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Jos Roberto Ospina Leongmez, Pbro.

Rector Seminario Mayor de Bogot
Licenciado en Biblia
Instituto Bblico, Roma

Vivimos una poca de violencia creciente no slo en nuestro pas sino en el mundo entero. Las preguntas que todos nos hacemos son: por qu somos incapaces los seres humanos de
convivir pacficamente? Por qu tenemos que destruirnos unos a otros? Adems, no est justificada la violencia en la Biblia? El Dios que presenta la Biblia, acaso no es un Dios guerrero, el Seor de los ejrcitos? Qu decir al respecto?

Sin pretender abarcar el tema ni recorrer toda la Sagrada Escritura, quiero presentar algunas reflexiones que permitan a los lectores ver la complejidad del problema, pero tambin la novedad y, por tanto, la esperanza ofrecida por Jesucristo: l es Nuestra Paz y el Seor de la Paz.

De la visin veterotestamentaria pasar a la visin del hombre rehecho por la fuerza del Espritu y por el poder de la Resurreccin. Si en el Antiguo Testamento Dios se elige un pueblo, es para ser el Dios de la humanidad en el Nuevo Testamento, es decir, el Dios de todos los pueblos. De la dureza del corazn de piedra, que hace inhumanas a las personas, pasaremos a la misericordia de quien tiene un corazn de carne. Dios crea una humanidad nueva al crear hombres nuevos a imagen de su Hijo Jesucristo. Si pareciera enseorearse la violencia por todas partes, ser la paz anunciada por los profetas y posibilitada por Jesucristo la que campear finalmente con la presencia de su Espritu.

COMPLEJIDAD DEL TEMA

Cmo aborda la Biblia el tema de la violencia?

Hablar de este tema en la Sagrada Escritura no resulta fcil. Hay abundancia de textos en los cuales los hombres se combaten y se matan entre s, unos seiscientos pasajes. Por otra parte, hay unos mil pasajes, en donde se habla de la ira de Yahv, del Dios que castiga con la muerte y la ruina, que juzga con un fuego devorador, que se venga y amenaza con la aniquilacin. Muchas veces los escritores sagrados presentan a Yahv como un Dios que manifiesta su poder y su gloria en la guerra y juzga como un vengador airado: Es el Dios de los Ejrcitos.

Miller afirma "La imagen de Dios como guerrero constituye el escndalo real del AT para el hombre moderno, incluso para el cristiano de hoy".1

En el Nuevo Testamento el acontecimiento central es una accin sangrienta, monstruosa: el asesinato de Jess. G. Barbaglio, en su libro Dios violento?, resume el problema diciendo: "Lo problemtico no son las narraciones bblicas de numerosas crueldades y terribles violencias, sino la valoracin en clave tica y religiosa que las presentan como queridas y ordenadas por Dios. En este preciso sentido puede hablarse de un problema tico de la violencia, planteado en trminos perentorios por la lectura de las Escrituras hebreas y cristianas."2

Me limitar a presentar casi como enunciados, puntos que nos permitan ver por dnde marcha la revelacin y cmo el Dios del AT, que aparece a veces como violento, en realidad rechaza la violencia, promueve la vida, es compasivo y misericordioso y prepara as la visin de Dios del NT, revelado por Jess como no-violento.

Tengamos en cuenta las siguientes aclaraciones:

1.      La Biblia se escribe durante ms de diez siglos. Por tanto no podemos hacer una lectura de ella -ni menos una interpretacin- sin tener en cuenta los estadios histrico-literarios, los gneros literarios, las actuales formas de acercamiento a las Escrituras Sagradas y la intencionalidad de los hagigrafos.

2.      Dios no se revela al margen de la comprensin del hombre. Hay por tanto una evolucin en la comprensin de la revelacin. De las formas antropomrficas usadas para hablar de Dios, se pasa a formas ms purificadas, hasta llegar al Dios encarnado, revelador del Padre.

3.      La plenitud de la revelacin de Dios es JESUCRISTO. Es l quien nos hace comprender el verdadero rostro de Dios, vivido, celebrado y anunciado en la comunidad creyente, la Iglesia.

DIOS DA LA VIDA Y LA DEFIENDE

Un examen atento de la Biblia nos permite ver que el pueblo de Israel mantuvo siempre la conciencia del valor de la vida humana como un don inviolable de Dios. Dios mismo es el defensor de ese don precioso dado a los hombres.

Desde el comienzo del Gnesis se presenta a Dios creando y dando vida: "Entonces Yahv Dios form al hombre del polvo del suelo e insufl en sus narices aliento de vida, y result el hombre un ser viviente " (Gn 2,7).

Pero comienza el drama de la violencia con el relato de Can y Abel. El texto sagrado deja entrever la envidia como el elemento inicial, generador de la violencia (Gn 4,3-8). Dios le reclama a Can la sangre de su hermano (Gn 4,9-10). El homicida es expulsado (Gn 4,11-12); mediante el homicidio, ha cortado los lazos con el ambiente que lo rodea y con Dios: ser un vagabundo, errante en la tierra. Pero, a pesar de su crimen, Dios le pone una seal a Can para que nadie que lo encuentre lo mate, impidiendo as que sea el mismo hombre quien tome venganza.(Gn 4,15). Al asesino, Dios le respeta la vida, dndole la oportunidad del arrepentimiento. As es como Dios hace justicia segn la concepcin de la tradicin yahvista (J).

Ante la creciente ola de mal y violencia que se empieza a vivir en la humanidad, la tradicin sacerdotal (P) presenta el diluvio como el camino para purificar la tierra: " Dijo Dios a No: he decidido acabar con toda carne, porque la tierra est llena de violencias por culpa de ellos" (Gn 6,13) A juicio de esta tradicin, la violencia engendra la destruccin de la humanidad, de la naturaleza y de los animales. Dios quiere recomenzar la historia al elegir a No, buscando que cese as la violencia. Esto es signo claro del rechazo absoluto de la violencia por parte de Dios.

En los libros de los profetas, la violencia toma muchas formas que sern condenadas y rechazadas por Dios. El hace justicia al oprimido, al hurfano, a la viuda, a los desposedos de la tierra. No slo aparece prohibido derramar sangre, sino oprimir a los dbiles, tiranizar a los sbditos, hacer la guerra con mtodos inhumanos (cf. Am 1, 3-2,5; 2,6-8; 3,10; 4,1; 5,7.10-12; 8,4-6; Os.lb-2;6,8; Is l,11-17; Mi 3,1-3.9-10; 6,12; 7,12).

En el Declogo encontramos el "no matars" (Ex 20,13; Dt 5,17). Se trata de no cometer homicidio. El verbo hebreo rasah no indica slo el asesinato voluntario y premeditado, sino todo homicidio culpable; en otras palabras, se trata de no derramar sangre inocente.

Con el correr del tiempo, la legislacin prev una forma de control social, para evitar el homicidio segn la tradicin sacerdotal (P)3. La violencia homicida tiene como sancin y castigo la muerte del culpable, exigida siempre en nombre de Dios "quien vertiere sangre de hombre, por otro hombre ser su sangre vertida, porque a imagen de Dios hizo l al hombre" (Gn 9,6).

Adems del homicidio, la legislacin israelita condena la violencia de los golpes (Ex 21,15s), la violencia sexual (Ex 22,15-16), la violencia contra la libertad a travs del secuestro (Ex 21,16; Dt 24,7). Al culpable se le impone una sancin que vara desde la pena de muerte hasta otras penas corporales menores. Resumiendo, son muchos los textos a favor de la vida, por una parte, y de rechazo de la violencia, por otra, que encontramos en el Antiguo Testamento.4

EL DIOS GUERRERO

Pero, cmo entendi Israel su liberacin de la esclavitud de Egipto, a costa de la destruccin del opresor o la posesin de la tierra prometida combatiendo y desalojando a los otros pueblos? Miremos algunos textos:

El acontecimiento fundador de Israel es sin duda alguna, el xodo. Acontecimiento sobre el cual vuelven las miradas de la comunidad hebrea a lo largo de toda su historia, pues all se constata la mano fuerte y el brazo poderoso de Yahv que los salva y los hace ser su pueblo. El libro del xodo presenta la situacin de opresin y de esclavitud a la cual sometieron los egipcios a los hebreos (Ex 1,8s; 5,6-14).

La liberacin del poder de Egipto se ve como un acto de poder de Yahv que hace justicia al oprimido. "Los israelitas, gimiendo bajo la servidumbre, clamaron, y su clamor, que brotaba del fondo de su esclavitud, subi a Dios" (Ex 2,23). Es a travs de la misma naturaleza como Dios hace sentir su fuerza salvadora. (Ex 13,17-14,31). Este relato est enmarcado en una literatura de epopeya, con vistosidad de colores y matices dramticos, que permite captar la soberana divina sobre la arrogancia humana. Ser despus, en la experiencia del desierto, conviviendo entre estrecheces y penurias, cuando los hebreos, conducidos por Moiss, se comprometen a guardar las clusulas de la alianza que Yahv sella con ellos, el declogo (Ex 24,1-11). En este contexto, el declogo se convierte en las leyes bsicas de la convivencia humana y de la garanta de la proteccin de Dios, si son obedecidas.

Abundan los textos que van presentando a Yahv, a lo largo de la historia del pueblo de Israel, peleando a favor de su pueblo o castigando a su pueblo por su infidelidad, a travs de otros pueblos. All la violencia y crueldad aparece claramente. Cuando el Pueblo de Israel llega a la tierra prometida y va tomando posesin de ella, durante doscientos aos, se presenta el actuar de Yahv como el de un Dios guerrero y esa imagen perdurar hasta la vuelta del destierro. Tengamos en cuenta las gestas de la conquista de la tierra prometida (libro de los Jueces), las victorias y derrotas de los reyes tanto de Jud como de Israel (libros de Samuel, Reyes y Crnicas); el destierro en Babilonia y el retorno a la tierra prometida (libros de Jeremas, Ezequiel, DeuteroIsaas)5.

EL JUICIO DE DIOS Y SU REINADO

La alianza entre Yahv e Israel expresada en estos trminos, "yo soy tu Dios; t eres mi pueblo", lleva consigo algunas obligaciones mutuas, que comprometen a las partes en el cumplimiento de las clusulas de la alianza. Si el pueblo de Israel cumple, Dios lo premia con larga vida, muchos bienes, les mantendr la tierra y multiplicar su descendencia; pero si no cumple, Yahv mismo los castigar, "pongo delante de ti vida o muerte, bendicin o maldicin, elige" (cf. Dt 11,26; 30,15s).

A partir de Ams, los profetas no vacilan en afirmar que Dios intervendr como juez implacable contra el pueblo infiel a las clusulas de la alianza.

Durante el perodo posterior al destierro se fue afirmando cada vez ms en Israel la visin que contraponan el mundo de entonces, dominado por las fuerzas del mal y de la muerte, y el mundo futuro. El primero haba desatado y desatara la ira de Yahv, el "dies irae" da de la clera de Dios o violencia destructiva, (cf. Ex 32,10s; Nm 11,1.10.33; 25,3-4.11; Jos 7,1; Jr 4,4.8.26; 7,20; 32,31; Ez 5,13; 6,12; 14,19; 20,8) y el segundo, en el que Dios establecera su reino de paz y de justicia (cf. Is 65,17; 66,22; Jo 4,12-16; Dn 7,13-14.26.27)6.

Aqu aparece un tema que es interesante tener en cuenta: el juicio de Dios. Este es un tema que los profetas desarrollan en la Biblia desde la perspectiva de la mentalidad sapiencial. La intencin al presentar el Juicio de Yahv era la de lograr que el pueblo "no se le saliera de sus manos", sino que fuera capaz de motivarse para obrar bien y conforme a la alianza. En los Proverbios se dice: "quien escatima la vara, odia a su hijo; quien le tiene amor, le castiga" (13,24). Esta es la mentalidad que est a la base de la concepcin del Dios que juzga severamente, como un padre que ama a su hijo y por eso lo castiga para hacer de l una persona recta, justa y honesta. El juicio, la venganza, el proceso, la ira, los celos, la retribucin son trminos que expresan la reaccin violenta de Dios, deseoso de restaurar el derecho y de restablecer el orden alterado.

Pero porque se reconoce que Dios es compasivo y misericordioso, en el salterio encontramos la oracin del pueblo que le suplica a Dios que le haga justicia, que intervenga en su favor. Dios, que es juez justo, har justicia al que le suplica, librndolo y salvndolo de sus adversarios: "hazme justicia, oh Dios, defiende mi causa contra gente sin piedad... "(Sal 43,1 cf. Sal 3;9; 10;35; 54; 58; 59; 109).

EL DESTIERRO: CAMBIO DE PERSPECTIVA

A partir de la terrible experiencia del destierro en Babilonia, el pueblo experiment las consecuencias de la ruptura de la alianza y constat su incapacidad para ser fiel a Dios. Sin embargo, el Dios que los llam a ser su pueblo, es fiel y por eso, tanto en Jeremas como en Ezequiel, se anuncia que Dios sellar una nueva alianza; no ser como la antigua, condicionada a la respuesta humana; la nueva alianza es unilateral: Dios garantizar su alianza por amor a su nombre y por amor al hombre. Este amor es indefectible e incondicional. "Pondr mi ley en su interior y sobre sus corazones la escribir" (Cf. Jr 31,31-34) para que las personas obren segn el querer de Dios. Dios infundir su Espritu: "Y les dar un corazn nuevo, infundir en ustedes un espritu nuevo, arrancar de su carne el corazn de piedra y les dar un corazn de carne" (Cf. Ez 36,25-28).

Tener corazn de piedra es ser inhumano, es ser insensible ante la necesidad del otro, incapaz de compasin y de misericordia; es obrar con crueldad y con violencia. Por el contrario, tener corazn de carne es ser humano, ponerse en la situacin del otro, aun para excusar su equivocacin y comprender su error y su ofensa; es tener capacidad de perdn y de reconciliacin. Con esta perspectiva, la humanidad vislumbra el verdadero horizonte de la fraternidad y de la convivencia.

Una especial importancia para el tema de cambiar la perspectiva de la violencia en la Biblia tienen tambin las afirmaciones: "yo te desposar conmigo para siempre" (Os 2,21); "habitar en medio de ellos para siempre" (Ez 43,9); "he jurado que no me irritar ms contra ti ni te amenazar " (Is 54,9).

Los profetas anuncian que nunca jams volver a mostrarse el rostro terrible de Dios y que para siempre su gracia y su amor estarn con el pueblo. Esa perspectiva de compromiso para una paz total, universal y csmica con la destruccin de todas las armas, la expresa bellamente Isaas, cambiando la imagen de un Dios guerrero por la imagen de un Dios artesano de la paz: "Juzgar entre las gentes, ser arbitro de pueblos numerosos. Forjarn de sus espadas azadones, y de sus lanzas podaderas. No levantar espada nacin contra nacin, ni se ejercitarn ms en la guerra" (2,4); "sern vecinos el lobo y el cordero, el leopardo se echar con el cabrito, el novillo y el cachorro pacern juntos, y un nio pequeo los conducir... Nadie har dao, nadie har mal... porque la tierra estar llena de conocimiento de Yahv" (cf. 11,6-9).7

Esta perspectiva de paz universal preparar la accin salvfca de Jess, quien sellar la nueva alianza con su sangre e instaurar as un orden nuevo.

JESS DE NAZARET: REVELADOR DEL PADRE

En el Nuevo Testamento encontramos la realizacin de ese designio divino. Dios se ha hecho carne y ha acampado entre nosotros (Jn 1,14). Esa presencia del Verbo encarnado hace posible comprender la incondicionalidad de Dios a favor de la humanidad. Se abre as un nuevo estilo de vida y de ser: solidaridad para rescatar, para salvar, para transformar.

Desde esa conciencia de la encarnacin del Hijo de Dios, Pablo nos invita a tener los mismos sentimientos de Cristo, como personas transformadas por el Espritu, con corazn de carne: "Nada hagan por rivalidad, ni por vanagloria, sino con humildad, considerando cada cual a los dems como superiores a s mismos, buscando cada cual no su propio inters sino el de los dems (...) Porque Cristo, siendo de condicin divina, no retuvo vidamente el ser igual a Dios. Sino que se despoj de s mismo, tomando condicin de siervo hacindose semejante a los hombre y apareciendo en su porte como hombre... " (Flp 2,3-7).

Slo desde la fe el evangelio (muerte y resurreccin de Cristo) adquiere poder y fuerza transformadora: No me avergenzo del evangelio que es una fuerza de Dios para todo el que cree" (Rm 1,16). Es "escndalo para los judos, necedad para los gentiles, mas para los llamados, lo mismo judos que griegos, un Cristo, fuerza de Dios y sabidura de Dios" (1Co l,23b-24); hasta el da de hoy sigue siendo escndalo y contradiccin, sabidura y salvacin.

El Dios revelado por Jesucristo es "dbil" porque no es violento; no responde a los violentos con una accin igual. Pero del aparente fracaso en la cruz, en donde pareciera enseorearse la violencia, el Padre celestial sacar la poderosa fuerza de salvacin, al resucitar a su Hijo de entre los muertos y al exaltarlo como Seor del universo: "Y se humill a s mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz. Por lo cual Dios le exalt y le otorg el Nombre, que est sobre todo nombre" (Flp 2,8-9).

El Apstol Pablo ve con claridad que Jesucristo con su muerte en la cruz, rompe el muro que separa a los pueblos entre s, el odio, y hace en l un solo pueblo; por eso l es nuestra paz. Cf. Ef. 2,14-18. Hay necesidad de orar para entender esta maravillosa realidad. Pablo pide a Dios que nos otorgue sabidura para poder conocer "cul es la soberana grandeza de su poder para con nosotros, los creyentes, conforme a la eficacia de su fuerza poderosa, que despleg en Cristo, resucitndole de entre los muertos y sentndole a su diestra en los cielos" (Ef 1,19-20).

7. ENSEANZA DE JESS

Si nos acercamos a la enseanza de Jess encontraremos la radicalidad de su planteamiento y de su opcin por el amor a los enemigos, por el perdn, por el bien para los que nos hacen mal.

Tanto Mateo 5,43-48 como Lucas 6,27-28.35 nos hablan del mandamiento del amor a los enemigos: "Amen a sus enemigos, hganle bien a los que los odien, bendigan a los que los maldigan, nieguen por los que los maltraten ". El motivo que presenta Lucas para obrar as es: "Y sern hijos del Altsimo, porque l es bueno con los ingratos y los perversos" (Lc 6,35). Mateo dice: "Para que sean hijos de su Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos" (Mt 5,45). Es Dios mismo el modelo del actuar humano; l no hace ya distincin entre buenos y malos, entre justos e injustos; a todos los beneficia con su amor sin distincin alguna. Como resumen de ese comportamiento, contina diciendo: "Sean perfectos como su Padre celestial es perfecto"(Mt 5,48) "sean compasivos como su Padre es compasivo" (Lc 6,36).

Este mandamiento del amor a los enemigos parece estar muy cerca del imperativo de la no-violencia: "Han odo que se dijo: ojo por ojo y diente por diente. Pues yo les digo: no resistan al mal; antes bien, al que te abofetee en la mejilla derecha, presntale tambin la otra; al que quiera pleitear contigo para quitarte la tnica, djale tambin el manto; y al que te obligue a andar una milla, vete con l dos. A quien te pida, dale; al que desee que le prestes algo, no le vuelvas la espalda" (Mt 5,38-42). Jess pide que el discpulo se enfrente con los violentos, no con una actitud puramente pasiva, es decir, "padeciendo la violencia" o devolviendo mal por mal, sino con una reaccin que est dotada de una fuerza no comn de provocacin: poniendo la otra mejilla; Pablo, siguiendo la enseanza del Seor Jess, comenta: "vence el mal a fuerza de bien" (Rm 12,21).

Si algo hay opuesto a la violencia, es el perdn y la actitud de compasin para con quien est haciendo dao, ha ofendido y se muestra arrepentido. Jess mismo comi con publicanos y pecadores, (cf. Lc 15,1-2), se hosped en casa de Zaqueo (Lc 19,ls), se dej besar los pies por una pecadora (Lc 7,36s), pidi perdn por los que lo estaban crucificando (Lc 23,34). Nos ense, con su ejemplo, a perdonar setenta veces siete (Mt 18,21-22), a tener compasin con el compaero como el rey tuvo compasin del siervo (Mt 18,23s) y present as la imagen del Padre celestial compasivo y misericordioso, que invita a obrar de la misma manera. La muerte de Jesucristo en la cruz es el signo del amor del Padre Celestial por todos y cada uno de nosotros: "mas la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todava pecadores, muri por nosotros" (Rm 5,8). "En esto hemos conocido lo que es amor: en que l dio su vida por nosotros. Tambin nosotros debemos dar la vida por los hermanos " (1Jn 3,16).

La imagen de Dios rey es central en la predicacin de Jess. Esa imagen de Dios como rey, que no hace acepcin de personas y no admite soborno, que hace justicia al hurfano y a la viuda, y ama al forastero, a quien da pan y vestido, ya apareca en el Antiguo Testamento.8 No es original en el Nuevo, pero Jesucristo la retoma y le da una nueva dimensin.

La expresin reino de Dios o reino de los cielos est en los sinpticos unas sesenta veces. Jess ha venido para ser rey (Jn 18,37). Pero rey humilde, que ofrece su reino a los pobres y a los perseguidos por causa de la justicia (Mt 5,3.10), que manifiesta su justicia curando a los enfermos y resucitando a los muertos (Mt 11,2-6), y anunciando la buena noticia (el evangelio) a los pobres (Lc 4,16s). Es significativo que el relato de Jess en la sinagoga de Nazaret, cuando hace la lectura del profeta Isaas 61,1-2, suprima la lectura del da de la venganza de Nuestro Dios. Esto revela la intencionalidad del evangelista de presentar a Jess como el que hace presente la gracia pero no el castigo.

El Bautista es presentado como un profeta del juicio divino, inminente, terrible, de condenacin (Mt 3,7b-10; Lc 3,7b-9) y Jess, como el que trae la gracia y la verdad (Jn l,17b).

No son pocos los textos del evangelio en los que Jess hace alusin a la necesidad de la conversin (cambio de enfoque vital para poder aceptar el Reino) (Mc l,15; Mt 4,17; Lc 3,3.5; 13,1-5), y de esforzarse por entrar por la puerta estrecha (Mt 7,13-14; Lc 13,23-24) si se quiere llegar al Reino de los cielos. El juicio final, es donde se define la suerte de todos por la solidaridad o no con sus hermanos ms pequeos: "porque tuve hambre y me diste de comer..." (Mt 25,31s); o la parbola del rico insensible y del pobre Lzaro (Lc 16,19s) nos permite entender que corresponder al hombre definir su suerte final si acepta convertirse, si es solidario con sus hermanos ms necesitados, si entiende la urgencia del tiempo presente como tiempo de gracia, de vida y de salvacin. En una palabra, si ha aceptado a Jesucristo.

La realidad contraria para el que rechace la oferta de vida eterna, en trminos bblicos es la gehena del fuego y el llanto y rechinar de dientes (Mt 5,21-22.29-30; 18,8-9; 23,33; Mc 9,43.45.47-48).

8. TEOLOGA DE LA NUEVA ALIANZA

Para Pablo, el pecado es una realidad al interior de las personas que les impide amar, que las lleva a hacer el mal que no quieren y a dejar de hacer el bien que quieren (cf. Rm 7,14s). En este sentido Pablo es heredero de Ezequiel, cuando habla del corazn de piedra (36,26s) La codicia, la avaricia, el querer acumular bienes, el estar centrada la persona en s misma y en sus propios intereses, con una apetito voraz de posesin, de poder y de placer produce la violencia y hace imposible la convivencia pacfica y fraterna (cf. Col 3,5-9).

La nica manera de atacar el pecado es con la fuerza del Espritu, habitando en cada persona. El har de cada persona una nueva criatura, de modo que pueda pasar de la esclavitud de la ley y de la muerte a la vida: "Porque si viven segn El Espritu no darn satisfaccin a las apetencias de la carne " (Ga 5,16). "Y si el Espritu de Aquel que resucit a Jess de entre los muertos habita en ustedes, Aquel que resucit a Cristo de entre los muertos dar tambin la vida a sus cuerpos mortales por su Espritu que habita en ustedes" (Rm 8,11). "Si vivimos segn el Espritu, obremos tambin segn el Espritu. No busquemos a gloria vana, provocndonos unos a otros y envidindonos mutuamente" (Ga 5,25-26).

La primitiva comunidad cristiana poco a poco fue entendiendo la novedad trada por Jesucristo y fue consignando su reflexin sobre la Nueva Alianza de manera no tan sistemtica al principio y bastante estructurada al final. Podramos decir que la carta a los Hebreos, el Evangelio de Juan y la primera carta de Pedro son una teologa de la Nueva Alianza.

Jesucristo es mediador de una mejor alianza (Hb 8,6s); ha instaurado un nuevo sacerdocio, el sacerdocio de la misericordia (Hb 4,17-5,10), por tanto ha inaugurado un nuevo culto, el culto de la vida en espritu y en verdad (Jn 4,23; Rm 12,1-2); ha establecido un nuevo templo, el templo del cuerpo (Jn 2,13-22; 1Co 3,16-17; 6,19); ha hecho un nuevo pueblo, linaje elegido, sacerdocio real, nacin santa, pueblo adquirido, pueblo de Dios compadecido (1 P 2,9-10); ha dado un nuevo mandamiento, el del amor mutuo con la medida de su amor (Jn 15,9-17).

Este mutuo amor posibilitar la vida en comunin y la realizacin de la comunidad. Nada ms opuesto a la violencia que el amor mutuo. Si en el Antiguo Testamento se hablaba del juicio divino como el da de la ira de Yahv, en el Nuevo Testamento es el da de la salvacin. San Juan afirma que el Padre no juzga porque el juicio se lo ha dejado al Hijo (cf. Jn 5,22) y el Hijo no juzga porque "Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por l" (Jn 3,17; cf. Jn 12,47). Ser la Palabra de Jess la que juzgue el ltimo da (cf. Jn 12,48), ante la cual el hombre debe dar su respuesta de fe para participar de la salvacin. Amar las tinieblas ms que a la luz es el motivo de la condenacin (cf. Jn 3,19).

Conclusin

A lo largo de la Biblia, vemos una evolucin tanto en la revelacin del verdadero rostro de Dios como en la comprensin de l. Dios es el Dios de la vida y el Dios que la protege. Su grandeza y su poder que en el Antiguo Testamento se manifestaban en gestas poderosas, en el Nuevo Testamento se ha revelado en el despojo total del Hijo, que obedece hasta la muerte de cruz. La certeza de la transformacin interior de las personas, por la accin salvadora de Jesucristo, es garanta de esperanza y de paz.

En una patria como la nuestra, y en un mundo tan violento, no podemos menos de sentir la responsabilidad de ayudar a la transformacin de la sociedad con una nueva evangelizacin, en donde el nfasis est en Jesucristo, muerto y resucitado, que nos entreg su Espritu para cambiar el corazn insensible y cruel, egosta y envidioso, avaro y codicioso y crear un hombre nuevo que haga realidad la presencia pacfica y salvadora del Dios de la vida .

Slo desde el misterio del Dios no violento, hecho hombre, que muere en la cruz violentamente, y que est exaltado a la diestra del Padre, para interceder por nosotros, y que

contina presente en su comunidad (ekklesia), que es su cuerpo, podremos ver una luz en el tnel de la bsqueda de la paz.

Notas:



1 Cf. Barbaglio, G, Dios violento?, 9.

2 Ibid., 11-12.

3 Hay que distinguir, sin embargo, el homicidio voluntario del involuntario, para precisar que la pena de muerte slo se prev para aquel, mientras que para ste se crea la institucin de las ciudades de refugio (Ex 21,13) destinadas a acoger al homicida no intencional, librndolo as de la violencia del "vengador" (go'el), es decir, del pariente ms cercano al que le corresponde el derecho-deber de vengar al muerto (Dt 19,ls; Nm 35,9s).

4 En el Nuevo Testamento, Jess se presenta ms exigente an, pues la prohibicin de matar, que est en el Declogo, no es suficiente para el discpulo del Reino. No basta rechazar la violencia fsica del homicidio, hay que evitar aun las ofensas verbales (cf. Mt 5, 21-22).

5 Cuando el Pueblo de Israel llega a la tierra prometida y va tomando posesin de ella, durante doscientos aos, se presenta el actuar de Yahv como el de un dios guerrero; esa imagen perdurar hasta el regreso del destierro.

6 Los profetas del destierro consideran el destierro como el efecto consiguiente de la ira divina (cf. Is 2,25;47,6) "En un arranque de furor te ocult mi rostro por un instante, pero como amor eterno te he compadecido." (Is 54,8).

7 De igual manera el profeta Zacaras dice: "...ser suprimido el arco de combate, y l proclamar la paz a las naciones " (9,9-10) y el Salmo 46: "hace cesar las guerras hasta el extremo de la tierra; quiebra el arco, parte en dos la lanza, y prende fuego a los escudos " (v.10)

8 Dt 10,17-18; Sal 146,7.9; 103,6; 68,6. La espera del reinado de Dios, despus del destierro, forma parte de la esperanza radical del antiguo pueblo israelita de que al final se le hara justicia plenamente al dbil, al oprimido, al pisoteado.