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REVISTA SEMINARIUM BOGOTENSE Nº 1 - 2002

 

 

“La educacin tiene un papel fundamental en la construccin de un nuevo orden en el mundo donde se relacione de una manera ms conciliadora la visin global y la visn local. Por ello la educacin debe contribuir al nacimiento de un nuevo humanismo, con un componente tico esencial y un amplio lugar para el conocimiento y para el respeto de las culturas y los valores espirituales de las diferentes civilizaciones, contrapeso necesario a una mundializacin slo percibida por el lado econmico. El deseo que se mueve detrs de esta tesis es el querer compartir valores y destino comunes.”

JACQUES DELORS

Ricardo Pulido, Pbro
Estudiante del Doctorado en Pedagoga
Universidad Pontificia Salesiana
Roma

Cuando se aborda el tema de la formacin sacerdotal es importante detenerse en el significado de la palabra formacin, que implica la accin y el efecto de formarse. Formarse significa darse forma, moldearse; en este sentido, la formacin puede ser entendida como un proceso, que a partir de la experiencia, orienta y ayuda al individuo a que madure y se desenvuelva en las relaciones interpersonales en el medio en que vive y se sienta satisfecho de su ser y de sus realizaciones. Tal afirmacin abre la puerta al replanteamiento del papel de la educacin en el desarrollo humano y ubica a la formacin en el contexto de la interrelacin con una serie de realidades, que al darse cita en el individuo de manera dialogal, van configurando en el formando una serie de conceptualizaciones, vivencias e instrumentos que hacen parte esencial de su estructura personal y de una manera particular de su entramado intelectual, entendido ste como el instrumento con el que la persona aborda, comprende el mundo, lo transforma, lo resignifica, de modo que su accin en el mundo va siendo el desarrollo de un todo.

Abordando el campo de lo intelectual, Mario Daz, un pedagogo, define formacin como el proceso de generacin y desarrollo de competencias especializadas que producen diferencias entre los individuos. Insercin del estudiante en formas legtimas de conducta a travs de la legitimacin de ciertas prcticas, procedimientos y juicios que intentan producir un orden interno y subjetivo. Es decir, se refiere a la formacin a travs del anlisis de dos macro-componentes: el componente instruccional, instrumental (qu aprende y cmo aprende) y el componente regulativo o conducta, cuya funcin en simblica, fuente de valores que legitima las conductas aceptadas.

Esta concepcin de formacin se debe incorporar en el deseo universal que une los esfuerzos en las universidades e instituciones de educacin superior, donde se quiere ofrecer una educacin que se d en tres niveles fundamentales: el bsico (pregrado), el de profundizacin (especializaciones o postgrados) y los de aporte a la ciencia y al pensamiento especfico de alguna disciplina (doctorados), pero ellos se entienden dentro de un marco de formacin integral, ya que la finalidad ltima de todo ser humano es su plenificacin, su realizacin ms alta y es en este punto donde la formacin intelectual adquiere una gran importancia como elemento que ayuda a explorar, a conocer, a abordar realidades, a comprenderlas y a transformarlas.

Por ello quiero abordar dos propuestas de formacin integral desde lo intelectual, que vienen ganando terreno en los campos de la educacin en tecnologa, en ciencias biolgicas y humanas, lo cual coloca a la formacin intelectual frente a una serie de inquietudes y de retos sobre los cuales sera interesante hablar:

1. EL SER EN DESARROLLO, FUNDAMENTO DE LA FORMACIN INTEGRAL

Definitivamente el bloque intelectual en la formacin integral de las personas, tiene un papel bien importante, por cuanto la sociedad actual quiere dar los elementos necesarios desde la intelectualidad para que la persona aborde, analice, comprenda, intervenga y transforme el mundo.

Un elemento que es punto de partida en la formacin intelectual y que se convierte en reto para nuestra educacin en los seminarios, es la idea de entender a la persona como un ser no terminado, que se encuentra en permanente y continua tarea de hacer para s mismo y de s mismo, lo cual exige ver al educando en todas sus dimensiones como un ser que ya est en camino y que no es simplemente un recipiente donde metemos una serie de significaciones y claves que lo hacen especialista, pero que desgraciadamente en sus procesos sufre un rompimiento, ya que viene con unas claves de significado social, cultural, espiritual e intelectual que lo ubican dentro de los intereses de un mundo en particular, pero que son negados en ocasiones por visiones reducidas de lo intelectual dentro de la formacin acadmica de los seminarios y no son asumidos como claves de comprensin y de dilogo entre el mundo y le discurso de fe.

Una idea que viene adquiriendo un rol principal en la formacin intelectual de las personas es la de PROYECTO, en la realidad personal y en las diferentes temticas que hacen parte del currculo formativo y del programa de estudios en particular. Valdra la pena preguntarse cul es el proyecto que se ofrece en la parte acadmica, en cuanto se refiere a la construccin de una lnea de pensamiento; en las universidades este concepto de proyecto se concreta en el perfil de estudiante y de egresado que se quiere de acuerdo al rea, tanto en contenidos como en instrumentos y habilidades. De ah que el concepto de sujeto educativo se deba entender como estar sujeto a la tarea permanente de ser humano, descubrindose a s mismo a travs de la produccin de un pensamiento claro que manifieste concretamente los objetivos de la formacin intelectual y su articulacin dentro de la estructuracin integral de la persona como ser en el mundo y como futuro sacerdote, y su papel como constructor y promotor de cultura dentro de unas comunidades concretas, cuyo ncleo es la fe. Dentro de los marcos de la intelectualidad, es importante entender que los contenidos que se quiere aportar en la estructuracin del estudiante tienen como finalidad convertirlo en un constructor y re-constructor de cultura, lo cual se convierte en un reto para la formacin, en las directrices, en los contenidos y en las formas, ya que el mundo maneja un serie de categoras sobre las cuales gira toda la formacin intelectual de las personas, que el futuro sacerdote debe saber abordar y con las cuales es necesario entablar un dilogo crtico. Para esto es necesario disear una formacin intelectual que, sin olvidar la propuesta educativa de la Iglesia y su Magisterio, pueda proporcionar los elementos que configuren al sacerdote como un hombre que pueda tener claridad en sus fundamentos, en su lnea formativa y en los instrumentos que le permitan abordar, analizar, criticar y transformar la realidad cultural.

Hay una realidad que en muchos casos no es abordada de la mejor manera, y es la referente a la lnea de construccin y reconstruccin del pensamiento pastoral, entendido como un entramado que se va haciendo con base en una cimentacin espiritual, humana, afectiva, humanstica y teolgica, ya que al hablar con los sacerdotes y los mismos seminaristas, se llega a la conclusin de que la parte intelectual es vista como un requisito de instruccin, pero le falta tener mayor sentido, interaccin con la vida y sus dinamismos, tanto en los procesos pastorales, como el procesos sociales, culturales, econmicos, polticos, etc.

Cuando se habla de formacin integral y dentro de ella se quiere descubrir el rol del bloque intelectual, surge la pregunta sobre cul es el tipo de lenguaje que se est formando y construyendo en la formacin intelectual, porque se puede estar cayendo en el peligro de asumir un lenguaje que no haga una verdadera significacin vital en las personas, lo cual conllevara una negacin casi completa de lo intelectual en la vida cotidiana, como instrumento fundamental para comprender y actuar en la realidad. Personalmente me preocupa cmo los sacerdotes y los mismos seminaristas quieren que la formacin les d instrumentos para hacer cosas dentro de las acciones de la vida social, lo cual es vlido, pero es preocupante constatar que la inclinacin por el hacer no tiene la misma intensidad en la construccin de un lenguaje propio, que manifieste claramente una posicin frente a las circunstancias de la vida y una flexibilidad en el pensamiento para poder decir una palabra vlida y slida en diferentes situaciones que van exigiendo del sacerdote una cimentacin terica suficiente que le permita comprender e intervenir en los diferentes procesos sociales en que viven las personas que hacen parte de la Iglesia y que esperan una orientacin slida, real y adaptada a los tiempos que tienen unos dinamismos de cambio muy fuertes.

Es importante tener en cuenta que llegar a lo social no significa proponer simplemente una serie de contenidos doctrinales, sino que no hay que olvidar que la sociedad es un sistema de interpretacin del mundo, una construccin, una creacin de un mundo, de su propio mundo, lo cual exige del discurso cristiano de los sacerdotes una gran claridad, no solamente en cuanto comprensin de temticas, sino tambin en cuanto a la presentacin de un estilo decomprensin del mundo desde lo cristiano, de modo que se entienda al hombre al que se le habla, y que la posibilidad que se da no es de imposicin sino de dilogo; de ah que valdra la pena pensar en la estructuracin de una formacin dialogante, que posibilite un encuentro real e intencional entre los que hacen parte del acto educativo, tanto en lo intelectual como en lo axiolgico.

La idea de optar por una educacin dialgica se complementa perfectamente con el deseo intenso de una recreacin de la condicin humana, para lo cual es fundamental la interrelacin gradual entre formacin, conformacin y transformacin. La educacin que se puede desarrollar desde lo intelectual slo se entiende desde los objetivos de la misma formacin a su interior, ya que lo que viene de lo exterior impone, pero no construye; por ello la formacin que est llamado a asumir cada seminarista debe ser direccionada desde la vida misma de cada alumno, buscando la comprensin de los fenmenos que entran en su estudio, es decir, es el proceso de asimilacin del sentido de lo humano en permanente construccin. Al comprender el mundo, el estudiante se reconoce en formacin, por eso la comprensin que se busca de los entramados intelectuales no solamente consiste en adquirir contenido de conocimiento, sino que es re-apropiacin de sentido, es asimilacin. Si conectamos el significado de comprensin con el de educacin en general, podemos afirmar que todo proceso educativo implica una intencin de hacer aflorar y de hacerlo de manera sistemtica para lograr tal propsito, lo cual hace surgir una pregunta sobre la intencionalidad educativa del plan de estudios propuesto en los seminarios, entendiendo esta intencionalidad como la manifestacin explcita del educar, entendiendo este trmino como una permanente construccin del ser en su totalidad; esto a su vez plantea un interrogante sobre las disciplinas que intervienen en la formacin intelectual, sus intencionalidades, su rol dentro de la estructuracin de un pensamiento pastoral con identidad y particularidad y a la vez las relaciones de sentido que est llamada a tener la formacin intelectual con las otras dimensiones de la formacin integral del seminario. La pregunta por la comprensin, por la sistematicidad de los conocimientos, por aplicabilidad y por su identidad, hacen del tema intelectual una realidad que desborda lo instructivo e informativo, para pasar a lo que construye continuamente el sentido de una estructura intelectual que responda a las necesidades de la Iglesia y a los legtimos deseos de toda persona, en cuanto est llamada a ser dinamizadora y recreadora de la cultura. Qu tipo de sentido construimos; a qu tipo sentido se enfrenta el pensamiento cristiano; cmo se articula o se relaciona el significado de sentido que promueve la sociedad tecnolgica actual con el sentido del discurso cristiano, de modo que no se llegue a reducciones pobres de comprensin o a que el discurso cristiano pierda espacio, ya que se puede presentar sin dinamismo y sin respuestas vlidas a un mundo que cuando obtiene la respuesta, ya ha formulado nuevas preguntas, y esto hace que la formacin intelectual descubra sin apasionamientos sus bases, sus complementos, sus elementos de profundizacin, de aplicabilidad y de actualizacin.

La pregunta sobre el concepto de educacin que se maneja en la formacin intelectual en los seminarios es bien interesante, pues ayuda a descubrir la opcin real sobre la cual se est trabajando, de modo que se pueden entender los procesos educativos como espacios de formacin que buscan la construccin de un sentido de vida, que es significativo en la direccionalidad de la accin intelectual y en su aplicabilidad.

Otra categora que toma cada vez ms fuerza dentro del mamo formativo es el devenir, en cuanto que los seres humanos y por consiguiente sus procesos formativos estn siempre en movimiento, tienen un dinamismo propio que busca la realizacin continua de la naturaleza humana. Algo que es importante tener en cuenta en los seminarios es que el alumno es un ser humano que se est haciendo continuamente; por eso es de vital importancia trazar una lnea clara de formacin, donde la sucesin de tratados no responda a un cumplimiento de una serie de contenidos mnimos, sino que se busque consolidar una estructura intelectual lo suficientemente fuerte para abordar la realidad desde un pensamiento pastoral profundo, flexible y proyectivo, ya que no se trata de cumplir acadmicamente con semestres, sino de procurar la estructuracin un proceso formativo serio, continuo y bien cimentado, de modo que la formacin intelectual desemboca en una doble relacin del alumno con la vida y con el mundo. La formacin intelectual ayuda a que la persona aborde un mundo que es ajeno a ella, con el fin de desarrollarse, lo cual supone la responsabilidad no slo de s mismo, sino de los otros y del mundo que se va construyendo en comunidad.

Surge una serie de preguntas sobre la integralidad de la formacin intelectual, sobre su intencionalidad, sobre sus relaciones con el mundo cambiante, sobre la lnea que se sigue o que se construye en las personas que asumen el bloque intelectual, sobre el devenir de la formacin intelectual y los retos que va planteando a la educacin en los seminarios y en el mbito de la estructuracin de las personas.

2. EL ESTILO DE LA FORMACIN INTELECTUAL.

La pregunta fundamental en este punto de la discusin es sobre el estilo de formacin que se est ofreciendo en el campo intelectual y desde all. Cul es el estilo de sacerdote que en el mbito intelectual se est formando con el fin de abordar e impregnar la sociedad? Una formacin intelectual que quiera responder a los desafos de la vida sacerdotal hoy, debe iniciar un proceso de construccin de un modo particular de realizar las acciones educativas, de manera que se manifieste su intencionalidad y su identidad. De ah que pensar en un estilo de intelectualidad propio dentro de la vida sacerdotal, debe ser ante todo, fruto de una reflexin seria, de una clarificacin de la misin de los sacerdotes y de un diseo de pensamiento que identifique al sacerdote y le haga vlido dentro del contexto acadmico, social y poltico de una comunidad concreta.

Las opciones pedaggicas que viene a constituir el estilo de formacin deben tener claridad en su intencionalidad, de modo que se puedan precisar los fundamentos antropolgicos, sicolgicos, axiolgicos y epistemolgicos, necesarios para disear un entramado pedaggico que responda a la necesidad de crear una estructura de pensamiento, de rehacer un sentido crtico constante y de dar instrumentos para la aplicacin de los conceptos y nociones en la realidad sociocultural y religiosa de las comunidades.

Las opciones pedaggicas que ayuden a estructurar los procesos de enseanza y aprendizaje estn orientadas a la estructuracin de la dimensin moral, histrica, esttica y a la formacin de un pensamiento critico. De ah que la formacin intelectual implica ante todo busca poner al hombre en condiciones de alcanzar la verdadera meta de su vida, que est a la base del despliegue de una educacin en lo intelectual y en todas las reas de la formacin especfica. Por consiguiente, es importante detenerse en los sujetos del hacer pedaggico, por cuanto es necesario entender que lo importante en lo intelectual no es solamente lo mucho que se aprenda, sino la forma de aprenderlo: de nada sirve tener una gran cantidad de conceptos, si no se desarrollan en la estructura de las personas frente a las diversas circunstancias.

Aparecen varias realidades dentro del afn de estructurar una formacin intelectual seria. Una de ellas es la posibilidad de puntualizar la lgica epistemolgica de cada una de las disciplinas que hacen parte de la estructura intelectual que ofrecen los seminarios, de modo que se pueda concretar una produccin de conocimiento slida y suficiente para el sacerdote en las diversas circunstancias .Valdra la pena analizar la educacin humanstica dentro de la formacin intelectual, como un componente importante en la estructuracin mental de los estudiantes.

La educacin humanstica es aquella que fomenta el uso de la razn, es la facultad de observar, abstraer, deducir, argumentar y concluir lgicamente .Una enseanza que fomente las humanidades debe ayudar a que los alumnos terminen por respetar los poderes de su propia mente y que confen en ellos; que se ample el respeto y la confianza en su capacidad de pensar acerca de la condicin humana, de la situacin conflictiva del hombre y de la vida social; proporcionar un conjunto de modelos funcionales que faciliten el anlisis del mundo social en el que se vive y las condiciones en que se encuentra el ser humano; crear un sentido del respeto por las capacidades y la humanidad del hombre como especie; dejar en el estudiante la idea de que la evolucin humana es un proceso que no ha terminado.

A la formacin humanstica se le presenta una serie de dificultades, fruto de las tendencias posmodernas, a saber: la sacralizacin de las opiniones y la incapacidad de la abstraccin. La primera se muestra en cosas tan comunes como impedir que las opiniones ajenas interpelen terica o metodolgicamente la manera de entender o de abordar el problema terico. En este caso toda oposicin se percibe como agresin. La segunda se manifiesta en la incapacidad casi terminal para deducir premisas, para ir ms all de lo inmediato o anecdtico. Frente a estas discusiones hay que aprender a discutir, refutar y a justificar lo que se piensa. Esto es parte irrenunciable de cualquier educacin humanstica que pretenda ser integral. Y para ello hay que saber someterse a las reglas de inteligibilidad, saber escuchar en una actitud libre de querer participar en un dilogo razonable, en el que prima la bsqueda comn de la verdad que no tiene dueos y no necesita esclavos, y saber preguntar y preguntarse.

Tal horizonte pone de presente las complejidad del trabajo intelectual en este campo de las humanidades y nos remite a todos los que tenemos que ver con esta educacin a la pregunta sobre la realidad de nuestros procesos y sobre los mitos que an se posan sobre la educacin intelectual en los seminarios.

El estilo de formacin intelectual se puede comprender dentro del marco de una formacin integral, donde ella no se puede cerrar exclusivamente en el desarrollo de la conciencia moral, del sentido histrico y esttico por parte del alumno, sino que comprende de manera armnica con lo anterior, el desarrollo de su capacidad de pensar crticamente. Por tanto se deben detectar y priorizar una serie de disciplinas que, al interrelacionarse, van construyendo en el estudiante una estructura intelectual abierta, profunda, creativa y en continuo dilogo con toda la realidad existente. La invitacin es a asumir las propuestas de estudio como un entramado que estn llamadas a construir, una estructura e instrumentos para que los seminaristas puedan desarrollar la capacidad de anlisis; la curiosidad, que respeta dogmas, pero que los estudia en profundidad sin negar su naturaleza; el sentido de razonamiento lgico; la sensibilidad para apreciar las ms altas realizaciones del espritu humano y la visin de conjunto ante el panorama del saber.

3. LOS CUATRO FAROS FUNDAMENTALES PARA CONSTRUIR UNA ESTRUCTURA INTELECTUAL, QUE ENTRE EN DIALOGO CON EL MUNDO EN TODAS SUS DIMENSIONES.

Dentro del esfuerzo de constituir una formacin intelectual slida, no se debe perder de vista el concepto de educacin en el mundo actual, de acuerdo con la exigencias que ste va presentando. La educacin est llamada a tener la capacidad de dar los suficientes elementos tericos y tcnicos evolutivos, adaptados a la civilizacin cognitiva, porque son las bases de las competencias del futuro; a la vez tiene como compromiso posibilitar la construccin de una persona capaz de mantenerse frente a las diversas corrientes de informaciones ms o menos efmeras, que invaden los espacios pblicos y privados, y de desarrollar y mantener proyectos a nivel individual y colectivo.

Cuando uno ejerce el magisterio en las diferentes comunidades y situaciones, le queda difcil ver con claridad la utopa de la educacin, como espacio dialgico donde la persona se forma de manera integral y plural, ya que en muchas ocasiones se tiene la sensacin de que lo recibido en el seminario se qued en el mbito meramente terico, pero su aplicabilidad se qued en el vaco.

Esta sensacin de escepticismo frente a la realidad educativa, aunque no es la mas saludable, s es la mas real, pues cuando no se ven acciones concretas de progreso, sino una serie de imposiciones legales-ideales, que se dan a partir de supuestos educativos, axiolgicos, econmicos y culturales, que son falsos y van en contrava con lo que se observa a diario en la realidad colombiana y latinoamericana.

Por eso creo que hablar de elementos que fundamenten la construccin educativa es ms que necesario, es indispensable, si en realidad queremos tener los caminos claros para desencadenar procesos de creacin y re-creacin de los tejidos personales y sociales.

Las personas que se educan desde unos parmetros claros y abiertos son capaces de alcanzar los instrumentos necesarios para construir una estructura vital slida y en continua apertura a los aportes de las ciencias, de las situaciones y de todo aquello que nos pueda aportar luces en este camino educativo.

Aunque las condiciones en nuestro pas no son las mejores, no nos podemos quedar en diagnsticos patticos y desconsoladores, sino que por el contrario, asimilando esta situacin, seamos capaces de ayudar a construir sujetos que sepan descubrir sus procesos permanentes de formacin, que los asuman y los utilicen en su cotidianidad, no solamente como medio de subsistencia material, sino tambin como elementos fundamentales para conocer el mundo, a los hombres y realizarse en l y con ellos.

Pienso que hay dos elementos fundamentales que van siendo animados por un sentimiento en este proceso educativo: la investigacin gradual y la creatividad como impulso del proceso formativo. Estos dos factores, animados por una sincera y recta pasin por el hombre y su futuro, son fundamentales para la persona en su recorrido educativo. Dichos factores, aunque suene un tanto romntico decirlo, son tan prcticos y vitales, que con ellos la persona puede ingresar en su interioridad, en su entorno social y tener la capacidad de crear nuevos espacios vitales para s misma y para los otros.

As pues, la educacin cuenta con unos faros que orientan el camino y van mostrando horizontes de sentido sobre los cuales se va construyendo, teniendo en cuenta el contexto espacio-temporal donde las personas se mueven, crecen y estn llamadas a aportar nuevas cosas para el progreso colectivo.

Dos de estos faros que guan el proceso educativo autntico son: el aprender a saber y el aprender a hacer. Ellos son fundamentales para abrir espacios de comprensin cognitiva de las diferentes realidades y fenmenos que suceden en el mundo y que lo destacan a nivel local y mundial.

Esto significa una calificacin equilibrada de los contenidos de la educacin y de sus objetivos, ya que a veces vemos inclinada la perspectiva educativa y perdemos de vista horizontes ms amplios que se deben conocer, porque quermoslo o no, influyen en el desarrollo de lo individual y de lo social. Es bueno dar ciertos elementos tcnicos y cientficos como medios para enfrentar el mundo laboral actual, pero tambin se comprueba que ciertas necesidades existenciales de sentido van aflorando en el hombre y que, cuando no tiene elementos con que afrontarlos, ste se ve abocado a crisis axiolgicas, culturales, educativas, polticas, etc.

Para seguir el camino que van mostrando estos faros, es necesario ejercitar la atencin, la memoria y el pensamiento, para poder ingresar en el mbito del conocimiento con suficiencia y con la capacidad de poder profundizar continuamente en lo abstracto como en lo concreto.

Cuando se tiene la capacidad investigativa y creativa, se puede decir que lo que se conoce necesariamente se va a traducir en posibilidades concretas de progreso humano en cuanto a mejoramiento de servicios y de empleos, que no solamente lleven a un materialismo innecesario, sino que promuevan una mejor calidad de vida de todos los que compartimos este mundo. Por ello, el hacer realidad los conocimientos debe estar orientado por un criterio tico que lleve a la justicia y a la igualdad para todos.

Pero esto entraa un peligro, cuando los medios para lograr esas capacidades necesarias son acaparados por unos pocos, lo cual reduce el radio de accin de estos conocimientos en las sociedades a un reducido sector que manipula las polticas econmicas, educativas, culturales de los pueblos, llevndolos a la pobreza en todas las facetas de la vida.

Todo esto, debe permitimos una reflexin seria y ubicada sobre la NECESIDAD DE UN FORMAClN INTEGRAL CON UN NFASIS TICO, que posibilite la re-creacin de nuevos procesos sociales. Los otros dos faros que orientan el quehacer educativo son aprender a ser y aprender a vivir juntos. Ellos son fundamentales en el intento de construir sociedades justas, donde se d importancia al crecimiento de la persona y al fortalecimiento de los medios y espacios que lleven a una mejor convivencia.

Es vital que la educacin se presente como un proceso donde el nio, el joven y luego adulto puedan conocer y vivencia la libertad, para que vayan adquiriendo un justo juicio sobre las realidades , una creciente sensibilidad frente a las problemticas y una gran imaginacin para proyectar una verdadera accin de progreso y de desarrollo integral.

Todo esto se va a manifestar y se va retroalimentar en espacios de convivencia, donde las personalidades se puedan encontrar, enfrentar y conciliar con un claro objetivo comn sin menospreciar la dimensin personal, que en continuo dialogo con lo social, dotar al sujeto de nuevas ideas para la mejor convivencia.

Quiero terminar con esta cita del informe de la Unesco sobre la educacin, de 1987:

“El desarrollo tiene por objeto el despliegue completo del hombre en toda su riqueza y en la complejidad de sus expresiones y de sus compromisos; individuo, miembro de una familia y de una colectividad, ciudadano y productor, inventor de tcnicas y creador de sueos.”