Escudo Seminario Mayor


Centro de
Investigación
Pastoral

Cantos para la Liturgia
Cantos para la
Liturgia

El Catolicismo - Arquidiócesis de Bogotá
Periódico de la Arquidiócesis de
Bogotá

CatholicNet
R.I.I.A.L.
Red Informática
de la Iglesia en América Latina


Servicio de noticias ZENIT
ULTIMAS NOTICIAS

La Liturgia del Domingo
La liturgia del
domingo


Lecturas diarias de la Santa Misa
Lecturas de la
santa Misa



Temas de actualidad
en la Iglesia

Radio Vaticana
Programa hispanoamericano
para
América Latina y
el Caribe

  Objetivos académicos
  Reglamentación académica
  Ordo de materias
  Pénsum Filosofía y Teología
  Horarios Filosofía y Teología
  Lista de profesores y materias
Seminario Mayor de San José
Arquidiócesis de Bogotá
Inicio
El Seminario Mayor

 

EL DISCERNIMIENTO DE LA VIDA: Rom 12, 1-2

Francisco Nio Sa, Pbro.*

1Los exhorto, pues, hermanos, por la misericordia de Dios,
a ofrecerse ustedes mismos como ofrenda viva, santa, agradable a Dios:
este es el culto autntico que ustedes deben realizar.
2Y no se acomoden al mundo presente, antes bien,
transfrmense mediante la renovacin de su mente,
de forma que puedan distinguir cul es la voluntad de Dios,
lo bueno, lo agradable, lo perfecto”.

(Rom 12, 1-2)

Introduccin

Paulo de Tarso ha sido llamado “el apstol de los gentiles” porque a lo largo de su ministerio se esforz por proclamar que el Evangelio y la salvacin de Jesucristo tambin se diriga a los no judos. El peligro de concebir la “eleccin” de Dios en trminos puramente tnicos y la tentacin de creer que la salvacin se logra por el cumplimiento de la ley, contrastan con la experiencia paulina de que Dios quiere que todos los hombres se salven y que en Cristo ofrece gratuitamente dicha gracia. Ahora bien, si basta creer en Cristo para ser salvos, para qu las obras? Si Dios ofrece gratuitamente la salvacin, no sera necesario ningn tipo de esfuerzo de parte del hombre. Al nomismo(legalismo) satisfecho por sus propios mritos y esfuerzos (pelagianismo) se contrapone en el otro extremo el pasivismo (laxismo) que todo lo justifica o que descalifica el mrito del propio esfuerzo. Es esa la tensin que aparece en la Epstola a los romanos.

1. La Epstola a los Romanos

La carta a los Romanos resalta entre los escritos de Pablo por su extensin, su riqueza doctrinal y su densidad teolgica. Se trata del texto neotestamentario ms comentado a lo largo de los siglos y de gran influjo en la vida de la Iglesia. Se trata de un escrito tan rico, que son variados los fragmentos y perspectivas que han sido acentuadas a lo largo de la historia de la exgesis: la discusin se centr en la antigedad en torno a la crisis pelagiana; tras el Cisma de Occidente, los reformadores dieron primaca a los cinco primeros captulos con su tema de la justificacin por la fe; los catlicos, por su parte, tendieron a enfatizar la segunda parte, la respuesta del hombre y las implicaciones morales del Evangelio.

El desarrollo teolgico y ecumnico del siglo XX permiti avanzar en los estudios y despolarizar el anlisis, enriquecindolo con los aportes de los mtodos histrico-crticos, de las perspectivas sociales y literarias. Se descubre as en el texto inspirado un mensaje que surge en circunstancias especficas y con propsitos concretos, pero que a la vez posee un mensaje salvfico capaz de iluminar el caminar de la Iglesia y del creyente peregrino en cada momento de la historia. En este sentido, la Epstola ofrece una oportunidad excepcional para profundizar en el mensaje de Pablo, y en la vitalidad siempre nueva de“su evangelio” (como l mismo lo llama en Rom 1, 16).

2. El contexto

Las caractersticas del autor y de la comunidad destinataria, las motivaciones del escrito, las circunstancias histricas y los elementos literarios o estructurales, son secundarios frente al contenido del escrito, que aparece como una apologa del evangelio que Pablo anuncia: la proclamacin del amor gratuito de Dios que salva al hombre pecador y lo capacita para llevar una vida segn Su voluntad. Esa es esa la justificacin que permite la conversin integral, que abarca la totalidad de la persona en sus relaciones con Dios, con los dems, consigo mismo y con el mundo. El apstol coloca la santidad como el horizonte vital constante, empuja al testimonio existencial y fortalece la construccin de la comunidad dentro del marco de un horizonte escatolgico y con una clave bsica: el discernimiento cotidiano de la vida.

Para Pablo, el Evangelio de Jess, buena noticia de salvacin universal, escndalo para los judos por relativizar la ley y necedad para los griegos por predicar el amor fraterno, no consiste en cdigos estrictos, reglamentos puntuales o clusulas estereotipadas, sino que apunta a lo esencial de la vida creyente. En tal sentido, Pablo presenta en Romanos 12, 1-2 un desarrollo sinttico y fiel de la Buena Noticia, con su necesaria concrecin vital: en los once primeros captulos de la epstola a los Romanos, el apstol realiza su propsito de animar espiritualmente a sus lectores, reforzando la certeza de la justicia de Dios de la que ellos disfrutarn por la fe (caps. 1-8), y reafirma su segura esperanza en la salvacin (caps. 9-11), pues la Buena Noticia se abre a toda la humanidad (cf. 1, 16). El autor marca un cambio de estilo en los cinco ltimos captulos, y se dedica a concretar la enseanza, dentro de una profunda coherencia con sus planteamientos iniciales [1] .Tras una exhortacin general en la que brinda el criterio fundamental de la vida cristiana (cf. Rom 12, 1-2), el texto se abre a una serie de instrucciones derivadas del mandamiento del amor, de la nueva identidad del pueblo escatolgico de Dios y de sus expresiones comunitarias (cf. 12, 3-13, 14). La exposicin se centra primero en las relaciones ad intra (cf. 12, 3-16) y luego en las relaciones ad extra de la comunidad (cf. 12, 17-13, 14). Luego viene una serie de peticiones ms especficas para la comunidad a la cual se dirige (cf. 14, 1-15, 6). El prrafo final (cf. 15, 7-13), es coherente con el cuerpo de la epstola y le brinda un desenlace lgico, que sirve como transicin hacia un estilo de escrito ms personal. A esta seccin, slo sigue el eplogo del captulo 15, y adems el captulo 16.

3. El texto (Rom 12, 1-2)

Rom 12, 1ss no puede considerarse el apndice “pragmtico” de la seccin “terica” precedente (en la cual tambin pueden descubrirse consignas de orden tico, cf. 3-4; 6, 6.13.15-23; 8, 3-8.12-13), sino que con un ncleo estilstico diverso pero interrelacionado, Pablo llama a sus lectores a vivir en comunidad las consecuencias del Evangelio [2] . Pero ms que elencar una serie de normas morales o una interminable cantidad de reglas de conducta, en los caps. 12-16, Pablo busca sealar un nuevo estilo de vida que se deriva necesariamente de los argumentos globales de los captulos 1–11 [3] : En realidad, dichos criterios podran aplicarse a cualquier comunidad cristiana, y aunque hay elementos especficos para los destinatarios (pinsese por ejemplo en la importancia de la relacin con la autoridad civil para los creyentes de Roma), se trata de un texto que se constituye en fuente de inagotables riquezas para la vida cristiana.

Entre las dos secciones anteriormente mencionadas, y como verdadero “eje articulador”, se ubican dos versculos que forman una unidad, concretan los contenidos precedentes y que brindan la clave hermenutica para comprender las exhortaciones subsiguientes [4] . Son dos los elementos que aparecen a primera vista: el ofrecimiento de la existencia cristiana constituye el “nuevo culto” (v. 1), y la “renovacin de la mente” permite al creyente “discernir” “la voluntad de Dios” que diverge de los criterios de “este mundo” (v. 2). Se trata de un texto relativamente corto, pero que encierra una comprensin fundamental para la vida cristiana. Puede afirmarse que en Rom 12, 1-2, Pablo sintetiza con vvidas imgenes lo que debe ser la respuesta cristiana a la gracia de Dios en Cristo, dentro de una profunda vinculacin con todo el contenido precedente de la epstola, tanto en contenido como en frmulas y estilo [5] . En Rom 12,1-2, Pablo aborda de manera directa la problematicidad de la existencia cristiana, dedicando de manera articulada un versculo al culto espiritual y el otro al discernimiento de la vida. Con ello, Pablo coloca las bases para una vida responsable y para las siguientes exhortaciones ms especficas.

4. El culto espiritual (Rom 12, 1)

Como ya ha sido anotado, tras la exposicin teolgica principal realizada en los caps. 1-12, Pablo se orienta segn su estilo, a brindar algunas orientaciones prcticas, pero sin caer en los imperativos morales tpicos de la sabidura juda tradicional. El apstol busca rebatir el “nomismo contractual” de la antigua alianza, pero se ve abocado redefinir tambin los principios que deben guiar el comportamiento individual y comunitario en este momento escatolgico.

Para la gran mayora de judos, en efecto, era la Ley la que serva como lmite y estructura tica; el pueblo de Dios era el que viva “dentro de la ley”, “bajo la ley”, realizando las obras de la ley dentro del marco de la alianza. Pablo afirma que estos ritos legales y fsicos (como la circuncisin), ya no son vlidos (cf. Rom 2, 28–29), ni cuentan las obras de la ley (cf. 2, 23; 3, 20.27–30). La Fe en Cristo es el nuevo lmite, la circuncisin interior por el Espritu es la real marca del miembro escatolgico del pueblo de Dios (2, 28–29; 3, 21–26; cap. 4). La lnea del pacto es la eleccin y el llamado de Dios, no la carne ni los trabajos de la ley (9, 6–13). La rectitud adems, no es exclusiva de Israel, sino que es un don de Dios para todo el que cree (10, 3–13), judos, primero, pero tambin gentiles (11, 17–32). Por eso la ley sirve tambin como marco tico (cf. 10, 5), pues para vivir dentro de los lmites de la Ley se necesita igualmente seguir las normas que regulan las relaciones sociales al interior y al exterior de la comunidad.

Tras haber ampliado los lmites del nuevo pueblo de Dios, no con criterios tnicos sino sobre la base de la nueva ley del Espritu “inscrita en el corazn” (cf. Rom 2:15, 28–29), el apstol concreta las consecuencias: del imperativo de seguir ciegamente la ley, se pasa a la exigencia de vivir segn un espritu nuevo (cf. 7, 6; 8, 4) [6] . Para no dejar el vaco de la realidad cltica y sacrificial que brinda identidad, participacin y pertenencia a los grupos religiosos, Pablo asume en Rom 12, 1 las prcticas clticas y las reorienta a la vida diaria y a sus expresiones en el mundo cotidiano.

No era muy difcil para la comunidad cristiana de Roma, que careca de sacrificio ritual. Pablo recurre al lenguaje cltico para asegurar a sus lectores que a pesar de dicha falencia, ellos no estaban en desventaja frente a otros grupos y podran rendir el culto y sacrificio que Dios quiere. El nfasis en un sacrificio espiritual no era nuevo, obviamente, pero Pablo insiste no tanto en observar el sistema sacrificial sino en reconocer que Dios quiere algo ms, desea una autodonacin que no requiere el culto sacrificial. Al mismo tiempo, insiste en que tal sacrificio debe tomar expresiones corporales concretas y previene contra un espiritualismo pietista o un entusiasta dualismo [7] En sntesis, Rom 12, 1 constituye una proclamacin del amor de Dios que invita a la conversin al pagano y a cuanto de pagano hay en la vida de cada uno de los creyentes. Se trata de una exhortacin al cambio vital en razn de la misericordia de Dios, para hacerse, como Cristo, sacrificio, ofrenda, vctima. Por ello afirma:

1Los exhorto, pues, hermanos, por la misericordia de Dios, a ofrecerse ustedes mismos como ofrenda viva, santa, agradable a Dios: este es el culto autntico que ustedes deben realizar.

Pablo marca el tono del texto con la utilizacin del trmino parakalw`, cuya sucesiva conjuncin ou\n remite el imperativo a la dinmica del Evangelio expuesto precedentemente, ms que a su propia autoridad apostlica. Dicha conjuncin establece un vnculo constitutivo no slo con los versculos precedentes (Rom 11, 35-36), con los captulos 9-11 centrados en el tema de la misericordia divina, o con los captulos 5-11, sino con todo el conjunto de la exposicin previa, lo que permite comprender los ltimos captulos de la epstola, no como un apndice, un aadido de ltimo minuto, un ejemplo prctico de lo expuesto, o una simple concrecin moral de unos principios doctrinales considerados como la esencia y finalidad ltima del escrito [8]

La exhortacin engancha una clara dimensin afectiva: Pablo reconoce como “hermanos” (ajdelfoiv), a los fieles de la comunidad cristiana de Roma en general y a los cuales se dirige (uJma`"), haciendo ms familiar la exhortacin. No se trata slo de un elemento estratgico: el ttulo de “hermanos”, aplicado a los miembros de las comunidades cristianas, designa en Pablo a los miembros del pueblo de Dios y evidencia un claro influjo cristolgico, pues es Dios quien hace “hermanos” a los creyentes, al elevarlos al rango de hijos adoptivos en su Hijo (cf. 8, 29).

La preposicin diav tiene la fuerza de un llamamiento que no se refiere a los medios para lograr un fin, sino a la causa de la exhortacin. En castellano no es fcil hacer tal diferenciacin porque la preposicin “por” tiene ambos sentidos (“por medio de” y “en razn de”). Por otra parte, una de las mayores divergencias en las traducciones se refiere al nmero del sustantivo oijktirmw`n tou` qeou', genitivo plural en el texto griego (oiktirmn), aunque la mayora de los estudiosos coinciden en que el trmino original hebreo rahamm tiene un significado singular, y que es ms fiel al sentido del texto hablar de la misericordia como caracterstica ontolgica de Dios [9] . En ella fundamentado, el apstol hace de sus palabras un verdadero “evangelio”, para consolar, edificar y alentar a los creyentes a responder a Dios, misericordioso con la debilidad humana, haciendo de esta motivacin una exigencia obligatoria.

El trmino parasth`sai (“presenten”, “ofrezcan”), manifiesta una opcin cultual que evoca ciertamente el lenguaje tcnico sacrificial por el que el apstol reitera a los cristianos que ellos mismos pueden y deben ofrecerse a Dios [10] . El objeto de esta ofrenda es el “cuerpo” (sw`ma), que expresa la unidad del ser, y la totalidad de la persona [11] , “con un nfasis en la interaccin de la persona con el mundo” [12] . Incluso dentro del mismo contexto sacrificial, la nocin paulina de sma implica la dimensin comunitaria e interactiva pues la “vida corporal” abarca la entera existencia del creyente [13] , su corporeidad, sus concretas relaciones con los dems y con el mundo en la vida diaria [14] , y no slo la parte fsica u orgnica. La existencia cristiana entendida como existencia para Dios y para los otros en una doble finalidad concatenada y complementaria, descubre que este culto corpreo de la vida cristiana es al mismo tiempo un culto “espiritual”, y que el culto espiritual a su vez, consiste en la ofrenda cotidiana del creyente [15] .

Con un sorprendente giro en su aplicacin figurativa de trminos tcnicos clticos a la nueva vida cristiana, Pablo indica la total autodonacin como respuesta a las misericordias de Dios, que es ahora posible y apropiada para sus lectores. Ellos deben “ofrecer” sus cuerpos, su ser, como un sacrificio (qusivan) “viviente”. Mientras los sacrificios envuelven normalmente la destruccin o la muerte de algo que ha sido apartado y consagrado a Dios, los cristianos deben dedicar su persona viviente como un “sacrificio” apartado para ser “santo” y “agradable a Dios”. Se trata de una consagracin espiritual, mental de sus vidas, que puede ser ahora “agradable” a Dios, mientras que los realizados “en la carne” no pueden agradarle (cf. Rom 8,8). Al extender a la vida cotidiana la nocin del “sacrificio” que place a Dios, Pablo se sita dentro de la lnea marcada por los grandes profetas de Israel, que denuncian el sinsentido de sacrificios externos que no reflejan ni conversin personal ni justicia social [16] . Si lo que se ofrece a Dios es la completa existencia del creyente (cf. Rom 6, 10-11), recprocamente se infiere que la “esfera de la santidad” constituida por la presencia de Dios y a la que se diriga la vctima sacrificada, se ampla dramticamente a la totalidad del mbito de la vida [17] .

El sacrificio (thysia) como objeto del culto, est calificado por tres adjetivos que prolongan y desarrollan la dinmica metafrica. Algunos han querido separar los tres adjetivos, vinculando “sacrificio” con “viviente”, y subordinando a este nuevo sujeto las calificaciones de “santa” y “agradable a Dios”, para resaltar el contraste con la ausencia de vida en los animales ofrecidos en sacrificio en el AT y que tambin buscaban ser “santos” y “agradables a Dios”. En algunas traducciones se observa incluso que al sustantivo “sacrificio”, se vinculan las dos primeras calificaciones “vivo y santo” y a este conjunto se subordina y refiere “agradable a Dios” (p. e., la Biblia de las Amricas, Reina Valera) [18] . Pero la ausencia de la conjuncin kai entre los adjetivos, que da lugar a tantas especulaciones podra calificarse simplemente de un efecto oratorio y no hay razn exegtica para separar los trminos en la traduccin [19] .

El participio zw`san (viviente), por cuanto modifica “sacrificio”, se refiere a la naturaleza del acto mismo, que no hace morir la ofrenda. Obsrvese el uso paralelo en Jn 6, 51 (“yo soy el pan vivo...”) y 1Pe 1, 3 (“...para una esperanza viviente). Zsan es probablemente elegido para contrastar el pensamiento de un sacrificio que consiste en la calidad de la vida diaria, con el de un sacrificio incruento de animales; recurdese en consecuencia que sw`ma no es usado en referencia a dicho ltimo sacrificio, sino transportado de una doble lnea: del rito cltico a la vida diaria, de una poca previa de sacrificios incruentos a una caracterizada por el ofrecimiento de la persona y de su vida diaria [20] . El adjetivo aJgivan, comn para describir la dinmica sacrificial, indica aqu que el ofrecimiento de s mismo a Dios implica una “consagracin”, un colocarse aparte de lo profano y una dedicacin al servicio de Dios [21] ; se mantiene el imaginario cltico, pues se trata de un sacrificio “santo” (aJgivan), al estar constituido por personas consagradas “separadas” para Dios; esta santidad como nocin escatolgica, ya presente en el saludo de la epstola (cf. Rom 1,7), es no slo una lgica derivacin de la veterotestamentaria vocacin del pueblo a la santidad (cf. Dt 7,6), sino sobre todo, una realidad ontolgica a partir de la Salvacin en Cristo; por eso, aparte de la significacin cltica consecuente dentro de la metfora, esta santidad tiene claras implicaciones morales. El ltimo adjetivo es: eujavreston tw`/ qew`/. (“agradable a Dios”), antropomorfismo para designar una existencia conforme a los designios divinos [22] . La misma expresin, referida a un sacrificio metafrico se expresa en Flp 4, 18 [23] .

El versculo 1 se cierra con una expresin recapitulatoria, que contina con el uso del lenguaje tcnico sacrificial: th;n logikh;n latreivan uJmw`n. Ofrecerse a s mismos constituye el culto “lgico” o “espiritual” de los cristianos [24] . Logikov" “se podra traducir [por] ‘espiritual’, considerando que el Espritu de Dios anima ya la mentalidad (logs) de los fieles. Es por eso que este culto interior es calificado como ‘santo’ y ‘agradable a Dios’” [25] . Cuando logikos es entendido como “aceptable a la razn humana” (opuesto a “irracional”), algunos textos prefieren traducir por “razonable”, incluso refirindose a la razn y a la naturaleza relacional y reflexiva del ser humano [26] . Cuando logikos es entendido como “adecuado a las circunstancias”, se prefiere el trmino “lgico”, en sentido literal. A pesar de la disimilitud de opciones, lo que es claro es que Pablo no tiene en perspectiva un culto ofrecido con la mente, no pretende simplemente “espiritualizar el culto”, sino por el contrario, proyectar la esfera de lo cltico a todas las dimensiones de la vida, a la realidad “material” y cotidiana [27] . Se trata de una idea muy semejante –incluso en sus trminos– a la que se desarrolla en 1Pe 2, 2.5, y en el fondo, se trata de una comprensin del culto desde una perspectiva escatolgica [28] . En efecto, Pablo proclama una religin en la que la fidelidad hacia Dios se manifiesta por una adhesin “de corazn” que se refleja en los actos de la existencia y se separa de una religin ceremoniosa, cultualmente reglamentada y exteriormente fastuosa [29] . Es lo que suele denominarse “la obediencia de la vida”.

Aunque el primer sentido (racional) podra ser ms acorde –obviamente, sin caer en radicalizaciones intelectualistas– con la renovacin de la mente y la capacidad de discernimiento a las que Pablo se va a referir en el segundo versculo, el nuevo culto puede ser calificado como “espiritual” (logiks), porque en contraposicin con la superficialidad externa que se critica, tiene una dinmica que surge del interior del creyente. Pero que el adjetivo no haga olvidar la insistencia paulina en la “corporeidad” y “materialidad” de la vida cristiana: la “corporeidad” del culto cristiano, no es simple cuestin de actitud interior, sin, como lo afirmar a continuacin, de descubrir y cumplir el querer de Dios mediante un culto “autntico”.

5. El discernimiento de la vida (Rom 12, 2)

El paso que se da en el versculo 2 es coherente. Vivir sintonizados con la voluntad divina es fundamental para todas las religiones y para el judasmo (para el cual significa vivir segn los mandamientos y segn la Ley), pero para el cristiano, el medio para descubrir este querer de Dios no consiste en una realidad externa, sino la “renovacin de la mentalidad”, que debe comenzar en el interior de la persona (cf. 2, 29), como fruto del esfuerzo personal constante y de la accin de amorosa de Dios, considerando stas como acciones incluyentes y complementarias:

2Y no se acomoden al mundo presente, antes bien, transfrmense mediante la renovacin de su mente, de forma que puedan distinguir cul es la voluntad de Dios, lo bueno, lo agradable, lo perfecto”.

La articulacin del texto de los dos versculos est dada por la conjuncin coordinativa kaiv, que marca la profunda vinculacin de contenidos de dos exhortaciones paralelas y complementarias. A continuacin aparece la partcula mhv, que tiene por funcin dar un sentido negativo al verbo sucesivo, suschmativzomai, conjugado en el texto en forma imperativa (suschmativzesqe) [30] , por el que el autor reconoce la capacidad y fuerza de los grupos sociales, normas culturales, instituciones y tradiciones que modelan el comportamiento individual. El presente imperativo, por otra parte, indica que la responsabilidad humana est comprometida, que el individuo puede aceptar o resistir tales estructuras de poder, puede acoger o rechazar tal modelamiento de la conducta “mundana” [31] .

La no conformacin se contexta en tw`/ aijw`ni touvtw/, literalmente, “este siglo”, “esta poca”, el perodo de tiempo en la historia de la humanidad, caracterizada por el dominio del pecado [32] . En consecuencia, Pablo urge a los lectores a “no conformarse” ellos mismos, a no dejarse guiar “por este mundo”, pues el “culto cristiano” indicado en el versculo anterior, implica una constante resistencia a la presin de la era pasajera sobre la existencia corporal del creyente. Desde esta perspectiva, la no conformacin con “el mundo”, ms que una transformacin del mismo, invita a una transformacin interior [33] . Los cristianos deben vivir su vida en el presente de acuerdo con “el tiempo por venir”, distancindose continua y crticamente de “este mundo”, tiempo de desesperanza que est atado y ligado a los poderes del pecado y de la muerte [34] . As, el llamado de Pablo no constituye una especie de escape o abandono de “esta poca”, pues el descubrimiento y realizacin de la voluntad de Dios no se realiza al margen, sino precisamente en “este mundo” y “a travs del mundo” [35] . El cristiano debe aceptar y conocer la realidad que le rodea y que le puede orientar a otra realidad: “el apstol no clama por una salida del mundo, sino por un trnsito escatolgico a travs de este mundo hasta el mundo de Dios” [36] .

Una nueva vinculacin coordinativa concatena la segunda frase de este versculo que presenta el segundo imperativo. Como alternativa a la precedente advertencia contra la “conformacin con este mundo”, Pablo propone una transformacin (ajlla; metamorfou`sqe), que consiste en –o es posibilitada por– la renovacin (anakainsis) de la mente (nous). Pablo contrapone al imperativo precedente, de marcado carcter negativo, un segundo imperativo con fuerte acento positivo. La conjuncin adversativa ajllav (“sino mejor”, “por el contrario”), enfatiza dicho acento al contrastar con la partcula mh;, anteriormente empleada y al orientar la idea hacia el verbo metamorfou`sqai [37] , que se refiere a una transformacin profunda [38] , que implica con certeza un cambio ontolgico, como lo revela el contexto escatolgico que Pablo ha colocado previamente [39] . Se trata adems de un verbo conjugado en presente, lo que manifiesta que la accin indicada (la “renovacin de la mente” que a continuacin ser enunciada), es un proceso inacabado, constante, permanente. Y finalmente, se trata de un verbo presente conjugado en pasivo, lo que deja entrever la accin de Dios que acta por medio de su Espritu en la vida de los creyentes [40] . La percepcin de este poder trascendente que est a la base del cambio enunciado, previene el escapismo de este mundo o el falso espiritualismo, y da paso hacia el medio por el que acta: la renovacin de la mente.

El sustantivo ajnakaivnwsi" (“renovacin”), complementa la “transformacin” indicada en el verbo precedente y seala una relacin de continuidad (de sujeto) - discontinuidad (de criterios). Pero adems, anakainsis, en cuanto dativo instrumental, indica el medio por el cual la transformacin tiene lugar, pues la “novedad” de la “nueva creacin inaugurada por la resurreccin de Cristo, y aplicado a la mente, puede referirse a la potencializacin de una dinmica interior (no ya la del pecado y de la muerte, cf. Rom 7, 23.25), sino la del Espritu que permitir el discernimiento de la voluntad de Dios (cf. 8, 9.13) [41] ; ajnakaivnwsi" se vincula con la kainovth" (“novedad”) de la vida bautismal (cf. Rom 6, 4), que hace del creyente una kainh; ktivsi" (“nueva creatura). Dicha novedad es prolongada por la constante accin del Espritu (cf. 7, 6; 8, 9-13). Por otra parte, los trminos la kainov" y kainovth", tienen en Pablo una clara referencia escatolgica [42] .

La mencin del sustantivo nou`", no se refiere a un dualismo mente-cuerpo. Puede afirmarse que en Pablo, nous designa la totalidad de la existencia cristiana desde una perspectiva interior, casi como sinnimo de “corazn” (kardia), cf. Rom 1, 21 [43] . Incluso, ms que una capacidad intelectual, nous es para Pablo el rgano del discernimiento moral y de la voluntad [44] , aunque no puede ser restringido a este nivel [45] . Pero en cuanto capacidad, el trmino se refiere tambin a un elemento moralmente neutro, que puede favorecer la vinculacin con “el mundo presente” o con “el tiempo por venir”; puede guiar la existencia hacia opciones no gratas a Dios, o puede favorecer el discernimiento y la realizacin de Su voluntad [46] . Por ello es fcil contraponer la “mente vana” y el “corazn entenebrecido” que ha rechazado a Dios, del planteamiento inicial de la epstola (cf. 1, 21.28), con la “renovacin de la mente” aqu indicada. La segunda situacin puede revertir la primera, al asumir una dinmica interior, que no se fundamenta en leyes o sanciones externas. Este nfasis en la transformacin interior, o mejor, en la transformacin que trabaja desde dentro hacia afuera, es caracterstica de la parnesis proftica, pero en Pablo aparece como la va para distinguir el nfasis cristiano del judasmo contemporneo, demasiado tico y centrado en una espiritualidad legalista [47] .

Ello no puede llevar a concluir que la “renovacin de la mente”, excluya a normatividad objetiva ni puede conducir al creyente o a la comunidad a caer en una “moral de situacin”. En efecto, Pablo ha ya clarificado en la epstola, que el cristiano no debe considerar la ley del AT como una gua de conducta completa y autoritativa (cf. Rom 5, 20; 6, 14.15; 7, 4). Qu debe colocarse en su lugar? La renovacin de la mente del creyente. La confianza de Pablo en la mente del cristiano es el resultado de la comprensin paulina del trabajo del Espritu que es el agente de esta renovacin (cf. 8, 4-9) [48] ; y a ella vinculada la habilidad del creyente para determinar lo correcto y lo incorrecto. La renovacin de la mente es un proceso vital. Por eso el cristiano no est sin ley, sino bajo la ley de Cristo (cf. Gal 6, 2; 1Cor 9, 19). Pero sera traicionar la llamada de Pablo si a partir de esos versculos se substituyeran los mandamientos externos con el continuo trabajo de la renovacin de la mente, ya que el cristiano requiere para su orientacin tica, tanto la subjetiva “mente de Cristo” como la objetiva “ley de Cristo” [49] .

La clusula eij" tov indica una finalidad a la “renovacin de la mente” (e incluso al “ofrecimiento” de s mismos del v. 1): se trata de dokimavzein (discernir) la thelma tou Theou (voluntad de Dios). El cristiano, provenga del judasmo o de la gentilidad, debe responder al querer divino con una “mente” renovada, porque es esta transformacin en lo ms profundo de su ser, la que le capacita para “discernir” [50] , para juzgar y realizar opciones concretas y vitales, coherentes con su nueva condicin [51] . Lo que se pretende es la capacidad de formar el juicio cristiano correcto en cada momento dado [52] . No sobra por ello recordar que dokimavzein implica “conocer” y “concordar”, pero exige “realizar”. La dimensin prctica del discernimiento no puede ser pasada por alto, como tampoco el criterio que Pablo da para realizarlo y que constituye la ltima unidad temtica de la percopa: la voluntad de Dios. Criterio que se convierte en finalidad liberadora para el creyente [53] . Una palabra ulterior merece la dimensin comunitaria de esta nueva capacidad: si bien el verbo dokimazein est en infinitivo, el discurso redactado en segunda persona plural, as se explique porque su destinatario es un colectivo, puede abrir nuevos horizontes a la moderna y con frecuencia individualista concepcin del discernimiento. La perspectiva de un proceso de discernimiento en comn y no slo singular puede verse reforzada por la continuidad con la siguiente seccin del escrito, que se dedicar a cuestiones especficas de la vida de la comunidad cristiana. Finalmente, otra pequea observacin de posibles grandes implicaciones: dokimazein conjugado en presente, manifiesta que el proceso de discernimiento no es algo que se realiza de una vez por todas, de una vez para siempre, sino que implica una accin constante, una dinmica existencial [54] .

El pronombre interrogativo tiv, vincula el objeto del “discernimiento”, y declinado en singular, resalta la unicidad de su criterio fundamental: to; qevlhma tou` qeou'. La “voluntad de Dios” es una categora que enmarca y da sentido a toda la revelacin identificndose con la salvacin del hombre, su santificacin (cf. 1Tes 4,3), por la prctica de una vida coherente (cf. Ef 5, 17). Es admirable la confianza que manifiesta Pablo en la capacidad, la fuerza y la potencialidad de la “renovacin de la mente” para conocer la “voluntad de Dios”. El comportamiento que se exige del creyente, sin ignorar las normas concretas, se caracteriza por una constante bsqueda del querer de Dios, en medio de las confusas circunstancias que deben vivirse en este mundo. Y es llamativo el radical contraste que este “discernimiento creyente” presenta con la vana seguridad del judo “que discierne lo mejor, apoyndose en la ley” (cf. Rom 2, 18) [55] . Ello no quiere decir que Pablo anime una tica antinmica, pues el objetivo es “la voluntad de Dios”, y el nfasis es paralelo con el de Jer 31, 31, Ez 36, 26–27 o Sab 9, 9–10.17–18, en donde la motivacin personalmente prescriptiva tiene que venir del constante renovamiento interior, sin negar, el valor moral normativo de la ley [56] .

Tal renovacin de la manera de pensar, capacita al cristiano para “determinar”, lo que es la voluntad de Dios en cada momento de su vida, ya que el bien que se debe conocer y realizar no se deja descubrir y valorar por una norma establecida de manera general y taxativa. Es ese discernimiento continuo de la vida para descubrir el querer de Dios el que constituye el “sacrificio” agradable a Dios, el nuevo “culto” cristiano. En la anterior desesperanza bajo el poder del pecado y de la Ley (7,7-25), era imposible hacer lo que era “bueno” (7, 18-20), o “la voluntad de Dios” (7,12). Pero ahora el creyente es fortalecido por Dios para descubrir y realizar Su voluntad, gracias a la renovacin de la mente, y por tanto, para moldear su vida con el Bien final y futuro por el cual ardientemente espera [57] . Pero adems, este bien (“la voluntad de Dios”), no slo debe ser “discernido” para dejarlo en el campo de la conciencia intelectual, sino que debe ser realizado y llevado a la prctica en la vida cotidiana, como realizacin de la promesa proftica (cf. Jer 31, 33-34). En consecuencia, la conducta se manifiesta como “buena y perfecta” cuando con la renovacin del Espritu el cristiano comprende y realiza la voluntad de Dios [58] . As, el punto central del v. 2 es coherente con el del v. 1: Pablo sostiene una espiritualidad cotidiana y un cotidiano discernimiento del Espritu [59] .

Junto con la ponderacin de la voluntad de Dios como criterio y fin ltimo del discernimiento creyente, Pablo coloca tres elementos que coinciden con este direccionamiento (to; ajgaqovn, to; eujavreston, to; tevleion). Los tres trminos estn regidos por un mismo artculo neutro (tov), y vinculados por una conjuncin repetida (kaiv). Ms que simples descripciones o calificaciones [60] , se colocan en aposicin directa, desarrollando el sustantivo precedente: to; qevlhma tou` qeou` [61] . Los tres adjetivos estn en consecuencia, tomados sustantivamente, como una explicacin de aquello a lo que nos invita la voluntad de Dios, lo que es bueno moralmente, lo que ms agrada a Dios, lo que es perfecto [62] .

El primer trmino de la aposicin es ajgaqovn (“bien”, “bueno”). Podra discutirse si se trata de un adjetivo neutro que califica to; qevlhma tou` qeou' (neutro tambin en griego), o si se trata de un adjetivo sustantivado referido a la nocin de “bien”. Una posicin intermedia, que excluya la total abstraccin y que no lo relegue a un simple calificativo sino que consecuente con la aposicin entienda el trmino como “lo bueno”, no puede ignorar esta advertencia: “Es necesario descartar desde el comienzo la idea abstracta de “bien” y de “mal” en s, pues estas son nociones que implican ambas la operacin correspondiente: se trata de hacer el bien y de hacer el mal” [63] . La misma observacin vale para los dos trminos sucesivos.

El trmino ajgaqovn designa ante todo la bondad que distingue a Dios en su esencia (cf. Mc 10, 18s; Mt 19, 16s; Lc 18, 16s). La expresin no se refiere a un idealismo moral, sino que encuentra su sentido en el contexto previo: la renovacin de la mente, que posibilita el discernimiento de la voluntad de Dios, y que permite descubrir en lo cotidiano de la vida el bien al cual hay que apegarse (cf. Rom 12, 9), para el cual hay que estar siempre listo (cf. 16, 19), y en el cual hay que ser perseverantes (cf. 2, 7); se trata de una posibilidad-obligacin tanto para el judo como para el griego (cf. 2, 10). Es gracias al bien que se construye la fraternidad (cf. 15, 2) y se vence el mal (cf. 12, 21). Sera interminable recordar las invitaciones presentes en la Escritura para que el amor se concrete en la vida. Baste aqu sealar que en consecuencia con el razonamiento paulino, la mente renovada que discierne la voluntad de Dios y descubre lo bueno, lo concreta en la vida (el bien) y as realiza el querer divino. To agathon es en ltimas, expresin del amor cristiano (cf. 12, 9).

En segundo lugar, to; eujavreston es un trmino que ya haba sido utilizado en v. 1 para calificar el “sacrificio agradable a Dios”. En el presente contexto, no se refiere al sustantivo “sacrificio”, y adems no cumple una funcin adjetiva para describir “la voluntad de Dios”, sino que la desarrolla en cuanto trmino de aposicin, es decir, describiendo de otra manera lo que Dios quiere [64] .

Ahora bien, si eujavresto" se vincula con el trmino anterior (agathon) y el sucesivo (teleion), podra pensarse en un conjunto de categoras complementarias no jerarquizadas, como criterios concomitantes al proceso de discernimiento de la mente renovada (es decir, no en el sentido que sera “ms” “lo perfecto” que “lo que agrada a Dios”, y estos a su vez que “lo bueno”). En coherencia con la lgica desarrollada hasta el presente, Pablo se esfuerza por brindar las herramientas necesarias para que la conciencia creyente pueda discernir y realizar la voluntad de Dios. Hay, en efecto, muchos elementos y acciones que pueden ser perfectos desde distintos puntos de vista (cientfico, p. e.), pero que pueden no agradar a Dios; hay cosas que pueden agradar a Dios (p. e. la oracin), pero que en determinados momentos pueden no ser buenas (como escape mstico o como evasin del compromiso cristiano). Pablo se coloca en la situacin del creyente que puede padecer la angustia de no tener un referente “externo” y universal y trata de brindarle alternativas complementarias.

Finalmente, tevleio" es un trmino que tanto en la literatura profana como en la Escritura es utilizado con un sentido de “ntegro”, “completo”, “sin defecto”; en los LXX, suele corresponder al hebreo tmm, cuyo significado es prioritariamente cultual en relacin con los animales del sacrificio (cf. Ex 12, 5; Lv 1, 3, passim); pero que en sentido moral, expresa integridad religiosa y total fidelidad a Dios [65] . Aunque la nica mencin del vocablo dentro de la epstola a los Romanos se da en este versculo, es bueno considerar algunas referencias iluminadoras; en primer lugar, se trata de lo perfecto en sentido escatolgico (cf. 1Cor 3, 10), que tiene a Cristo como modelo de referencia (cf. Col 1, 28), y que construye la unidad de la comunidad (cf. Ef 4, 3); interesante observar que Santiago presenta “lo perfecto” al mismo tiempo como una meta para el creyente, como un don de Dios, y como camino de bienaventuranza (cf. Sant 1, 4.17.25). Y de obligada referencia en este contexto, la invitacin a la perfeccin (cf. Mt 5, 48), concretada en el mandamiento del amor (cf. Mt 22, 37.39). As, Pablo ha optado por una categora ms carismtica que la de un ritualismo perfecto [66] .

Se trata de una opcin que se deriva de la dinmica espiritual y existencial de la vida cristiana. Dada la amplia brecha histrica y cultural entre el mundo bblico y el nuestro y los numerosos y polifacticos dilemas de la vida moderna, los valores perennes del Evangelio tienen que ser discernidos y vividos en contextos radicalmente diversos; los desafos tecnolgicos, los debates morales, las encrucijadas cotidianas no pueden ser resueltas con base en una normatividad detallada y taxativa. Por ello Pablo ofrece una carta de navegacin para la vida cristiana, no exenta de riesgos y sin seguro contra equivocaciones, en la que la “mente renovada” puede discernir y vivir lo que es el querer de Dios, lo bueno, lo aceptable, lo perfecto [67] .

Conclusin

El texto de la epstola a los Romanos y en particular el pasaje comprendido en los vv. 1 y 2 del captulo 12, no slo es importante dentro de la formacin bblica y teolgica, sino que es til en diversos servicios pastorales, en el acompaamiento de procesos espirituales, individuales, grupales e institucionales. Pero es mucho ms relevante cuando se deja de considerarlo como un texto “para los otros”, y se vive como un criterio de vida desde la clave del discernimiento personal y comunitario, pues sin contraponer el “santo sacrificio de la Eucarista” y el “culto espiritual” y cotidiano, la ofrenda agradable a Dios no puede –ni debe ser otra–, que la vida recta.

Yendo un poco ms all, se puede plantear incluso la posibilidad de leer la epstola a los Romanos desde la profunda vinculacin existente entre Pablo y Jess, desde la fidelidad existente en el dinamismo misionero del primero y el mensaje del segundo, es decir, desde la perspectiva del euangelion de Jess. En efecto, “despus que Juan fue entregado, march Jess a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios: ‘el tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios est cerca; convirtanse y crean en la Buena Nueva! (Mc 1, 14-15). Esta primera sntesis del euangelion acrecienta el paralelismo entre la figura de Jess y la de Pablo al escribir Romanos. Como Jess, predicador que atraviesa pueblos y aldeas “anunciando el Evangelio”, y el apstol infatigable recorre medio mundo argumentando, exponiendo, la Buena Noticia. Como Jess proclama y ensea con autoridad (cf. Mc 1, 22), Pablo exhorta de la misma manera: “Parakalw` ou\n uJma`", ajdelfoiv, (Rom 12, 1). Jess fundamenta su exhortacin en una motivacin (o{ti [...] h[;ggiken hJ basileiva tou` qeou`), que en el contexto de sus oyentes podra tener una significacin semejante al dia; tw`n oijktirmw`n tou` qeou' paulino. Adems, no podra coincidir metanoei`te con todo el contenido de Rom 12, 2? Y con la no acomodacin con “este mundo”? No es semejante la redaccin en imperativo y el tono de urgencia subyacente en ambas exhortaciones? Y no podra hacer parte el “culto espiritual” el pisteuJete evn tw`/ eujaggelivw/?

Metanoei`te kai pisteuvete, como el corazn del mensaje del Evangelio, no deja de ser, en definitiva, una “transformacin constante” por la “renovacin de la mente”: ambas estn formuladas en imperativo, segunda persona del plural, con mltiples implicaciones y posibilidades comunitarias. Ambas expresiones sealan una dimensin interior que relativiza las prcticas cultuales y la obediencia de la ley como puerta de acceso a la justificacin, y sealan un mensaje directo y simple: la universal voluntad salvfica de Dios, exige ser discernida por cada creyente y por cada comunidad y eso es lo que constituye la experiencia vital del creyente. Se trata de un proceso que implica discernir la propia vida desde la perspectiva de la fe en el Dios Padre amoroso que en Jesucristo nos manifiesta su proyecto salvfico y en el Espritu nos renueva y capacita para responder a su Gracia. Esta dinmica vital implica el esfuerzo por “sintonizarnos” de manera constante con el proyecto amoroso de Dios sobre nosotros, exige vencer las sombras, dudas y confusiones que con frecuencia nos abaten, significa aprender a descubrir y encarnar la voluntad divina. Esa sabidura cristiana es lo que denominamos “discernimiento de la vida” y su estructura puede ser comprendida a la luz de la enseanza de Pablo en Romanos 12, 1-2 como una actividad proftica del creyente y como un dilogo abierto, crtico y receptivo del hombre con Dios.



* Presbtero de la Arquidicesis de Bogot y formador en el Seminario Mayor. Licenciado en Educacin, Magister en Psicologa (Universidad Javeriana, Bogot), Especializado en Sagrada Escritura (Escuela Bblica, Jerusaln), Doctor en Teologa (Universidad Gregoriana, Roma), Doctor en Derecho Cannico (Universidad Santo Toms, Roma).

[1] Cf. Grelot, P., L’ptre de saint Paul aux Romains, 152.

[2] Cf. Byrne, B., Romans, 361-362.

[3] Cf. Dunn, J., Romans 9-16, 705.

[4] Cf. Kertelge, K., Carta a los Romanos, 203.

[5] Cf. Evans, C., “Rom 12:1–2: The True Worship”, 31; Dunn, J., Romans 9-16, 709.

[6] Cf. Dunn, J., Romans 9-16, 705.

[7] Cf. Dunn, J., Romans 9-16, 715-717.

[8] Cf. Lgasse, S., L’ptre de Paul aux Romains, 759.

[9] Cf. Moo, D., The Epistle to the Romans, 749.

[10] Cf. Heil, J., Paul’s Letter to the Romans, 138.

[11] Aunque podra colocarse como principio general, aqu de manera ms clara an, se hace evidente que para Pablo entiende por “cuerpo” la totalidad de la persona humana y no solamente su realidad orgnica (cf. Grelot, P., L’ptre de saint Paul aux Romains, 152).

[12] Moo, D., The Epistle to the Romans, 375.751.

[13] Byrne, B., Romans, 363.

[14] Cf. Ksemann, E., Commentary on Romans, 327.

[15] Cf. Kertelge, K., Carta a los Romanos, 204.

[16] Cf. Byrne, B., Romans, 363. Baste observar, p. e., 1Sam 15, 22; Isa 1, 10-20; Jr 6, 20), Os 8, 11-13; Am 5, 21-27, passim.

[17] Cf. Byrne, B., Romans, 365.

[18] Cf. Cranfield, C., Romans IX-XVI, 600.

[19] Cf. Schreiner, T., Romans, 644.

[20] Cf. Dunn, J., Romans 9-16, 710.

[21] Cf. Moo, D., The Epistle to the Romans, 751.

[22] La expresin euarestos ti thei se vuelve a encontrar en Rom 14, 18; Flp 4, 10; vase tambin en 2Co 5, 9; Ef 5, 10. En Ga 1, 10, Pablo critica a los que quieren “agradar (areskein) a los hombres”, y en 1Tes 2, 16, define a los Judos como aquellos que no agradan (m areskontes) a Dios, en oposicin al Evangelio.

[23] Cf. Dunn, J., Romans 9-16, 710-711.

[24] Cf. Cranfield, C., Romans IX-XVI, 602-605.

[25] Grelot, P., L’ptre de saint Paul aux Romains, 152.

[26] cf. Moo, D., The Epistle to the Romans, 752-753.

[27] Cf. Ksemann, E., Commentary on Romans, 327-328.

[28] Cf. Schreiner, T., Romans, 645-646.

[29] Cf. Dunn, J., Romans 9-16, 711-712.

[30] Ha sido larga la discusin sobre la raz sch`ma y la superficialidad o profundidad de la transformacin con ella implicada [30] : en el uso extrabblico, sch`ma significa “actitud” o “modo de comportarse o aparecer, “forma”, “figura”; en el NT slo aparece en Flp 2, 7 y en 1Cor 7, 31; de manera asociada aparece como metaschmativzw (“transformar”, “convertirse”, en Flp 3, 21; 1Cor 4, 6; 2Cor 11, 13-15). La discusin se centra en saber si sch`ma se refiere a la figura exterior y superficial y morfhv al modo de existir, al ser ntimo, a la realidad profunda. En realidad, tal oposicin no se encuentra en Pablo, como se constata en Flp 3, 21.

[31] Cf. Dunn, J., Romans 9-16, 712.

[32] Cf. 1 Cor 1, 20; 2, 6.8; 3, 18; 2Cor 4, 4; Ef 1, 21; 2,2. cf. Moo, D., The Epistle to the Romans, 755.

[33] Cf. Ruiz, D., “La ofrenda de la vida”, 167.

[34] De aqu podra derivarse incluso una invitacin a no conformar demasiado las estructuras eclesiales con las estructuras y formas de este mundo

[35] Cf. Ksemann, E., Commentary on Romans, 328.

[36] Kertelge, K., Carta a los Romanos, 206.

[37] Este verbo suele presentar una paronomasia con suschmativzesqai en sus traducciones al castellano (transformacin conformacin) y a otras lenguas (transformed conformed), que no aparece en el texto griego en el que ambos verbos vienen de dos races diversas [37] ; el paralelismo formal, estructural y funcional, sin embargo, ha dado origen a numerosos estudios que comparan el grado y sentido de los cambios expresados y pretendidos.

As, puede argumentarse que syschmatizesthai (“conformarse”) implica un cambio externo referido a la adopcin de apariencias exteriores, mientras metamorphousthai (“transformarse”) enfatiza el interior, vinculado a las convicciones profundas del hombre, y que Pablo quiere resaltar y dar superioridad a la transformacin profunda en contraposicin con la conformacin “mundana”. Pero de la misma manera, puede responderse que la “conformacin con este mundo” no tiene nada de superficial y que el anlisis lexicolgico del vocabulario paulino no permite tal confrontacin. En consecuencia, no puede hacerse una diferenciacin absoluta entre syschmatizesthai, y metamorphousthai, y por ello existe un amplio consenso que acepta la relativa sinomimia de los dos verbos en el griego koin. La distincin no tiene validez adems, porque baste observar los dos sustantivos que estn a la base de los verbos (schma y morph), y constatar que son frecuentemente usados como sinnimos y que incluso son combinados (metaschmatiz) con significado de “disfrazarse” (superficial) en 2Co 11, 13.14.15, o de transformacin (profunda) en Fil 3, 21.

[38] Cf. Ziesler, J., Paul’s Letter to the Romans, 294.

[39] El trmino aparece otra vez en Pablo (2Co 3, 18) y dos veces en los Evangelios (en el relato de la transfiguracin de Jess en la montaa: Mc 9, 2, par. Mt 17, 2). Aqu, se trata claramente de una transformacin profunda, expresada en pasivo (metamorphousthe), en el sentido de “dejarse transformar” (Cf. Lgasse, S., L’ptre de Paul aux Romains, 761-762).

[40] Cf. Dunn, J., Romans 9-16, 713; Evans, C., “Rom 12:1–2: The True Worship”, 27-28).

[41] Cf. Moo, D., The Epistle to the Romans, 756.

[42] Cf. 6, 4; 7, 6; 2Cor 5, 17; Gal 6, 15. Cf. Schreiner, T., Romans, 642-648. Vedi etiam Ruiz, D., “La ofrenda de la vida”, 169-170.

[43] Cf. Byrne, B., Romans, 332.

[44] Cf. Moo, D., The Epistle to the Romans, 118.

[45] Cf. Ksemann, E., Commentary on Romans, 330.

[46] Nou`", es un trmino ms neutral con el cual expresa la debilidad humana (cf. 1, 28; Col 2, 18; Ef 4, 17), tanto como su renovacin (cf. 7, 23.25; 14, 5; 1Cor 1, 10; 2, 16). El pneu`ma (“espritu”) indica mejor que nou`" la condicin divina del hombre (cf. 1Cor 14, 15; Ef 4, 23). Cf. Dunn, J., Romans 9-16, 714.

[47] Cf. Dunn, J., Romans 9-16, 714.

[48] Cf. Ksemann, E., Commentary on Romans, 331.

[49] Si por todo lo anterior, el trmino se refiere a la totalidad del hombre, al hombre en su opcin moral, de cara a Dios, es claro que nous no puede ser traducido aqu por “espritu” favoreciendo un anlisis maniqueo o una confusin con pneuma, ni tampoco por “razn” o “inteligencia”, trminos que podran ser reducidos slo al plano intelectual. “Conciencia”, de rico significado en s mismo, es un trmino que carga muchas veces una implicacin moralista negativa. “Mente” o “mentalidad”, podran ser la traduccin ms adecuada. En tal sentido, el creyente puede ser “transformado” mediante “la renovacin de la mente”, que permite la continua transformacin de la vida presente, para que no se conforme con “este mundo” sino con la esperanza futura, con el mundo de Dios por venir.

[50] Cf. Dunn, J., Romans 9-16, 714-715.

[51] Cf. Michel, O., Der Brief an die Rmer, 194.

[52] Cf. Fil 1, 9-10; Tes 5, 21; Ef 5, 10.17. En este sentido, diakrivnein (cf. 1Cor 2, 13-15; 12, 10; 14, 29) aparece como equivalente de dokimavzein (cf. 1Jn 4, 1), para indicar el proceso de toma de una decisin tras considerar diversas alternativas de conducta (cf. Byrne, B., Romans, 366).

[53] El discernimiento espiritual es la expresin de la libertad cristiana que percibe la verdad del evangelio bajo la mocin dinmica del Espritu (Ruiz, D., “La ofrenda de la vida”, 175).

[54] Cf. Ruiz, D., “La ofrenda de la vida”, 171.

[55] Cf. Byrne, B., Romans, 364.

[56] Cf. Dunn, J., Romans 9-16, 714-715.

[57] Cf. Heil, J., Paul’s Letter to the Romans, 138.

[58] Cf. Kertelge, K., Carta a los Romanos, 205.

[59] Cf. Dunn, J., Romans 9-16, 714-715.

[60] Cf. Ziesler, J., Paul’s Letter to the Romans, 295.

[61] No se debera traducir entonces [para discernir...] “lo que es la buena y agradable y perfecta voluntad de Dios”, sino “lo que es la voluntad de Dios, lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto” (cf. Moo, D., The Epistle to the Romans, 757).

[62] Cf. Lagrange, M.-J., Saint Paul: Eptre aux Romains, 295.

[63] Lgasse, S., L’ptre de Paul aux Romains, 170.

[64] Cf. Dunn, J., Romans 9-16, 715.

[65] Cf. Lgasse, S., L’ptre de Paul aux Romains, 767.

[66] Cf. Dunn, J., Romans 9-16, 715.

[67] Cf. Byrne, B., Romans, 365.