera a los ya creyentes. Nuestra sociedad est dolida por todos los factores que la aquejan, tanto econmicamente como en la parte social y poltica. Se necesita una Iglesia con ms rostro femenino, que levante la esperanza de los heridos por la guerra y oprimidos por la exclusin a la que todos estamos sometidos. El gran problema de nuestro pas en el mbito religioso es la crisis de sentido y las soluciones que estamos dando son supersticiones por un lado o interpretaciones abstractas por otro [12] . Se nos olvida que tambin algn da Jess llor porque Jerusaln no haba conocido el tiempo de su visita.

El cuarto elemento es el de la fidelidad hasta las ltimas consecuencias a la misin propuesta por el Dios que se ha experimentado. Hoy en da la evangelizacin es una empresa difcil, rida, llena de obstculos. Los procesos de secularizacin han llevado a los actuales modelos polticos y sociales a transformar lo religioso en una dimensin puramente privada arguyendo el establecimiento de una tica civil [13] . A pesar de ello se constata una gran sed de Dios en medio de nuestros hermanos. Por eso, a pesar de las contrariedades, creo que en nuestra situacin de pobreza y violencia es necesaria una evangelizacin con identidad femenina. Si seguimos la categora del espacio interior, abierto, vulnerable, la evangelizacin debe tomar como camino de inicio el ser vulnerable al otro, siendo capaces de dar a luz un estado de comunin por medio de la ternura unificante [14] .

Por ltimo tenemos el elemento de la disponibilidad total ante las necesidades percibidas. Casi por instinto el hombre est hecho para defenderse, atacar, brindar seguridad, mientras que la mujer est atenta a las necesidades de quienes tiene a su cuidado, es experta en curar, levantar, escuchar [15] . Tambin es importante en la evangelizacin saber reconocer las necesidades de las personas que viven en nuestra ciudad. Es estar en una actitud acogedora, comprensiva, atenta y servicial.

Desde estas inferencias quisiera que nos ubicramos en el contexto de la pastoral urbana.

4. La experiencia cristiana femenina en el contexto urbano

Para ilustrar mi reflexin he hecho el ejercicio de conversar con algunas mujeres para verificar sus imaginarios sobre Dios, la Iglesia y su papel en la evangelizacin. Son personas de distintas edades y roles dentro de la Iglesia. Algunas de ellas pertenecen a otros grupos cristianos.

Una primera sorpresa es que, sobretodo en personas jvenes, la Iglesia es lo que dicen los medios de comunicacin. Por causa del cubrimiento de los abusos sexuales en Estados Unidos, existe el imaginario de una Iglesia puramente clerical que esconde una vida moral distinta a la que predica. Cuando se les pregunta por las mujeres casi no responden nada, pues solo relacionan Iglesia con clrigos.

Preguntando a algunas mujeres que dedican buena parte de su tiempo a la pastoral urbana, ellas no se sienten discriminadas en la Iglesia por no poder acceder al ministerio ordenado. Dicen que ellas son conscientes de su responsabilidad evangelizadora y que en ningn momento se han sentido impedidas para llevarla a cabo en los ambientes donde se desenvuelven.

Tambin hubo opiniones un poco contradictorias en lo que se refiere a las celebraciones litrgicas. Algunas que han asistido a cultos en confesiones carismticas y evanglicas dicen que lo que ms extraan de la Iglesia catlica es la certeza de que Cristo est realmente en la Eucarista, mientras que en los cultos protestantes, despus de desahogarse y cantar, quedan con ese vaco. Sin embargo opinan que las celebraciones litrgicas de la Iglesia son muy aburridas y que no se sienten participando sino que en ellas son unas meras observadoras.

Otro elemento importante es que se nota una mayor receptividad frente a lo religioso por parte de las mujeres que por parte de los hombres. Ellas, incluyendo adolescentes, dicen que Dios es muy importante y que saben que l siempre est con ellas acompandolas. Desarrollan distintas formas de piedad y tienen en muy alta estima el smbolo religioso, cualquiera que sea, pues reproduce de alguna manera su fe.

Cuando se les pregunta por su imagen de Dios no saben definirla muy bien, pero s tienen muy en cuenta la memoria de lo que Jess de Nazaret hizo para salvarnos, su estilo de vida y lo que quiere de nosotros.

Algunas, por ltimo, todava se sienten un poco indignas ante Dios por el hecho de ser mujeres. Piensan que ellas simbolizan el pecado y se rehsan incluso a ejercer ministerios en la Iglesia como el de distribuir la comunin o proclamar las lecturas.

Conclusiones

Las mujeres son sujetos evangelizadores vitales dentro de la experiencia eclesial aunque muchas veces no son tenidas en cuenta ni potencializadas sus cualidades a nivel de formacin teolgica y pastoral. A pesar de la cantidad de mujeres colaborando en las parroquias, son muy pocas las que pueden acceder a los estudios de teologa o pastoral por considerarse estas disciplinas reservadas a los clrigos y consagrados.

La Sagrada Escritura, ms all de los condicionamientos histrico culturales, aporta luces para fundamentar una reflexin terico pastoral no slo sobre el papel de la mujer en los procesos evangelizadores, sino para repensar las relaciones de gnero desde la reciprocidad y desde la corresponsabilidad, superando la tentacin de la polarizacin y las lecturas reductivas.

No se puede pasar por alto la fuerza de los imaginarios acerca de la mujer que todava circulan en la cultura contempornea y condicionan las formas de relacin y participacin social y eclesial. Tan fuertemente arraigados en la cultura que no pocas mujeres manifiestan en sus formas de pensar y de actuar signos de baja estima y de automarginacin.

Seremos tan solo “platillos que hacen ruido” mientras no transformemos los imaginarios reductivos y no creemos condiciones reales de posibilidad que permitan la participacin consciente, plena y recproca de todos y todas en la Iglesia. En el contexto urbano emerge un nuevo sujeto femenino con un protagonismo en los distintos mbitos de la vida cada vez ms relevante. Cmo desde la pastoral urbana reconocerlo, favorecerlo y darle cauce? No podemos seguir infravalorando e ignorando la contribucin de las mujeres. Si no intervenimos para transformar esta situacin, tendremos como resultado el empobrecimiento espiritual de la humanidad.

BIBLIOGRAFA

BENHABIB Seyla - Drucilla CORNELL, Teora feminista y teora crtica. Ensayos sobre la poltica de gnero en las sociedades de capitalismo tardo, Valencia, Educacin Alfonso el Magnnimo, 1990, 130.

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DUMAIS Marcel, El Sermn del Monte, Barcelona, Verbo Divino, 2000.

FIRE HINZE Christine, Identidad en el debate teolgico feminista, en “Concilium (2000)36, 307-316.

GEBARA Ivonne, Espiritualidad feminista: riesgo y resistencia en “Concilium 288 (Nov 2000) 39-49.

JONSON Elizabeth, La que es. El misterio de Dios en el discurso teolgico feminista, Barcelona, Herder, 2002.

HELLER Agnes, A Theory of Feelings, Holland, Van Gorcum, 1979.

MIDALI Mario, Teologia pratica. 3. Verso una effettiva reciprocit tra uomini e donne nella societ e nella chiesa, Roma, LAS, 2002.

PINTOS DE CEA-NAVARRO Margarita, El derecho de las mujeres a la plena ciudadana y al poder de toma de decisin en la Iglesia, en “Concilium 298 (Nov 2002)93-102

PORCILE Mara Teresa, La mujer, espacio de salvacin Madrid, Publicaciones Claretianas, 1995.

ROSADO-NUNES Mara Jos, El catolicismo y los derechos de las mujeres como derechos humanos en “Concilium 288 (Nov 2002) 59-72

TAMAYO Juan Jos, Nuevo Paradigma Teolgico, Madrid, Trotta, 2003, 85-102.



[1] Sobretodo sigo la reflexin que plantea unas sugerencias para la misin de la mujer en la Iglesia de acuerdo a una antropologa del espacio la cual se encuentra en Mara Teresa PORCILE, La mujer, espacio de salvacin Madrid, Publicaciones Claretianas, 1995, 339-363.

[2] Mara Teresa PORCILE, La mujer, espacio de salvacin, 352.

[3] Cito a continuacin una interpretacin del hecho realizada por Mara Teresa Porcile Viendo la historia de la misin tal como aparece en la historia de la Iglesia se descubre un modo de misin frecuentemente ligado a la expansin colonial, a la invasin de culturas. Eso a travs de “la conquista”: una “misin” habitualmente relacionada con el” poder” (...) Esta misin presenta rasgos sociolgicos de lo expansivo, lo competitivo “masculinizante, al mismo tiempo que se da una ausencia de la creacin de espacios de vida (Ibidem).

[4] El objetivo del discurso religioso feminista en su ms plena expresin se centra en la proliferacin de situaciones violentas que viven pobres mujeres de color. No es accidental que el asegurar el bienestar de estas mujeres socialmente desfavorecidas implique una nueva configuracin de teora y praxis y una transformacin de todas las sociedades, incluyendo las iglesias, para abrir a todos los pueblos vas ms humanas de convivencia, entre ellos y con la tierra.” (Elizabeth JONSON, La que es. El misterio de Dios en el discurso teolgico feminista, Barcelona, Herder, 2002, 29).

[5] La incorporacin a la comunidad cristiana tiene lugar a travs del bautismo, rito de iniciacin no sexuado, que incluye a todas las personas que quieren incorporarse al proyecto de vida de Jess, concedindoles igualdad de derechos y deberes Margarita PINTOS DE CEA-NAVARRO, El derecho de las mujeres a la plena ciudadana y al poder de toma de decisin en la Iglesia, 96.

[6] Cf. Margarita PINTOS DE CEA-NAVARRO, El derecho de las mujeres a la plena ciudadana y al poder de toma de decisin en la Iglesia, en “Concilium (2002) 298, 93-102.

[7] Para la reflexin bblica tnganse en cuanta los datos histricos referidos en la Introduccin a los libros de los Macabeos en la Biblia de Jerusaln y su aparato crtico.

[8] Para profundizar sobre los anawin vase Marcel DUMAIS, El Sermn del Monte, Barcelona, Verbo Divino, 2000.

[9] Cf. Mara Teresa PORCILE, La mujer, espacio de salvacin, 343-344

[10] Cf. Mara Jos ROSADO-NUNES, El catolicismo y los derechos de las mujeres como derechos humanos en “Concilium (2002) 288, 59-72.

[11] Mara Teresa PORCILE, La mujer, espacio de salvacin, 359

[12] Desde la antropologa del espacio tenemos aqu los dos casos de la mujer y, en este caso, una Iglesia que asume como cono lo femenino, no habitada que es prostituta porque se vende al mejor postor buscando popularidad o es estril porque su reflexin no es fecunda. Cf. PORCILE Mara Teresa, La mujer, espacio de salvacin, 350.

[13] El individualismo liberal ocultaba un atesmo social: una sociedad laica que ya no necesita que Dios dirija sus pasos y lo mantiene en la esfera de la vida privada y la intimidad de la conciencia y de la familia” (Mara Jos ROSADO-NUNES, El catolicismo y los derechos de las mujeres como derechos humanos, 61)

[14] Cf. Mara Teresa PORCILE, La mujer, espacio de salvacin, 352-353.

[15] Al respecto tngase en cuenta la reflexin en torno a la tica del cuidado que acenta la atencin al “otro concreto” en contraste con el “otro generalizado (cf Seyla BENHABIB - Drucilla CORNELL, Teora feminista y teora crtica. Ensayos sobre la poltica de gnero en las sociedades de capitalismo tardo, Valencia, Educacin Alfonso el Magnnimo, 1990, 130.