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EL DISCERNIMIENTO PASTORAL

Jaime Alberto Mancera Casas, Pbro.

Antes que estrategia de moda, una realidad teolgicamente esencial a la praxis pastoral

Vivir la vida en fidelidad al Evangelio exige desarrollar una capacidad para ver, analizar, comprender y juzgar las situaciones, reconociendo en ellas los signos de la presencia y voluntad de Dios y, por tanto, las opciones y los caminos a seguir en la construccin de una vida personal agradable a Dios y de la comunidad eclesial como sacramento de salvacin. A esta capacidad, esencial a la vida cristiana, la llamamos “discernimiento” y dado que las situaciones pueden ser de distinto orden, podemos hablar, entre otros, de discernimiento espiritual, moral o pastoral.

Sobre el discernimiento espiritual encontramos infinidad de estudios y reflexiones, al igual que sobre el discernimiento moral. Pero no ocurre igual con el discernimiento pastoral, que a penas ha empezado a ser objeto de reflexin teolgico pastoral, a pesar de ser una prctica tan antigua como el mismo Pueblo de Dios.

Testimonio del Nuevo Testamento

Al buscar la especificidad de lo que podramos llamar “discernimiento pastoral” debemos ir en primera instancia al testimonio que nos da el Nuevo Testamento. Jess tuvo que afrontar su propia misin, su reconocimiento, desarrollo y consumacin, a partir de un permanente ejercicio de toma de decisiones. Qu criterios tuvo a la hora de tomar tales decisiones? Los evangelistas insisten en que Jess orient y organiz toda su conducta, y por tanto su actividad evangelizadora, de acuerdo con la voluntad de Dios Padre (Mt 6,10; 7,21;12,50;26,42; Mc 3,35; Lc 22,42 etc.). Sin embargo, este “hacer la voluntad del Padre” exigi de l una serie de decisiones concretas respecto de su misin y de los medios para llevarla a cabo, en un verdadero ejercicio de discernimiento pastoral. [1]

El mismo Jess, ante las peticiones de muchos que le pedan signos, hace caer en cuenta sobre la necesidad de estar atentos para discernir los signos de la presencia del Reino en medio de la historia: “Con que saben discernir el aspecto del cielo y no pueden discernir las seales de los tiempos (Mt 16,3; Lc 12,56).

El ejercicio del discernimiento pastoral se hace ms necesario, luego de la Muerte y Resurreccin de Jess, puesto que la novedad de su presencia gloriosa, la confirmacin del mandato misionero, el don del Espritu, como aquel que “os lo ensear todo y os recordar todo lo que os he dicho(Jn 14,26) y la diversidad de contextos hacia los que se expande la Buena Nueva, exigen de la nueva comunidad pascual la creatividad en su protagonismo evangelizador y su fidelidad total al testimonio sealado por el Maestro.

La comunidad primitiva, consciente de ser la comunidad del Resucitado y de estar animada por su Espritu, empieza a llevar a cabo su misin, ms all de las pretensiones judaizantes, en un permanente ejercicio de discernimiento, cuyos frutos constatamos en las estrategias evangelizadoras que ponen en prctica, en la capacidad que tuvieron los predicadores itinerantes para inculturar el mensaje evanglico dentro de los contextos pluralistas, sociales y religiosos, del Asia Menor, del norte de frica, del centro del imperio Romano, etc. Tambin en la variedad de ministerios que se generaron para asegurar una organizacin de la comunidad, en la resolucin de los problemas que fueron enfrentando –el caso del Concilio de Jerusaln (Hch 15)-, en el tipo de presencia que generaron dentro de los centros urbanos a los que lleg el Evangelio.

San Pablo, en sus cartas, exhorta a sus comunidades a un permanente discernimiento, tanto en su vida personal, como en las acciones que las comunidades deban desarrollar. La edificacin de la comunidad (1Cor 14), los frutos del Espritu (Gl 5,14-22), la fuerza de Dios en la debilidad (2Cor 12,12), la primaca de la caridad (1Cor 13) fueron criterios para el discernimiento transmitidos por Pablo. De manera particular resuenan la invitacin a no acomodarse al mundo presente, sino por el contrario convertirse, mediante la renovacin de la mente, para poder distinguir lo que es la voluntad de Dios: “lo bueno, lo que agrada, lo perfecto (Rm 12,1-2), as como la recomendacin a la comunidad para que “no extingis el Espritu; no despreciis las profecas; examinadlo todo y quedaos con lo bueno. Absteneos de todo gnero de mal (1Tes 5,19-22). Estos criterios, que tienen incidencia en la vida personal, espiritual y moral, tambin tuvieron su efecto en el discernimiento sobre la vida y las actividades misioneras de las comunidades paulinas, permitindoles insertarse en los contextos urbanos, sin perder su identidad, pero con la suficiente flexibilidad y apertura para adaptarse al contexto; hecho que garantiz su supervivencia.

Tambin hoy se ha avanzado en el reconocimiento de las estrategias pastorales de las dems comunidades neotestamentarias, gracias a los estudios bblicos, sobre todo desde la exgesis sociolgica y antropolgica. [2]

A partir del Concilio Vaticano II

Esta experiencia de discernimiento pastoral de las comunidades neotestamentarias se prolongar con fuerza a lo largo de los primeros siglos del cristianismo, por su expansin ms all de las fronteras del Imperio Romano y por las nuevas problemticas que debi asumir con las transformaciones sociales y polticas que ocurrieron. Es un hecho, sin embargo, que con la consolidacin de la poca llamada “cristiandad”, el ejercicio del discernimiento decay, puesto que muchas de las mediaciones asumidas por la comunidad cristiana adoptaron un carcter de respuestas nicas, y estereotipadas, a las problemticas pastorales.

Ser slo hasta el siglo XX, y sobretodo con el Concilio Vaticano II, que la Iglesia, en su propsito de regreso a las fuentes, rescata realmente el valor esencial del discernimiento en la misin evangelizadora que desempea, como sacramento de salvacin, de ah la fuerza de sus afirmaciones: “La Iglesia contina, bajo la gua del Espritu, la obra misma de Cristo, quien vino al mundo para dar testimonio de la verdad, para salvar y no para juzgar, para servir y no para ser servido... Para cumplir esta misin es deber permanente de la Iglesia escrutar a fondo los signos de la poca e interpretarlos a la luz del Evangelio, de forma que, acomodndose a cada generacin, pueda la Iglesia responder a los perennes interrogantes de la humanidad...” G.S. 3-4 “El Pueblo de Dios, movido por la fe que le impulsa a creer que quien lo conduce es el Espritu del Seor, que llena el universo, procura discernir en los acontecimientos, exigencias y deseos, de los cuales participa con sus contemporneos, los signos verdaderos de la presencia o de los planes de Dios. G.S. 11

La presencia y la accin sacramental salvfica de la Iglesia, en el mundo contemporneo, no se entiende, entonces, si no es desde una actitud permanente de discernimiento de esos signos de Dios y de sus planes, al servicio de los cuales la comunidad eclesial se quiere poner. Omitir este componente esencial de la evangelizacin slo puede conducir a la infidelidad en la misin encomendada. Y esto abarca todos los niveles de la accin eclesial y todos los procesos que se realizan en cada mbito pastoral.

Este nuevo paradigma pastoral establecido por el Concilio, y proyectado con mayor agudeza por la Exhortacin Evangelii Nuntiandi de Pablo VI, ha venido siendo acogido poco a poco por las distintas acciones pastorales, sin que por ello haya sido superada an una praxis pastoral que se desarrolla como respuesta prefabricada a realidades no conocidas ni ledas desde una ptica de fe y, por tanto, sin una autntica inculturacin del Evangelio.

Llama la atencin particular una afirmacin que encontramos en la Exhortacin Pastores Dabo Vobis, de Juan Pablo II, en la cual se hace una definicin descriptiva sobre este ejercicio esencial y precisa el proceso interno y las condiciones que encierra: “Luego del momento del acercamiento a la realidad presente, sigue la tarea de hacer una lectura interpretativa de la misma, en la que es necesario precisar, ponderar, dar a cada una de las voces escuchadas en la historia, su valor y autntico contenido. Esto requiere aplicar juiciosos criterios y principios slidos, que nacen a la luz y bajo la fuerza del Evangelio, para extraer de la realidad los elementos verdaderamente vlidos que merezcan atenta reflexin, por que en ellos percibimos no un simple “dato” que hay que registrar con precisin y frente al cual se puede permanecer indiferentes o pasivos, sino un “deber”, un reto a la libertad responsable, vinculado a una llamada que Dios hace or tanto a la persona individual, como a la comunidad. A este ejercicio espiritual, intelectual y prctico lo podemos llamar discernimiento pastoral. PDV 10.

Hoy van en aumento las prcticas de discernimiento, as como las reflexiones que se hacen al respecto, y que han puesto en evidencia la importancia, la necesidad, el desafo que tenemos de hacerlo parte esencial de nuestras tareas y proyectos de formacin pastorales.

Principios teolgicos que fundamentan el discernimiento

Es importante entonces hoy reconocer el valor del discernimiento pastoral, no slo como una estrategia de moda, o como un concepto que usamos pero poco entendemos, sino en su verdadera naturaleza y especificidad teolgica, que fundamenta su uso pedaggico, metodolgico o estratgico.

Como lo afirma Juan Pablo II en la PDV, la pastoral ms que un arte, o un conjunto de exhortaciones y mtodos, posee una verdadera categora teolgica, pues recibe de la fe los principios y criterios para su prctica. El discernimiento es uno de esos principios pastorales que encuentra su fundamento en los misterios de la fe, y que se convierte en condicin clave para la autntica realizacin de las acciones salvfica.

Pero qu misterios de nuestra fe estn a la base de este ejercicio? El testimonio de la comunidad primitiva nos lo seala:

En primer lugar vemos cmo la comunidad cristiana comprendi que su vida se desarrollaba como una realidad visible e invisible a la vez, que su presencia y misin no podan hacerse al margen de aquella condicin del mismo Seor, verdadero Dios y verdadero hombre. Como la Palabra puso su morada entre nosotros(Jn 1,14), de la misma manera la comunidad deba hacerse presente en el mundo, sin marginarse de la vida de las ciudades donde el Evangelio estaba siendo anunciado. Reconocerse como mediacin sacramental del mensaje de salvacin de Jesucristo en las realidades concretas y reconocer los signos de la accin que Dios ya viene haciendo en ellas, exigi entonces de la misma comunidad un ejercicio permanente de discernimiento para mantener la fidelidad a la misin recibida y la identidad de la fe en medio de las diversas realidades y actividades que se fueron asumiendo. Reconocer cmo Dios sigue actuando en favor de lo humano, a travs de lo humano, y cmo la Iglesia est puesta al servicio de este proyecto de salvacin, desde su condicin sacramental, determina un comportamiento permanente de escucha, de anlisis de las realidades, de atencin y reconocimiento a la accin salvfica de Dios, previo a la accin pastoral misma, la cual debe decidirse y configurarse de acuerdo con los resultados de ese discernimiento.

En segundo lugar, a pesar de la tendencia judaizante, la comunidad primitiva reconoci que la comunidad se deba construir desde la diversidad; construir la unidad en la diversidad y la diversidad en la unidad; construirse a imagen de la comunidad intratrinitaria: “para que sean uno como nosotros somos uno.” Jn 17,22. La fundacin de las nuevas Iglesias en las ciudades del imperio y las diversas formas de ministerialidad que generaron lo demuestran. Esto exigi un ejercicio de discernimiento, para reconocer lo que era fundamental y haba que salvaguardar, y lo que poda modificarse de acuerdo con cada lugar. Hoy ms que nunca, en medio de un mundo multicultural y tan plural, ms necesario se hace el discernimiento para la construccin de la autntica comunin en medio de las diversidades, al interior y por fuera de la Iglesia.

En tercer lugar, no se puede entender la economa de la salvacin sin la presencia del Espritu del Resucitado. La comunidad cristiana se reconoci a s misma como la comunidad del Espritu, quien la conduca en su misin en el mundo. Escuchar lo que el Espritu dice a las Iglesias, se hace entonces una necesidad que compromete el ser y la misin eclesial. Escuchar al Espritu que acta en la comunidad y ms all de ella, pide examinarlo todo para quedarse con lo bueno, con aquello que el protagonista de la obra evangelizadora, el mismo Espritu, busca y propone para el servicio al Reino.

En cuarto lugar, es indudable que a la base del discernimiento pastoral hay una confesin de fe en la historicidad de la revelacin, en la presencia del Dios Trinidad en la historia de los hombres, buscando hacer de esta, una historia de salvacin. Cristo Resucitado es Seor de la historia y as lo comprendi la Iglesia primitiva, quien se reconoci al servicio de su plan de misericordia, y fue asumiendo su compromiso histrico como sacramento de salvacin, en la espera escatolgica de su segunda venida. Discernir la historia, leerla e interpretarla a la luz del Evangelio, es la condicin previa para disear un plan de catequesis, programar la accin y la formacin de un grupo juvenil, acompaar una comunidad bblica, llevar a cabo un proceso de planeacin pastoral parroquial, diocesano o de una pastoral especfica. Este ejercicio se hace ms complejo, y ms necesario, cuando lo propio de nuestra historia son los cambios. Cmo identificar los signos de la presencia de Dios y de sus planes, en una historia que vive cambios profundos y acelerados? Cmo leer teolgicamente el cambio y la transicin cultural que estamos viviendo? Estas y muchas ms preguntas slo pueden tener una respuesta: “es necesario discernir”. Hay que generar procesos de discernimiento y para ello hay que ensear a discernir, en lo poco y en lo mucho.

Perspectivas

La reflexin sobre el discernimiento implica la comprensin misma sobre la evangelizacin. Algunos, como dice Pablo VI en la EN, reducen la evangelizacin a alguno de sus procesos, ya que son esenciales, complejos, pero no agotan la riqueza de este proceso. Algunos definen la evangelizacin por el verbo “anunciar”, sin tener en cuenta que dicha accin slo es un momento del proceso cuya finalidad es la transformacin evanglica de las realidades, lo cual exige primero un discernimiento de las mismas. Otros la definen como el proceso de formacin en la vida cristiana, olvidando que dicho proceso de formacin slo puede hacerse sobre la base de un reconocimiento de los planes y la presencia de Dios que preceden nuestras acciones kerigmticas y catequsticas, y que por tanto no hay evangelizacin sin un proceso previo de discernimiento, en orden a la inculturacin de los mismos procesos formativos. El discernimiento hace parte de cualquier proceso de evangelizacin, y no podemos excluirlo sin afectar gravemente su identidad como continuacin de la misin de Jess, al servicio del reino.

Realizar un proyecto de formacin de un grupo de catequistas no es slo un problema de contenidos, sino de reconocer el proceso que estn viviendo en su vida de fe, en su crecimiento personal, en su situacin social, reconocer la obra que Dios viene realizando en ellos personalmente y como grupo, y por tanto de poder determinar los objetivos ms convenientes y oportunos, de acuerdo con los proyectos de Dios, para dicho proyecto. Sin embargo, vemos actualmente cmo los contenidos son para muchos el nico criterio para desarrollar sus proyectos pastorales, al margen de un proceso de discernimiento, que parece poco necesario, o complicado, o simplemente ya realizado por otras instancias.

Rescatar el valor que tiene el discernimiento pastoral, con base en la confesin de fe de estar viviendo una historia penetrada por el Misterio del Reinado del Dios de la Misericordia, es fundamental para afrontar el contexto que vivimos actualmente; un contexto multicultural, multireligioso, de cambios permanentes, de resignificacin de los mundos simblicos y sobretodo, un contexto en el que el escepticismo, el desencanto, a veces el fatalismo frente a tantos intentos de transformacin evanglica, abundan. Es fundamental superar la pastoral de “recetas elaboradas”, del puro pragmatismo, de la imposicin de acciones sin un previo ejercicio de interpretacin y de lectura de fe de los acontecimientos, de tal manera que nuestra presencia y nuestras acciones pastorales, nos permitan, como Iglesia, ser autnticos sujetos y protagonistas de la historia, servidores del proyecto de salvacin, que est presente y en camino hacia su plena consumacin.

Bibliografa:

CAPELLARO, Juan B. y GINORI, Oretta, El discernimiento, Paulinas, Mxico 1979.

CASTILLO, Jos, El discernimiento cristiano. Por una consciencia crtica, Sgueme, Salamanca 1994.

LIBANIO, Juan Bautista, Discernimiento y mediaciones socio-polticas, Buena Prensa, Mxico 2000.

YANES, Elas, El discernimiento pastoral, Ediciones Marova, Madrid 1974.

CALVO PREZ, Roberto, La pastoral accin del Espritu, Monte Carmelo, Burgos 2002.



[1] Un estudio interesante sobre este ejercicio lo encontramos en Castillo, Jos M., El discernimiento cristiano, Salamanca, Sgueme, 1989, 127-155.

[2] Existen varios estudios sobre el discernimiento en San Pablo que profundizan sobre el tema; y tambin aumentan los estudios sobre las estrategias pastorales que asumieron las comunidades neotestamentarias, como la de la Carta Primera de Pedro. Cf. ELLIOT, John, Un hogar para los que no tienen patria ni hogar. Estudio crtico social de la Carta primera de Pedro, de su situacin y estrategia, Verbo Divino, Estella 1995.