Escudo Seminario Mayor


Centro de
Investigación
Pastoral

Cantos para la Liturgia
Cantos para la
Liturgia

El Catolicismo - Arquidiócesis de Bogotá
Periódico de la Arquidiócesis de
Bogotá

CatholicNet
R.I.I.A.L.
Red Informática
de la Iglesia en América Latina


Servicio de noticias ZENIT
ULTIMAS NOTICIAS

La Liturgia del Domingo
La liturgia del
domingo


Lecturas diarias de la Santa Misa
Lecturas de la
santa Misa



Temas de actualidad
en la Iglesia

Radio Vaticana
Programa hispanoamericano
para
América Latina y
el Caribe

  Objetivos académicos
  Reglamentación académica
  Ordo de materias
  Pénsum Filosofía y Teología
  Horarios Filosofía y Teología
  Lista de profesores y materias
Seminario Mayor de San José
Arquidiócesis de Bogotá
Inicio
El Seminario Mayor

 

Manuel Jos Jimnez R. Pbro

Capelln Universidad Nacional de Colombia
Candidato al doctorado en Catequesis
Universidad Pontificia Salesiana, Roma

 

La intolerancia, cuando la hay, no vendr nunca del Padre,
sino del hermano mayor que se cree justo y no tolera la
fiesta en honor del prdigo”
Andrs Torres Quiroga.

Llmese primer anuncio, catequesis, liturgia, encuentros de formacin permanente, cursos bblicos, formacin de agentes de pastoral, reuniones de sacerdotes, formacin en el seminario, todas son acciones educativas puestas por la Iglesia al servicio de la Evangelizacin. Y como cualquier otra accin educativa, as se trate de educacin y maduracin en la fe como en el caso de las acciones pastorales, poseen una reflexin pedaggica que las orienta. La pedagoga de la evangelizacin la entendemos entonces como la reflexin sistemtica y crtica sobre el modo como realizamos las distintas acciones educativas en la Iglesia.

Hablamos de pedagoga de la evangelizacin con el propsito de hacer notar que todo lo que hacemos en la Iglesia tiene un carcter educativo. A veces, llevados por muy buenas intenciones, por el celo evangelizador, hacemos cosas de las que desconocemos su valencia pedaggica. No queremos contraponer gracia y accin del Espritu Santo con acciones humanas. Tampoco buscamos minimizar la accin del Espritu Santo a favor de la pedagoga humana. [1] Subrayamos la necesidad de no descuidar la pedagoga, si bien somos concientes que la educacin en la fe es algo que se da de modo indirecto y no directo. [2]

Tambin queremos ir ms all del discurso sobre los mtodos, o ms bien, de las metodologas. Existe entre nosotros una visin muy instrumental sobre la pedagoga. La reducimos a tcnicas, instrumentos, dinmicas, recursos. No es que no sean importantes. Pero esta mirada tan limitada nos lleva a pensar ms en los “cmos”, descuidando los “qu”, los “porqu” y los “para qu” de nuestras acciones educativas. Los pasamos de largo, olvidando que esas son las preguntas que le dan sentido a lo que hacemos, que nos permiten identificar los mejores instrumentos y hacer uso adecuado de los mismos.

La pedagoga se coloca ms al nivel de los criterios. Ms que pensar en mtodos uniformes y homogneos, iguales para todos y para todos los casos, nos invita a trabajar desde principios, que a modo de horizontes, han de guiar nuestras acciones educativas de evangelizacin.

La siguiente es una reflexin sobre la pedagoga de la evangelizacin y su relacin con la pedagoga para la paz. Puede parecer una cuestin puramente coyuntural. Ya sea por la actual guerra en Irak ( o contra Irak?) , ya sea por la guerra en Colombia, ya sea por la invitacin a conmemorar el aniversario de la Pacem in Terris. Al hablar de la paz, ms que tratar de un argumento entre muchos otros, ms all de la moda, hacemos referencia a un principio. Es decir, entendemos la paz como pedagoga para la evangelizacin. Como diran hoy da los tericos de educacin para la paz, queremos reflexionar si la accin de educar en la fe, tal como la realizamos hoy da en distintos ambientes, espacios y lugares, educa para una cultura de paz o, por el contrario, para una cultura de guerra. [3] En otras palabras: mirar hasta qu punto la lgica que mueve y orienta nuestras acciones educativas como evangelizadores las llevamos a cabo desde las lgicas de la paz o desde las lgicas de la guerra. [4]

Qué entendemos por paz

En un esfuerzo educativo con grupos y comunidades en Bogot preguntamos por los conceptos de paz. Las respuestas fueron muchas y variadas. Desde los que conciben la paz como tranquilidad, como “vivir en paz”, sin conflictos, hasta los que entienden como lo contrario a la guerra. La paz es vista como un estado del alma, como un proceso interior, algo que comienza desde cada uno, o desde la familia, o desde la casa. La paz es sinnimo a un lindo atardecer, a una bella cada del sol. Estas ideas de paz, sin dejar de ser vlidas, no cuestionan el actual estado de cosas, la realidad con sus contradicciones y desigualdades no es mirada con posicin crtica y analtica. No se crtica el status quo. Son ideas de paz que nos dejan en paz, que rechazan el conflicto como algo connatural al ser humano, que confunden conflicto con guerra y violencia. [5]

Para muchos otros la paz es lo contrario a la guerra. La paz es entonces, para el caso colombiano, el cese de hostilidades, el final de la guerra, la firma de un pacto entre el gobierno y la guerrilla. En este sentido la paz no es nuestra, aunque suene paradjico. La paz la hacen otros por nosotros. La hacen el Estado y la alzados en armas. Si bien esta idea de paz es tambin justa e importante, no podemos reducir la paz a ser lo opuesto a la guerra. Varias razones para ello. Una, quizs la ms visible, hacemos la guerra para conseguir la paz. Otra: se piensa que la guerra es el motor de la historia. Otra: paz no ha habido nunca, por mucho paz seran breves momentos entre las distintas guerras. Es la paz de lo sepulcros, la pax romana. La paz como lo opuesto a la guerra tampoco cuestiona el statu quo, no pone “entre parntesis” la actual sociedad injusta y excluyente, no la critica en orden a su transformacin. [6]

Para otros la paz ya no es slo lo opuesto a la guerra sino a toda forma de violencia, especialmente estructural. Es decir, como solemos afirmar, la paz sin justicia social no es posible. O en otras palabras: la paz es lo opuesto a la injusticia. Esta forma de concebir la paz hace una crtica a la realidad existente con todas sus violencias, especialmente las estructurales, de cara a su superacin y transformacin. Es decir, a diferencia de las otras formas de concebir la paz, esta visin cuestiona el statu quo. Pero no obstante este carcter positivo, tambin corre el peligro de justificar la guerra y sus lgicas. O que lo digan nuestros guerrilleros y muchos otros que a nombre de la justicia social siembran muerte y desolacin. Como le escuche a alguien alguna vez (o le en algn libro?): a nombre de la justicia se han hecho las ms terribles guerras.

Se hace necesario, sin desconocer lo valioso de cada una de estas miradas en la bsqueda y en el camino hacia la paz, un verdadero giro epistemolgico, que nos permita pensar la paz desde la paz, la paz como algo propio en s mismo, con identidad propia, como valor. Slo as podremos entender la paz desde la paz y buscar la paz desde la paz y no desde la guerra. Y educar para la paz no desde la guerra (mentalidad militarista), sino desde la paz. Es ms, nos permite superar la visin negativa frente a la paz, que nos paraliza, que la vuelve poco dinmica, que nos habla ms de sus ausencias que de sus presencias. Razn por la cual para muchos la paz no existe, nunca ha existido, nunca existir. No deja de ser una ilusin, un ideal inalcanzable, un bello propsito, un anhelo que no se dar y nunca se ha dado en esta vida. Necesitamos una idea de paz ms propositiva, ms dinmica, ms visible, ms constructiva, que permita no slo superar la guerra y la violencia, sino adems sus lgicas, sus formas de pensar, de actuar, de vivir y de educar.

Algunos investigadores de la paz han introducido, a partir de este giro epistemolgico, el concepto de “paz imperfecta” [7] para referirse a una paz existente, posible. Comprende la paz al modo de Gandhi, como el camino, no slo como la meta. La paz entonces se mueve entre el ser y el deber ser, entre la realidad y la posibilidad. La paz no es un ideal, no es una meta. La paz es a la vez la meta y el camino. La paz, como concepto dinmico, se mueve entre el YA y el TODAVA NO. Es utopa en este sentido, no como ideal inalcanzable e irrealizable. La paz es una realidad multifactica: trascendente e inmanente, personal y social, interior y exterior, ideal y realidad por construir pero nunca perfectamente realizada y alcanzada. Es don y compromiso libre y responsable

La paz como pedagoga de Jess

Decamos al comienzo que la paz en el mensaje de Jess no es un tema entre tantos otros. Consideramos que la paz est en el ncleo, en el corazn del mensaje de Jess y debe estar tambin en el ncleo, en el centro de la vida y en el anuncio de sus discpulos. Debe fundar nuestro modo de ser Iglesia, nuestro modo de pensar, de anunciar y de educaren la fe.

Desde el Evangelio la paz es don y tarea. Lo que significa que la paz es ms que tranquilidad, es ms que vivir en paz, es ms que armona, es ms que lo contrario a la guerra, es ms que lo opuesto a la violencia. Como don y tarea, la paz es eso, s, y mucho ms. La paz es un valor del Reino, es YA pero TODAVA NO, es camino y es meta, realidad y posibilidad. Se mueve entre el ser y el deber ser. Es, en otros trminos, PEDAGOGA de ser y de hacer. Como don y tarea la paz ya est presente en este mundo, en lo que somos y hacemos. La paz es un don presente donde se ama, se dialoga, se perdona, se construye algo positivo hombro a hombro, donde hay donacin, entrega, sacrificio, ayuda mutua, solidaridad, servicio. La paz existe y ha existido en la historia de la humanidad, aunque la manera como nos la han enseado los libros de historia y las guerras actuales, quieran mostrarnos lo contrario.

As lo fue para Jess. Jess no slo hablaba de la paz. Vive, piensa, acta, ama, perdona, entra en conflicto desde la paz y sus lgicas. [8] Para Jess el que piensa distinto no es un oponente, la diferencia no se convierte en indiferencia, la tolerancia no es aguante o resistencia, o “acomodarse” a todo o estar de acuerdo con todo sin anunciar la VERDAD, sin decir lo que piensa, sin escuchar lo que otro cree y piensa. Jess no le huye al conflicto, a la contradiccin. Por el contrario lo busca, lo genera, como lo demuestran sus discusiones con los fariseos y con todos aquellos que piensan distinto, que creen distinto. Para Jess la no violencia es principio de vida, es forma de vivir, tratar, amar y pedagoga de llamada a la conversin. Es forma de educar. Jess no obliga, no impone, solo llama, propone, respeta la libertad de cada uno, respeta los procesos de cada persona.

Jess da testimonio de la VERDAD. Y para ello dialoga con todos y sobre todo. Tantos los fariseos como los discpulos son interlocutores vlidos. A unos y otros escucha, a unos y otros interpela. Como educador en la fe desde la paz no piensa desde la lgica de los que estn cerca o de los que estn lejos, de los que vienen o no vienen, de los que participan o no participan. A todos ofrece la VERDAD sin distinciones, sin limitaciones, sin ocultamientos, sin venderla, sin falsearla. Anuncia la misma VERDAD de Dios a todos. Siendo fiel a ella es fiel al que lo escucha, al que lo acepta, al que lo rechaza, al que lo ama, al que lo odia, al que lo golpea, al que lo persigue, al que lo crucifica, al que niega su resurreccin. Siendo fiel a la VERDAD es fiel a Dios su Padre que lo enva y al ser humano al que ama sin distinciones.

Jess no es un conquistador o un colonizador. Es un TESTIGO. Da testimonio de Dios y de su amor. Como Hijo de Dios hecho hombre hace de la paz su pedagoga. Cuestiona el statu quo de su tiempo, no usa el poder, no se vende al poder y a sus lgicas. Los milagros son signos de revelacin no de obligacin. Son seales de amor no de imposicin para creer.

Jess nos da la paz no como la da el mundo. Nos da la paz como don y tarea, para que vivamos desde la paz y sus lgicas. La paz de Jess no es la paz que se hace desde la guerra, no es la paz de los sepulcros, no es la “pax romana”. La paz que Jess nos da y que nos invita a hacer presente no cae en la lgica del “si quieres la paz preprate para la guerra”. Por el contrario, el principio ms acorde con el Evangelio es el que se propone desde distintos mbitos, entre ellos la UNESCO: “si quieres la paz educa para la paz”.

La paz como don y tarea es compromiso de todo cristiano y de toda comunidad de fe. Pero no es entendido como un compromiso ms entre otros, o limitarse a la realizacin de campaas meramente coyunturales y transitorias, o hacer cursos que no transforman, a lo mucho informan. Es ante todo, lo afirma Bernhard Hring recordando unas palabras del Consejo mundial de Iglesias, caracterstica central en nuestro ser discpulos de Jess: "La visin bblica de la paz y justicia para todos, del estado de salvacin y unidad de todo el Pueblo de Dios, no es para los discpulos de Cristo una oferta ms entre otras muchas (...). la buena disposicin para el evangelio de la paz, es el amplio programa de vida para todo verdadero discpulo de Cristo y para toda la comunidad cristiana. Todo el mundo debera ver claramente que el evangelio no habla de la paz slo de paso, al lado de otros temas, sino que en cuento evangelio de nada ms habla y con mayor apremio que de la paz". [9]

Pedagoga de la Iglesia y pedagoga de paz

La pedagoga de la Iglesia, inspirada en la pedagoga de Dios y de Cristo, tambin ha de ser, pedagoga de paz. Al menos en principio, porque a lo largo de la historia como hoy, es posible que no lo haya sido y que no lo sea. En este caso nos encontramos ante una cuestin marcada por el tiempo. La paz como pedagoga no siempre ha inspirado la pedagoga de la evangelizacin. No se trata de juzgar nuestro pasado desde criterios de hoy, pues correramos el riesgo de ser intransigentes con tiempos muy diferentes que se movan bajo parmetros muy distintos y contaban con otras posibilidades. [10] Hablando de pedagoga de paz cuando se mira a la historia hemos de evitar el peligro de manipularla para justificar nuevas guerras, nuevas intolerancias, alimentar prejuicios y estereotipos.

Si se mira la historia no es para juzgarla sino para aprender de ella y es til para un adecuado examen de conciencia, tal como lo subraya Francisco Van Den Bosch. Este autor se pregunta y nos pregunta: Hubo, en la historia, momentos en que la Iglesia, llamada a anunciar la libertad de los hijos de Dios, quiso imponer a la fuerza su modo de entender la libertad. Somos capaces de pedir perdn de veras y de renunciar a la prepotencia, al poder, a los favores? estamos dispuestos a valorar y gustar del enriquecimiento que nos pueden dar las otras culturas? estamos dispuestos, en la prctica concreta, de aceptar que la unidad no implica necesariamente uniformidad? somos capaces de renunciar a todo tipo de cruzada, de autodefensa o de ataque, y de anunciar, comenzando con nuestro propio testimonio, las bienaventuranzas y todo el sermn de la montaa? estamos dispuestos a jugarnos por los dbiles, pobres, marginados de todo tipo? nos anima a renunciar a todo tipo de imposiciones que no respeten la libertad de conciencia? renunciamos a todo tipo de fundamentalismo? renunciamos a la imposicin de un pensamiento nico? queremos y podemos ayudar para que todos aprendan a pensar? [11]

Son preguntas que surgen para este autor en un contexto de globalizacin como el actual, contexto que, con sus luces y sombras, desafa a la Iglesia. Desafos, que en palabras de Alain Durand, exigen de parte nuestra replantearnos el modo de ser Iglesia, de ser creyentes, de educar en la fe. Hemos de ser conscientes que la globalizacin no otorga hoy un lugar privilegiado a la difusin de la palabra de la Iglesia. Ella abre el espacio al conjunto de las corrientes religiosas. Esto quiere decir que la globalizacin abre el campo al dilogo interreligioso aqu y en todas partes del mundo. Estamos en un mundo donde no podemos situarnos como los verdaderos creyentes, sino como creyentes entre otros creyentes. No podemos afirmar nuestra fe sin abrirnos a los otros campos religiosos, sin recoger lo que ellos tienen que aportarnos. La globalizacin nos invita verdaderamente a la prctica de una Iglesia de acogida, de dilogo, y no una Iglesia de la sospecha sobre lo que cree otro. Es verdaderamente la invitacin a la apertura, a la alteridad. Es la invitacin a pasar de una Iglesia autoritaria, dogmtica, a una Iglesia de dilogo, acogedora, que sabe y que descubre, comprendido al nivel de su propia fe, que ella tiene cosas que recibir de otras religiones”. [12]

La paz como pedagoga del anuncio a los no creyentes y a los creyentes.

Decimos que la paz es pedagoga porque, como sealbamos antes, no es slo ausencia de guerra, sino que adems, y por sobre todo, lleva en s misma un programa constructivo de accin, una forma de ver la vida, una concepcin propia sobre el ser humano, del mundo, del modo de ser creyentes, de ser Iglesia. Y esto en razn a que la paz no es solamente un objeto de la teologa y de la pastoral (no es solamente una teologa ni una pastoral ms del genitivo: teologa de la paz o pastoral para la paz), sino que es una categora, horizonte, principio orientador de toda la pastoral y la teologa. La paz cualifica toda la vida y el credo cristiano, es una categora que lo atraviesa en su totalidad. [13]

La bsqueda de la paz, as sea solo como bien social y cultural, es sin duda un punto de apoyo para el anuncio del Evangelio en la sociedad, cultura y ciencia contemporneas. Es esta la posicin sostenida por Joseph Gevaert cuando al referirse a la bsqueda de los bienes mesinicos en forma secularizada por parte de los hombres y las mujeres de hoy, aunque pueda ser un camino ms lento e incluso hasta ms incierto para encontrarse con Dios y Jesucristo, es un camino valido y necesario en el actual contexto misionero [14] ; contexto por el cual esta marcada profundamente la actual realidad social y cultural. Posicin que es igualmente compartida por Bernard Haring cuando afirma: “El coraje de los cristianos convencidos para consagrarse por entero al Evangelio de la paz tiene hoy precisamente nuevas oportunidades para abrir a muchos hombres y mujeres un acceso a la fe. Al principio muchos tal vez slo vean en ello el camino para asegurar la supervivencia de la humanidad; necesitan de la experiencia del Evangelio de la paz que produce la visin convincente y el cambio en toda forma de vida y que significa infinitamente ms que una mera supervivencia” [15]

La paz como pedagoga no slo nos permite trabajar conjuntamente creyentes y no creyentes, o mejor lo hombres y mujeres de buena voluntad, en la bsqueda de una sociedad ms justa y solidaria. Tambin favorece el dilogo, la superacin de prejuicios producto de la desconfianza y del desconocimiento mutuo. Nos abre la posibilidad de aprender unos de otros, de enriquecernos mutuamente, de superar estereotipos y malos entendidos. Nos permite superar la lgica de los que estn fuera y de los que estn dentro, de los que estn cerca y de los que estn lejos.

Pero la paz no es slo pedagoga para la accin misionera. Es tambin pedagoga de la educacin en la fe de los creyentes. No slo porque nos prepara al dilogo fe – ciencia, fe – cultura, fe – tecnologa. Sino, y por sobre todo, porque nos permite hacer de la paz y la no violencia el ncleo de la fe cristiana, tal como lo fue para el mismo Jesucristo. Nos permitira a los cristianos hacer del Evangelio de la paz y la no violencia la forma de ver la vida, de interpretarla, de construir sociedad, de ser y hacer Iglesia, de ser testigos cualificados del Reino de Dios y de asumir la opcin por los pobres en forma no violenta y excluyente.

Creyentes y no creyentes necesitamos del cambio de mentalidad, finalidad ltima de la educacin para la paz. Debemos desaprender las lgicas excluyentes imperantes en la sociedad de hoy y aprender a hacer de la paz y del Evangelio de la paz y la no violencia el medio de transformacin crtico de la realidad social y eclesial. Cada comunidad cristiana, cada creyente, hemos de preguntarnos si en las instituciones, si en la forma de ser y hacer Iglesia, de anunciar el Evangelio, en la propia vida, somos un modelo convincente de una sociedad y de una Iglesia orientada por los valores de la paz.

A este respecto son interesantes las anotaciones hechas por Emilio Alberich en un congreso sobre juventud y paz en el ao 1985. Este autor analiza las relaciones tan estrechas que existen entre educacin religiosa y educacin para la paz. Afirma que la religin y el modo de ensearla en muchos casos est profundamente marcada por la cultura de guerra, pues crea prejuicios, discriminaciones, marginaciones y exclusiones. Incluso la forma misma de ser Iglesia, de tratar los conflictos en su interior, de relacionarnos con los otros, de ver y de mirar a los alejados, tambin est marcada por esta misma cultura. Por eso seala la urgencia de cambiar tambin entre nosotros esta forma de ser cristianos y educarnos en la fe hacia la cultura de la paz [16] .

En sntesis: la llamada apremiante a la nueva evangelizacin, nueva en sus mtodos, en sus expresiones y su ardor, debe llevarnos a hacer de la paz no slo el valor supremo, sino el criterio de la pedagoga de la evangelizacin en la actualidad, como camino y meta de inculturacin del Evangelio en una cultura globalizada, plural y llena de diversidad cultural y religiosa.

La bsqueda de la paz como bien secularizado del reino nos acercar a muchos que construyen el mundo y la sociedad desde la razn y el conocimiento. Podremos aportar lo nuestro y recibir lo de ellos. La paz como pedagoga nos llevar a hacer el anuncio misionero en el respeto de la situacin de cada uno, sin violentar a nadie, sin juzgar a nadie, sin excluir a nadie, sin compararnos. [17] La paz como pedagoga de la catequesis y de todos las otras formas de educacin permanente en la fe nos permitir transformar pedagogas autoritarias, verticales, poco o nada crticas de la realidad social y eclesial. La paz ha de convertirse en un ambiente educativo, donde se aplican mtodos que valoran el dialogo, la participacin, el pluralismo, el conflicto.

Entindase que no estamos diciendo que por el hecho de ser catlico se es intolerante en cuestiones religiosas. Ejemplos de intolerancia hay tambin en las otras religiones, en los otros cristianos y en la misma ciencia moderna. Sealamos ms bien la necesidad de pensar en una nueva educacin, con la paz como criterio y ambiente, que responde a tiempos de globalizacin como los que nos ha tocado vivir. Tiempos en los que necesitamos creyentes educados a vivir la fe con coherencia y fidelidad en un mundo plural y multicultural. Creyentes que desde la fe viven y conviven con otros, creyentes y no creyentes.

La paz como pedagoga coloca al alcance de todos los cristianos la vivencia de la Bienaventuranza “dichosos los que trabajan por la paz”. La paz deja de ser as tarea exclusiva de unos pocos iluminados, de grandes hroes, de premios Nbel. Es don y tarea para todos los creyentes pues se hace presente donde hay un creyente que anuncia, un creyente que dialoga, un creyente que educa y un creyente que es educado en la fe.



[1] DGC 143 y 1444

[2] Cf. ALBERICH Emilio, La catequesis en la Iglesia, CCS, Madrid 1991.

[3] Algunos autores dedicados a investigar la paz y la educacin para la paz utilizan estos trminos para referirse a dos tipos de mentalidades: la militarista y la pacifista. La mentalidad militarista se caracteriza por el autoritarismo, la obediencia sumisa, la uniformidad, la competitividad, el machismo, el elitismo. Es una cosmovisin, es decir una forma de vida, que cubre todo el tejido social, todas las instituciones, tanto lo religioso como lo educativo. Es una mentalidad en donde la vida se rige por el principio “si quieres la paz preprate para la guerra”. Tanto los procesos de socializacin como la educacin formal, en muchos casos, no hace sino reproducir esta mentalidad. El etnocentrismo, la competitividad, el individualismo, el nacionalismo exacerbado, la intolerancia, la valoracin exagerada de la propia especificidad, son elementos propios de lo que se llama cultura de guerra, que es lo contrario a la cultura de la paz. El objetivo ltimo de la educacin para la paz consiste en la transformacin de la sociedad y en la construccin de la misma desde los valores de la paz. Cfr FRANCIA, Alfonso y COLOMO, Javier G, El animador/2 creativo y constructor de paz, Editorial CCS, Madrid 1996; JARES Xess, Educacin para la paz. Su teora y su prctica, Editorial Popular, Madrid 1991;

[4] ALBERICH Emilio, Educazione religiosa e educazione alla pace, en: MILANESI, Giancarlo [ a cura di], I Giovanni e la pace. Convengo organizzato dalla facult di scienze dell’educazione dell’ UPS. Roma, 2-4 gennaio 1985, LAS, Roma 1986, 229 23.

[5] JARES Xess, Educacin para la paz, 106-111.

[6] GALTUNG Johan, Storia dellidea di pace, Satygraha Editrice, Torino 1995.

[7] MUOZ Francisco (Editor), La paz imperfecta, Instituto de la paz y los conflictos Universidad de Granada, Granada 2001.

[8] LOPEZ Jairo, Apuntes para la vivencia del conflicto y la reconciliacin social desde el seguimiento de Jess, en: Apuntes ignacianos # 30 (2000), 23 35.

[9] HRING, Bernhard, La no violencia. Una forma de cultura y de esperanza, Herder, Barcelona 1989, 11 y 23.

[10] TORRES QUEIRUGA Andrs, Cristianismo y tolerancia hoy, en: Sinite 108 (1995), 9 - 32.

[11] VAN DEN BOSCH Francisco, Aportes para una globalizacin de rostro humano, en: Medelln 108 (2001), 615 -624.

[12] DURAND Alain, Un punto de vista teolgico sobre la globalizacin, en Alternativas 15 (2000), 31 47. Toda esta discusin sobre la globalizacin y un estilo y mtodos ms adecuados de evangelizacin al mundo de hoy, lo encontramos tambin CELAM, Los desafos a la nueva evangelizacin en Amrica Latina y el Caribe en el contexto de la globalizacin mundial. Documento de trabajo, CELAM, Bogot D.C., 2002.

[13] Esta es la tesis central del libro de Bernhard Haring, La no violencia. Una forma de cultura y de esperanza. Y es tambin la tesis central del diccionario para la paz de ediciones Dehoniane Cfr Luigi Lorenzetti (a cura), Dizionario di teologia della pace, Edizione Dehoniane, Bolgna 1997. En los mbitos de educacin para la paz la insistencia es la misma. En este campo la educacin para la paz puede ser entendida en un doble sentido. O entendindola como materia o asignatura curricular, relacionndola con materias e incluso facultades cercanas a las temticas de la paz. O comprendindola como educacin en, de y para la paz, como elemento que abarca y cubre todo el ambiente y la cultura escolar. Sin restarle importancia y validez al primero de los sentidos, para nuestro estudio interesa de modo particular comprender la educacin para la paz en su segunda perspectiva. Es ms un ambiente educativo que un nmero de cursos o conferencias. Cfr FERNNDEZ HERRERA Alfonso, La educacin para la paz en la universidad, en Javier Rodrguez Alczar (ed), Cultivar la paz. Perspectivas desde la universidad de Granada, Universidad de Granada, Granada 2000, 113.

[14] GEVAERT, Joseph, La proposta del evangelo a chi non conoce il Cristo. Finalit, destinatari, contenuti, modalit di presenza, Editrice Elle di Ci, Torino 2001, 118 – 122.

[15] HRING, Bernhard, La no violencia. Una forma de cultura y esperanza, Herder, Barcelona 1989, 26. Lo anterior es lo que se conoce como dimensin misionera de la paz. Ya en 1986 Jess Lpez Gay, en un simposio sobre universidad y paz, estudiaba la relacin tan estrecha que existe entre accin misionera y paz. Seala este autor, que si bien es cierto que el Kerigma no se reduce al anuncio y a la bsqueda de la paz social en el orden meramente temporal, sino que debe conducir a la conversin a Dios, a la aceptacin de Jess como salvador y a la implantacin de la Iglesia, es cierto que la bsqueda de la paz, as sea en este mbito, posee una gran fuerza misionera en orden a la apertura a Dios, a Cristo y a la Iglesia. ( Jess LPEZ GAY, Dimensione missionaria per la pace, en Franco BIFFI [ a cura di], La pace sfida alluniversit catlica. Tai del simposio fra le universit ecclesiastiche e gli istituti di studi superiori di Roma nell Anno Internazionale della Pace. 3 6 XII. 1986, Herder, Roma 1987, 855 862.

[16] ALBERICH, Emilio, Educazione religiosa e educazione alla pace, en Giancarlo MILANESI [ a cura di], I Giovanni e la pace. Convengo organizzato dalla facult di scienze dell’educazione dell UPS. Roma, 2-4 gennaio 1985, LAS Roma 1986, 229 231).

[17] A este respecto son interesantes varias afirmaciones del Papa Juan Pablo II en Redemtoris Missio 8 y 9 sobre el modo de un anuncio del Evangelio que sea precisamente eso: anuncio y no imposicin. De modo particular el nmero 39: “La misin, no coarta la libertad, sino ms bien la favorece. La Iglesia propone, no impone nada: respeta a las personas y las culturas, y se detiene ante el sagrario de la conciencia”.