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POR UNA IGLESIA DE INCLUSIN
IGLESIA UNIVERSAL, IGLESIA DE COMUNIN

Juan Alberto Casas
John Jairo Rodrguez
Diego Rodrguez

Estudiantes de I, II y III de Teologa

Empecemos por preguntamos cul es esa realidad a la que llamamos Iglesia. Pues bien, en trminos muy sencillos y concretos la Iglesia es la comunidad de bautizados; tambin llamada la comunidad de hijos de Dios, Pueblo de Dios [1] y Sacramento Universal de Salvacin [2] . Ella fue fundada por el mismo Cristo [3] , quien es su cabeza y piedra angular, y edificada sobre el cimiento de los Apstoles. La palabra Iglesia proviene del griego “ekklhsia y significa "convocacin", designa a la asamblea del pueblo, sobre todo de carcter religioso. En el texto griego del A.T. se utiliza para designar al pueblo elegido en la presencia de Dios; cuando la primera comunidad de los que crean en Cristo utiliza este nombre, se reconoce heredera de aquella asamblea. En el lenguaje cristiano, la palabra "Iglesia" designa no slo la asamblea litrgica, sino tambin la comunidad local o toda la comunidad universal de los creyentes [4] .

Ahora nos referiremos al trmino comunin, que es el tema que pretendemos abordar en este ensayo. La comunin debe ser entendida a la luz de la revelacin, pues desde su raz trinitaria pueden quedar armonizadas las complejas dimensiones de la comunin e incluso la variedad de significaciones que se le atribuyen. Su punto de referencia es la experiencia de Cristo y sus Apstoles, sin embargo, no es posible hablar de comunin en estricto sentido cristiano, slo hasta despus de la Pascua cuando la misin de Cristo se consuma en su glorificacin y la efusin del Espritu Santo da el sentido pleno de la salvacin. Esta comunin posee una base y una experiencia sacramental: el bautismo, que es el inicio de la comunin, porque hace participar en el misterio de la Pascua y da la filiacin divina en Cristo por el Espritu. Es aqu, por tanto, donde se evidencia el dinamismo trinitario por el cual se produce la comunin: la salvacin viene del Padre por el Hijo en el Espritu Santo. Ello significa que el fin ltimo de la salvacin, es la participacin en la comunin trinitaria.

Esta comunin es siempre abierta, es comunicacin e integracin. No puede ser de otro modo en la medida que arranca del misterio del Dios trinitario que engloba a todo y a todos. La comunin por tanto abre a la misin universal. En su ejercicio concreto la comunin genera el anuncio y el testimonio. Anuncio: la glorificacin de la salvacin que Dios comunica mediante el acontecimiento pascual, que tiene como consecuencia la comunin eclesial, el compartir y el celebrar en comn. Testimonio: muestra la capacidad transformadora de la novedad cristiana. Estas dos son exigencias de la dinmica de la comunin.

La Iglesia es sacramento de la comunin: ella vive de, en y para la comunin que la santa Trinidad establece en el seno de la historia. La Iglesia es, desde este punto de vista, la presencia pblica, en la publicidad de la historia humana, de la acogida humana del don de Dios. Por ello la Iglesia puede ser considerada sacramento de la comunin del Dios trinitario; ella se hace presente como Pueblo de Dios, Cuerpo de Cristo y Templo del Espritu Santo. As lo proclama el Concilio Vaticano II que presenta a la Iglesia como sacramento de la unidad del gnero humano, sacramento de la unin intima con Dios [5] .

Por esta razn "todos los hombres estn invitados al Pueblo de Dios. Por eso este pueblo, uno y nico, ha de extenderse por todo el mundo a travs de todos los siglos para que as se cumpla el designio de Dios, que decidi reunir a sus hijos dispersos (cf. Jn 11, 52). Para ello, en efecto, envi Dios a su Hijo, a quien nombr heredero de todo (cf. Hb 1,2) para que sea Maestro, Rey y Sacerdote de todos, Cabeza del pueblo nuevo y universal de los hijos de Dios. Para ello, finalmente, envi Dios al Espritu de su Hijo, Seor y Dador de vida. l es, para toda la Iglesia y para todos y cada uno de los creyentes, el principio de comunin y de unidad en la enseanza de los Apstoles, en la comunidad de vida, en el partir el pan y en las oraciones (Hch 2,42). Por tanto, el Pueblo de Dios lo forman personas de todas las naciones, ya que de todas ellas toma sus ciudadanos, ciudadanos de un Reino que no es de naturaleza terrestre, sino celeste. Todos los creyentes, en efecto, extendidos por todo el mundo estn en comunin con los dems en el Espritu Santo" [6] .

SOMBRAS DE LA IGLESIA DE HOY:

Una Iglesia de exclusin

Ya hemos abordado la teologa de la comunin, la cual tiene como conclusin que la Iglesia es sacramento y signo de comunin entre los hombres. Sin embargo, no podemos cerrar los ojos a tantas realidades de divisin, injusticia y exclusin que se dan ad intra y ad extra de la Iglesia. Esta realidad ya era denunciada por el Papa Juan Pablo II en su carta apostlica “Tertio Millenio Adveniente en la cual afirma que los cristianos" a las puertas del nuevo milenio deben ponerse humildemente ante el Seor para interrogarse sobre las responsabilidades que ellos tienen en relacin con los males de nuestro tiempo. La poca actual junto a muchas luces presenta igualmente no pocas sombras" [7] .

Sigue el santo Padre enunciando algunas realidades que pueden considerarse sombras de nuestro tiempo:

1. La indiferencia religiosa, que lleva a muchos hombres a vivir como si Dios no existiera o a conformarse con una religin vaga.

2. Prdida del sentido trascendente de la existencia humana.

3. Extravo en el campo tico.

4. Relativismo tico.

5. Secularismo.

6. Vida espiritual en incertidumbre.

7. Falta de discernimiento.

8. Graves formas de injusticia y marginacin social.

Igualmente, con la Constitucin Pastoral del Concilio Vaticano II se pone de manifiesto la responsabilidad de los creyentes en algunas formas de atesmo terico y prctico, por el descuido en educar su fe, o por una exposicin deficiente de la doctrina, o tambin por los defectos de su vida, en vez de revelar el rostro autntico de Dios y de la religin, se ha de decir que ms bien lo velan.

Tampoco es oculto cmo muchos pastores se convierten en un escndalo para el pueblo de Dios y son signo de divisin y exclusin en las comunidades que les han sido encomendadas; en ellos se refleja claramente la queja de Dios en el libro de Ezequiel [8] .

La Arquidicesis de Bogot, en el proceso de escucha del snodo, encontr que se ve a la Iglesia, pueblo de Dios, diluida; donde prima la visin de esta como institucin y no como comunin. [9]

No es el propsito atacar a la Iglesia, sino reconocer que aquello que afirma el concilio Vaticano II sobre la lucha (divisin) que enfrenta el hombre en su interior [10] no es ajena a los cristianos. El creyente tambin corre el riesgo de dejarse llevar por su qumoV (deseo de xito), que le lleva a matricularse en el sistema (econmico, cultural, religioso, poltico...) que quiere imponerse en la actualidad y que busca el dominio individual del hombre sobre sus hermanos lIevndolo a la exclusin y la divisin.

Todo lo anterior no nos puede hacer quedar con los brazos cruzados sino que nos ha de llevar a buscar alternativas y soluciones cristianas que llenen de sentido no slo la vida de los creyentes sino la realidad misma de todo hombre.

DESAFOS PARA LA IGLESIA HOY:

Una Iglesia de inclusin

"Las consideraciones acerca de la santidad de la Iglesia, de su carcter proftico y de su vocacin celebrativa, nos llevan a reconocer algunos desafos que nos parecen fundamentales, a los que es preciso responder para que la Iglesia sea plenamente en Amrica Latina y el Caribe el misterio de la comunin de los hombres con Dios y entre s" (Santo Domingo N 38).

La exclusin, en sentido amplio, consiste en la marginacin de un individuo o de un grupo humano respecto a la sociedad en general o a conglomerados especficos; dicha marginacin no implica necesariamente el rechazo o el exilio respecto al grupo excluyente; solo bastan actitudes de indiferencia, aislamiento, negacin de derechos o de privilegios de la mayora, en pocas palabras, no reconocimiento del carcter de persona con igualdad de derechos que tiene el otro [11] . Y este fenmeno se ha visto altamente difundido, aunque no de manera explcita - en la mayora de los casos -, por la cultura neoliberal y globalizante del mundo de hoy: se ha impuesto la seleccin natural con la supervivencia del ms fuerte, del que tiene ms posibilidades de triunfar - as tenga que pasar sobre los intereses de los dems -, del que posee reconocimiento social, del que posea buena figura... Y el resto... existe el resto?..Estos son los pobres de hoy en da: los desempleados, los desplazados, los minusvlidos, los discapacitados, los rebeldes, los delincuentes, las prostitutas, los drogadictos, los criticados, los olvidados... Ms all de las definiciones de tipo socioeconmico, los excluidos llegan a ser los pobres por los que la Iglesia dice haber optado. En ellos, en las cruces de la historia, Dios extiende su presencia por el Espritu; en ellos la persona del Hijo sufre en su solidaridad hasta la muerte con las vctimas de todas las pocas. [12]

Como se ha podido ver, la situacin problemtica de exclusin en la que se ha visto inmersa, de diversas maneras, la cultura y la sociedad contempornea, no ha sido ajena a la realidad intraeclesial que, por su dimensin humana no ha escapado, en muchos aspectos, al fenmeno excluyente y de divisin. Este hecho nos lleva a plantear, a la luz del mensaje evanglico y del magisterio, una serie de retos y desafos a los que la Iglesia tendr que responder para conservar la universalidad de la salvacin de la que es sacramento.

En primer lugar, aparece el desafo de la reinclusin de la Iglesia dentro de la sociedad contempornea que la considera extraa, lejana, incomprensible y diluida, es decir, no encarnada en el mundo [13] , debido a que ante los cambios y revoluciones culturales la Iglesia qued falta de la seguridad y claridad del mundo del pasado y falta de la plena adaptacin al mundo contemporneo. Entonces intent formas de lenguaje cuyo alcance no meda del todo. Qued llena de grandes principios de renovacin que no acertaba llevar a la prctica sino en cosas pequeas, y desconcertada porque los intentos pastorales no surtan el efecto esperado. Se consol un poco diciendo que "todava hay gente buena" y con esta frase se estaba refiriendo a miles de personas de alma limpia que no hacen mal a nadie y que son sencillos creyentes. Pero quedaban atrs o a un lado multitudes completamente alejadas de la Iglesia. Se engrosaba el grupo de los que practicaban un minimum de religin personal voluntariamente separados de la vida de la Iglesia. Fue quedando cada vez ms marginada de lo que las gentes pensaban y sentan; lleg a vivir un verdadero aislamiento cultural. As, surge la exigencia de una verdadera actitud misionera, convencidos de que del Evangelio sale de verdad una vida ms humana y ms feliz para cualquier hombre de hoy.

De aqu se desprende un segundo desafo consistente en la necesidad de conocer ese mundo de hoy y el querer actuar como evangelizador dentro de l. Es imposible llevar a cabo una accin pastoral en medio de una cultura si no se le conoce. Se trata no solo de un conocimiento terico sino prctico, pues debe sentirse la problemtica de hoy, entender los sistemas de lenguaje y produccin simblica, captar la direccin de sus tendencias. [14] Y dando un paso ms, impulsada por el dinamismo de la Encarnacin que lleva a descubrir los valores existentes en las culturas, es necesario que la Iglesia reconozca e identifique los valores de la cultura y de su religin como "semillas del Verbo”. Las culturas, tanto en su dimensin simblica como en su dimensin tica son eco de la voz de Dios que siempre se dirige a la sociedad y a cada subjetividad humana. Ellas no pueden, por tanto, ser consideradas solamente como medios en el proceso de inculturacin, sino un componente en el cual se edifica el Reino de Dios. [15]

Frente al cuadro trazado, la Iglesia no puede mirar la realidad con una postura monocultural, pero tampoco puede guiarse por una cultura monoreligiosa. El crecimiento cuantitativo de otras cosmovisiones y denominaciones religiosas debe llevar al catolicismo a una "in-religiosidad" del cristianismo, en el sentido de aceptar que la fe cristiana est presente en un Dios en contacto con todos los pueblos y en una Iglesia pluricultural. [16]

Lo anterior nos lleva a la consideracin de los desafos que tiene la Iglesia de frente a las situaciones de exclusin que dentro de ella se manifiestan: Es necesario recuperar en la Iglesia la "simpata social", el sentir con los que sufren, con los que son excluidos. Los agentes pastorales, empezando especial y tristemente con el clero, han desarrollado estilos de vida ad intra ajenos a la problemtica del hombre de hoy; hay que ver, por ejemplo, las construcciones parroquiales, y no slo las de sectores pudientes sino la de zonas marginales: la vida cmoda y sofisticada del prroco contrasta con la miseria y el sufrimiento cotidiano de los fieles. En medio de una Iglesia que se llama solidaria y fraterna se evidencia la desigualdad; los principios de corresponsabilidad y subsidiaridad slo se hacen patentes entre los miembros del clero o de comunidades religiosas, no en toda la Iglesia como comunin de todos los bautizados. Es necesario superar en la institucin eclesial, si quiere en verdad ser considerada comunidad de discpulos y hermanos en Cristo, la existencia de privilegios y formas de vida exclusivas para unos pocos. Para ser la Iglesia que opta por los pobres o la Iglesia de los pobres, no basta con asistir a los pobres o vivir entre ellos, es necesario hacernos pobres con ellos buscando su promocin y plenitud de vida; si el Hijo se anonad tomando la condicin de siervo, los discpulos del Hijo no pueden hacer menos; el siervo no es ms que su amo...

Esto lleva a la necesidad generar una Iglesia en la que tengan lugar todos aquellos que han sido desterrados, de una u otra forma por la sociedad o sus ideologas discriminatorias; una Iglesia de los pobres, una Iglesia de los excluidos. Para ello se requiere superar el esquema pastoral de atencin a masas o "conglomerados cristianos" reconociendo que ya no vivimos en perodos de cristiandad o de conversiones masivas [17] ; es necesario ir al hombre y no al hombre in abstracto sino a aquel que tiene una historia, una situacin particular, una vida por compartir, el deseo de ser reconocido como persona que tiene grandes riquezas y valores para aportar y que puede ser parte activa de la comunidad que es sacramento Universal de Salvacin y Comunin.



[1] L.G 9.

[2] A.G. 1.

[3] Po XII, Mystici corporis, N 18, Paulinas, Bogot 1963.

[4] Cf. CEC 751 y 752.

[5] LG 1,48, 59; GS 59.

[6] LG 13.

[7] Opus Cit 36.

[8] Ez 34,1-6.

[9] SNODO ARQUIDIOCESANO DE BOGOT, Declaraciones Sinodales, Publicaciones de la Arquidicesis de Bogot, Bogot 1998, p.20.

[10] GS 13.

[11] Este fenmeno es llamado “exclusin social”, expresa la situacin de una sociedad fragmentada, dual, caracterizada por la negacin o inobservancia de los derechos sociales, econmicos y culturales de un conjunto de la poblacin en GARAY Luis Jorge (coord), Colombia entre la exclusin y el desarrollo, Contralora General de la Repblica, Bogot 2001 p. 3.

[12] Cf. GONZLEZ Antonio, “El Dios de los pobres”, en Trinidad y liberacin. La teologa trinitaria considerada desde la perspectiva de la teologa de la liberacin, UCA, p. 227 – 235.

[13] Declaraciones sinodales p.20.

[14] MENDEZ MUNEVAR Ral, Por una Iglesia viva. Propuestas para el discernimiento. Penetracin y adecuacin de la pastoral en la cultura contempornea, Publicaciones de la Arquidicesis, Bogot 1996 pp. 22-25.

[15] BRIGHENTI Agenor, Por una Evangelizacin inculturada. Principios pedaggicos y pasos metodolgicos, Paulinas, Bogot 1997 pp. 74 – 109.

[16] Ibid.

[17] Lo corporativo de la globalizacin que est imponiendo un horizonte individualista, no personalizado, insensible a lo que acontece localmente, cuya dinmica hace creer al pueblo que no es posible el cambio, lleva a descubrir la pastoral de pequeas comunidades como una tarea indispensable para la personalizacin de la pastoral y para potenciar y dar fortaleza a la misma pastoral de multitudes en CELAM, Globalizacin y Nueva Evangelizacin en Amrica Latina y el Caribe. Reflexiones del CELAM 1999-203. Bogot 2003, N449.

C.f. Declaraciones Sinodales p.46