La educacin tiene un papel fundamental
en la construccin de un nuevo orden en el mundo donde se
relacione de una manera ms conciliadora la visin global
y la visn local. Por ello la educacin debe contribuir al
nacimiento de un nuevo humanismo, con un componente tico
esencial y un amplio lugar para el conocimiento y para el
respeto de las culturas y los valores espirituales de las
diferentes civilizaciones, contrapeso necesario a una mundializacin
slo percibida por el lado econmico. El deseo que se mueve
detrs de esta tesis es el querer compartir valores y destino
comunes.
JACQUES DELORS
Ricardo Pulido, Pbro
Estudiante del Doctorado en Pedagoga
Universidad Pontificia Salesiana
Roma
Cuando se aborda el tema de la formacin sacerdotal
es importante detenerse en el significado de la palabra formacin,
que implica la accin y el efecto de formarse. Formarse significa
darse forma, moldearse; en este sentido, la formacin puede ser
entendida como un proceso, que a partir de la experiencia, orienta
y ayuda al individuo a que madure y se desenvuelva en las relaciones
interpersonales en el medio en que vive y se
sienta satisfecho de su ser y de sus realizaciones. Tal
afirmacin abre la puerta al replanteamiento del papel de la educacin
en el desarrollo humano y ubica a la formacin en el contexto
de la interrelacin con una serie de realidades, que al darse
cita en el individuo de manera dialogal, van configurando en el
formando una serie de conceptualizaciones, vivencias e instrumentos
que hacen parte esencial de su estructura personal y de una manera
particular de su entramado intelectual, entendido ste como el
instrumento con el que la persona aborda, comprende el mundo,
lo transforma, lo resignifica, de modo que su accin en el mundo
va siendo el desarrollo de un todo.
Abordando el campo de lo intelectual,
Mario Daz, un pedagogo, define formacin como el proceso de generacin
y desarrollo de competencias especializadas que producen diferencias
entre los individuos. Insercin del estudiante en formas legtimas
de conducta a travs de la legitimacin de ciertas prcticas,
procedimientos y juicios que intentan producir un orden interno
y subjetivo. Es decir, se refiere a la formacin a travs del
anlisis de dos macro-componentes: el componente instruccional,
instrumental (qu aprende y cmo aprende) y el componente regulativo
o conducta, cuya funcin en simblica, fuente de valores que legitima
las conductas aceptadas.
Esta concepcin de formacin se debe incorporar
en el deseo universal que une los esfuerzos en las universidades
e instituciones de educacin superior, donde se quiere ofrecer
una educacin que se d en tres niveles fundamentales: el bsico
(pregrado), el de profundizacin (especializaciones o postgrados)
y los de aporte a la ciencia y al pensamiento especfico de alguna
disciplina (doctorados), pero ellos se entienden dentro de un
marco de formacin integral, ya que la finalidad ltima de todo
ser humano es su plenificacin, su realizacin ms alta y es en
este punto donde la formacin intelectual adquiere
una gran importancia como elemento que ayuda a explorar, a conocer,
a abordar realidades, a comprenderlas y a transformarlas.
Por ello quiero abordar dos propuestas de formacin
integral desde lo intelectual, que vienen ganando terreno en los
campos de la educacin en tecnologa, en ciencias biolgicas y
humanas, lo cual coloca a la formacin intelectual frente a una
serie de inquietudes y de retos sobre los cuales sera interesante
hablar:
1. EL SER EN DESARROLLO, FUNDAMENTO
DE LA FORMACIN INTEGRAL
Definitivamente el bloque intelectual
en la formacin integral de las personas, tiene un papel bien
importante, por cuanto la sociedad actual quiere dar los
elementos necesarios desde la intelectualidad para que la persona
aborde, analice, comprenda, intervenga y transforme el mundo.
Un elemento que es punto de partida
en la formacin intelectual y que se convierte en reto para nuestra
educacin en los seminarios, es la idea de entender a la persona
como un ser no terminado, que se encuentra en permanente y continua
tarea de hacer para s mismo y de s mismo, lo cual exige
ver al educando en todas sus dimensiones como un ser que ya est
en camino y que no es simplemente un recipiente donde metemos
una serie de significaciones y claves que lo hacen especialista,
pero que desgraciadamente en sus procesos sufre un rompimiento,
ya que viene con unas claves de significado social, cultural,
espiritual e intelectual que lo ubican dentro de los intereses
de un mundo en particular, pero que son negados en ocasiones por
visiones reducidas de lo intelectual dentro de la formacin acadmica
de los seminarios y no son asumidos como claves de comprensin
y de dilogo entre el mundo y le discurso de fe.
Una idea que viene adquiriendo
un rol principal en la formacin intelectual de las personas es
la de PROYECTO, en la realidad personal y en las diferentes temticas
que hacen parte del currculo formativo y del programa de estudios
en particular. Valdra la pena preguntarse cul es el proyecto
que se ofrece en la parte acadmica, en cuanto se refiere a la
construccin de una lnea de pensamiento; en las universidades
este concepto de proyecto se concreta en el perfil de estudiante
y de egresado que se quiere de acuerdo al rea, tanto en contenidos
como en instrumentos y habilidades. De ah que el concepto de
sujeto educativo se deba entender como estar sujeto a la tarea
permanente de ser humano, descubrindose a s mismo a travs de
la produccin de un pensamiento claro que manifieste concretamente
los objetivos de la formacin intelectual y su articulacin dentro
de la estructuracin integral de la persona como ser en el mundo
y como futuro sacerdote, y su papel como constructor y promotor
de cultura dentro de unas comunidades concretas, cuyo ncleo es
la fe. Dentro de los marcos de la intelectualidad, es importante
entender que los contenidos que se quiere aportar en la estructuracin
del estudiante tienen como finalidad convertirlo en un constructor
y re-constructor de cultura, lo cual se convierte en un
reto para la formacin, en las directrices, en los contenidos
y en las formas, ya que el mundo maneja un serie de categoras
sobre las cuales gira toda la formacin intelectual de las personas,
que el futuro sacerdote debe saber abordar y con las cuales es
necesario entablar un dilogo crtico. Para esto es necesario
disear una formacin intelectual que, sin olvidar la propuesta
educativa de la Iglesia y su Magisterio, pueda proporcionar los
elementos que configuren al sacerdote como un hombre que pueda
tener claridad en sus fundamentos, en su lnea formativa y en
los instrumentos que le permitan abordar, analizar, criticar y
transformar la realidad cultural.
Hay una realidad que en muchos
casos no es abordada de la mejor manera, y es la referente a la
lnea de construccin y reconstruccin del pensamiento pastoral,
entendido como un entramado que se va haciendo con base en una
cimentacin espiritual, humana, afectiva, humanstica y teolgica,
ya que al hablar con los sacerdotes y los mismos seminaristas,
se llega a la conclusin de que la parte intelectual es vista
como un requisito de instruccin, pero le falta tener mayor sentido,
interaccin con la vida y sus dinamismos, tanto en los procesos
pastorales, como el procesos sociales, culturales, econmicos,
polticos, etc.
Cuando se habla de formacin
integral y dentro de ella se quiere descubrir el rol del bloque
intelectual, surge la pregunta sobre cul es el tipo de lenguaje
que se est formando y construyendo en la formacin intelectual,
porque se puede estar cayendo en el peligro de asumir un lenguaje
que no haga una verdadera significacin vital en las personas,
lo cual conllevara una negacin casi completa de lo intelectual
en la vida cotidiana, como instrumento fundamental para comprender
y actuar en la realidad. Personalmente me preocupa cmo los sacerdotes
y los mismos seminaristas quieren que la formacin les d instrumentos
para hacer cosas dentro de las acciones de la vida social,
lo cual es vlido, pero es preocupante constatar que la inclinacin
por el hacer no tiene la misma intensidad en la construccin de
un lenguaje propio, que manifieste claramente una posicin frente
a las circunstancias de la vida y una flexibilidad en el pensamiento
para poder decir una palabra vlida y slida en diferentes situaciones
que van exigiendo del sacerdote una cimentacin terica suficiente
que le permita comprender e intervenir en los diferentes procesos
sociales en que viven las personas que hacen parte de la Iglesia
y que esperan una orientacin slida, real y adaptada a los tiempos
que tienen unos dinamismos de cambio muy fuertes.
Es importante tener en cuenta
que llegar a lo social no significa proponer simplemente una serie
de contenidos doctrinales, sino que no hay que olvidar que la
sociedad es un sistema de interpretacin del mundo, una construccin,
una creacin de un mundo, de su propio mundo, lo cual exige del
discurso cristiano de los sacerdotes una gran claridad, no solamente
en cuanto comprensin de temticas, sino tambin en cuanto a la
presentacin de un estilo decomprensin del mundo desde lo cristiano,
de modo que se entienda al hombre al que se le habla, y que la
posibilidad que se da no es de imposicin sino de dilogo; de
ah que valdra la pena pensar en la estructuracin de una formacin
dialogante, que posibilite un encuentro real e intencional entre
los que hacen parte del acto educativo, tanto en lo intelectual
como en lo axiolgico.
La idea de optar por una educacin
dialgica se complementa perfectamente con el deseo intenso de
una recreacin de la condicin humana, para lo cual es fundamental
la interrelacin gradual entre formacin, conformacin y transformacin.
La educacin que se puede desarrollar desde lo intelectual slo
se entiende desde los objetivos de la misma formacin a su interior,
ya que lo que viene de lo exterior impone, pero no construye;
por ello la formacin que est llamado a asumir cada seminarista
debe ser direccionada desde la vida misma de cada alumno, buscando
la comprensin de los fenmenos que entran en su estudio, es decir,
es el proceso de asimilacin del sentido de lo humano en permanente
construccin. Al comprender el mundo, el estudiante se reconoce
en formacin, por eso la comprensin que se busca de los entramados
intelectuales no solamente consiste en adquirir contenido de conocimiento,
sino que es re-apropiacin de sentido, es asimilacin. Si conectamos
el significado de comprensin con el de educacin en general,
podemos afirmar que todo proceso educativo implica una intencin
de hacer aflorar y de hacerlo de manera sistemtica para lograr
tal propsito, lo cual hace surgir una pregunta sobre la intencionalidad
educativa del plan de estudios propuesto en los seminarios, entendiendo
esta intencionalidad como la manifestacin explcita del educar,
entendiendo este trmino como una permanente construccin del
ser en su totalidad; esto a su vez plantea un interrogante sobre
las disciplinas que intervienen en la formacin intelectual, sus
intencionalidades, su rol dentro de la estructuracin de un pensamiento
pastoral con identidad y particularidad y a la vez las relaciones
de sentido que est llamada a tener la formacin intelectual con
las otras dimensiones de la formacin integral del seminario.
La pregunta por la comprensin, por la sistematicidad de los conocimientos,
por aplicabilidad y por su identidad, hacen del tema intelectual
una realidad que desborda lo instructivo e informativo, para pasar
a lo que construye continuamente el sentido de una estructura
intelectual que responda a las necesidades de la Iglesia y a los
legtimos deseos de toda persona, en cuanto est llamada a ser
dinamizadora y recreadora de la cultura. Qu tipo de sentido construimos;
a qu tipo sentido se enfrenta el pensamiento cristiano;
cmo se articula o se relaciona el significado de sentido que
promueve la sociedad tecnolgica actual con el sentido del discurso
cristiano, de modo que no se llegue a reducciones pobres de comprensin
o a que el discurso cristiano pierda espacio, ya que se puede
presentar sin dinamismo y sin respuestas vlidas a un mundo que
cuando obtiene la respuesta, ya ha formulado nuevas preguntas,
y esto hace que la formacin intelectual descubra sin apasionamientos
sus bases, sus complementos, sus elementos de profundizacin,
de aplicabilidad y de actualizacin.
La pregunta sobre el concepto
de educacin que se maneja en la formacin intelectual en los
seminarios es bien interesante, pues ayuda a descubrir la opcin
real sobre la cual se est trabajando, de modo que se pueden entender
los procesos educativos como espacios de formacin que buscan
la construccin de un sentido de vida, que es significativo en
la direccionalidad de la accin intelectual y en su aplicabilidad.
Otra categora que toma cada vez ms fuerza dentro
del mamo formativo es el devenir, en cuanto que los seres humanos
y por consiguiente sus procesos formativos estn siempre en movimiento,
tienen un dinamismo propio que busca la realizacin continua de
la naturaleza humana. Algo que es importante tener en cuenta en
los seminarios es que el alumno es un ser humano que se est haciendo
continuamente; por eso es de vital importancia trazar una lnea
clara de formacin, donde la sucesin de tratados no responda
a un cumplimiento de una serie de contenidos mnimos, sino que
se busque consolidar una estructura intelectual lo suficientemente
fuerte para abordar la realidad desde un pensamiento pastoral
profundo, flexible y proyectivo, ya que no se trata de cumplir
acadmicamente con semestres, sino de procurar la estructuracin
un proceso formativo serio, continuo y bien cimentado, de modo
que la formacin intelectual desemboca en una doble relacin del
alumno con la vida y con el mundo. La formacin intelectual ayuda
a que la persona aborde un mundo que es ajeno a ella, con el fin
de desarrollarse, lo cual supone la responsabilidad no slo de
s mismo, sino de los otros y del mundo que se va construyendo
en comunidad.
Surge una serie de preguntas
sobre la integralidad de la formacin intelectual, sobre su intencionalidad,
sobre sus relaciones con el mundo cambiante, sobre la lnea que
se sigue o que se construye en las personas que asumen el bloque
intelectual, sobre el devenir de la formacin intelectual y los
retos que va planteando a la educacin en los seminarios y en
el mbito de la estructuracin de las personas.
2. EL ESTILO DE LA FORMACIN
INTELECTUAL.
La pregunta fundamental en este
punto de la discusin es sobre el estilo de formacin que se est
ofreciendo en el campo intelectual y desde all. Cul es el estilo
de sacerdote que en el mbito intelectual se est formando con
el fin de abordar e impregnar la sociedad? Una formacin intelectual
que quiera responder a los desafos de la vida sacerdotal hoy,
debe iniciar un proceso de construccin de un modo particular
de realizar las acciones educativas, de manera que se manifieste
su intencionalidad y su identidad. De ah que pensar en un estilo
de intelectualidad propio dentro de la vida sacerdotal, debe ser
ante todo, fruto de una reflexin seria, de una clarificacin
de la misin de los sacerdotes y de un diseo de pensamiento que
identifique al sacerdote y le haga vlido dentro del contexto
acadmico, social y poltico de una comunidad concreta.
Las opciones pedaggicas que
viene a constituir el estilo de formacin deben tener claridad
en su intencionalidad, de modo que se puedan precisar los fundamentos
antropolgicos, sicolgicos, axiolgicos y epistemolgicos, necesarios
para disear un entramado pedaggico que responda a la necesidad
de crear una estructura de pensamiento, de rehacer un sentido
crtico constante y de dar instrumentos para la aplicacin de
los conceptos y nociones en la realidad sociocultural y religiosa
de las comunidades.
Las opciones pedaggicas que
ayuden a estructurar los procesos de enseanza y aprendizaje estn
orientadas a la estructuracin de la dimensin moral, histrica,
esttica y a la formacin de un pensamiento critico. De ah que
la formacin intelectual implica ante todo busca
poner al hombre en condiciones de alcanzar la verdadera meta de
su vida, que est a la base del despliegue de una educacin en
lo intelectual y en todas las reas de la formacin especfica.
Por consiguiente, es importante detenerse en los sujetos del hacer
pedaggico, por cuanto es necesario entender que lo importante
en lo intelectual no es solamente lo mucho que se aprenda, sino
la forma de aprenderlo: de nada sirve tener una gran cantidad
de conceptos, si no se desarrollan en la estructura de las personas
frente a las diversas circunstancias.
Aparecen varias realidades dentro
del afn de estructurar una formacin intelectual seria. Una de
ellas es la posibilidad de puntualizar la lgica epistemolgica
de cada una de las disciplinas que hacen parte de la estructura
intelectual que ofrecen los seminarios, de modo que se pueda concretar
una produccin de conocimiento slida y suficiente para el sacerdote
en las diversas circunstancias .Valdra la pena analizar la educacin
humanstica dentro de la formacin intelectual, como un componente
importante en la estructuracin mental de los estudiantes.
La educacin humanstica es aquella
que fomenta el uso de la razn, es la facultad de observar, abstraer,
deducir, argumentar y concluir lgicamente .Una enseanza que
fomente las humanidades debe ayudar a que los alumnos terminen
por respetar los poderes de su propia mente y que confen en ellos;
que se ample el respeto y la confianza en su capacidad de pensar
acerca de la condicin humana, de la situacin conflictiva del
hombre y de la vida social; proporcionar un conjunto de modelos
funcionales que faciliten el anlisis del mundo social en el que
se vive y las condiciones en que se encuentra el ser humano; crear
un sentido del respeto por las capacidades y la humanidad del
hombre como especie; dejar en el estudiante la idea de que la
evolucin humana es un proceso que no ha terminado.
A la formacin humanstica se
le presenta una serie de dificultades, fruto de las tendencias
posmodernas, a saber: la sacralizacin de las opiniones y la incapacidad
de la abstraccin. La primera se muestra en cosas tan comunes
como impedir que las opiniones ajenas interpelen terica o metodolgicamente
la manera de entender o de abordar el problema terico. En este
caso toda oposicin se percibe como agresin. La segunda se manifiesta
en la incapacidad casi terminal para deducir premisas, para ir
ms all de lo inmediato o anecdtico. Frente a estas discusiones
hay que aprender a discutir, refutar y a justificar lo que se
piensa. Esto es parte irrenunciable de cualquier educacin humanstica
que pretenda ser integral. Y para ello hay que saber someterse
a las reglas de inteligibilidad, saber escuchar en una actitud
libre de querer participar en un dilogo razonable, en el que
prima la bsqueda comn de la verdad que no tiene dueos y no
necesita esclavos, y saber preguntar y preguntarse.
Tal horizonte pone de presente
las complejidad del trabajo intelectual en este campo de las humanidades
y nos remite a todos los que tenemos que ver con esta educacin
a la pregunta sobre la realidad de nuestros procesos y sobre los
mitos que an se posan sobre la educacin intelectual en los seminarios.
El estilo de formacin intelectual
se puede comprender dentro del marco de una formacin integral,
donde ella no se puede cerrar exclusivamente en el desarrollo
de la conciencia moral, del sentido histrico y esttico por parte
del alumno, sino que comprende de manera armnica con lo anterior,
el desarrollo de su capacidad de pensar crticamente. Por tanto
se deben detectar y priorizar una serie de disciplinas que, al
interrelacionarse, van construyendo en el estudiante una estructura
intelectual abierta, profunda, creativa y en continuo dilogo
con toda la realidad existente. La invitacin es a asumir las
propuestas de estudio como un entramado que estn llamadas a construir,
una estructura e instrumentos para que los seminaristas puedan
desarrollar la capacidad de anlisis; la curiosidad, que respeta
dogmas, pero que los estudia en profundidad sin negar su naturaleza;
el sentido de razonamiento lgico; la sensibilidad para apreciar
las ms altas realizaciones del espritu humano y la visin de
conjunto ante el panorama del saber.
3. LOS CUATRO FAROS FUNDAMENTALES PARA CONSTRUIR
UNA ESTRUCTURA INTELECTUAL, QUE ENTRE EN DIALOGO CON EL MUNDO
EN TODAS SUS DIMENSIONES.
Dentro del esfuerzo de constituir
una formacin intelectual slida, no se debe perder de vista el
concepto de educacin en el mundo actual, de acuerdo con la exigencias
que ste va presentando. La educacin est llamada a tener la
capacidad de dar los suficientes elementos tericos y tcnicos
evolutivos, adaptados a la civilizacin cognitiva, porque son
las bases de las competencias del futuro; a la vez tiene como
compromiso posibilitar la construccin de una persona capaz de
mantenerse frente a las diversas corrientes de informaciones ms
o menos efmeras, que invaden los espacios pblicos y privados,
y de desarrollar y mantener proyectos a nivel individual y colectivo.
Cuando uno ejerce el magisterio
en las diferentes comunidades y situaciones, le queda difcil
ver con claridad la utopa de la educacin, como espacio dialgico
donde la persona se forma de manera integral y plural, ya que
en muchas ocasiones se tiene la sensacin de que lo recibido en
el seminario se qued en el mbito meramente terico, pero su
aplicabilidad se qued en el vaco.
Esta sensacin de escepticismo
frente a la realidad educativa, aunque no es la mas saludable,
s es la mas real, pues cuando no se ven acciones concretas de
progreso, sino una serie de imposiciones legales-ideales, que
se dan a partir de supuestos educativos, axiolgicos, econmicos
y culturales, que son falsos y van en contrava con lo que se
observa a diario en la realidad colombiana y latinoamericana.
Por eso creo que hablar de elementos
que fundamenten la construccin educativa es ms que necesario,
es indispensable, si en realidad queremos tener los caminos claros
para desencadenar procesos de creacin y re-creacin de los tejidos
personales y sociales.
Las personas que se educan desde
unos parmetros claros y abiertos son capaces de alcanzar los
instrumentos necesarios para construir una estructura vital slida
y en continua apertura a los aportes de las ciencias, de las situaciones
y de todo aquello que nos pueda aportar luces en este camino educativo.
Aunque las condiciones en nuestro
pas no son las mejores, no nos podemos quedar en diagnsticos
patticos y desconsoladores, sino que por el contrario, asimilando
esta situacin, seamos capaces de ayudar a construir sujetos que
sepan descubrir sus procesos permanentes de formacin, que los
asuman y los utilicen en su cotidianidad, no solamente como medio
de subsistencia material, sino tambin como elementos fundamentales
para conocer el mundo, a los hombres y realizarse en l y con
ellos.
Pienso que hay dos elementos fundamentales que
van siendo animados por un sentimiento en este proceso educativo:
la investigacin gradual y la creatividad como impulso del proceso
formativo. Estos dos factores, animados por una sincera y recta
pasin por el hombre y su futuro, son fundamentales para la persona
en su recorrido educativo. Dichos factores, aunque suene un tanto
romntico decirlo, son tan prcticos y vitales, que con ellos
la persona puede ingresar en su interioridad, en su entorno social
y tener la capacidad de crear nuevos espacios vitales para s
misma y para los otros.
As pues, la educacin cuenta
con unos faros que orientan el camino y van mostrando horizontes
de sentido sobre los cuales se va construyendo, teniendo en cuenta
el contexto espacio-temporal donde las personas se mueven, crecen
y estn llamadas a aportar nuevas cosas para el progreso colectivo.
Dos de estos faros que guan
el proceso educativo autntico son: el aprender a saber
y el aprender a hacer. Ellos son fundamentales para
abrir espacios de comprensin cognitiva de las diferentes realidades
y fenmenos que suceden en el mundo y que lo destacan a nivel
local y mundial.
Esto significa una calificacin equilibrada de
los contenidos de la educacin y de sus objetivos, ya que a veces
vemos inclinada la perspectiva educativa y perdemos de vista horizontes
ms amplios que se deben conocer, porque quermoslo o no, influyen
en el desarrollo de lo individual y de lo social. Es bueno dar
ciertos elementos tcnicos y cientficos como medios para enfrentar
el mundo laboral actual, pero tambin se comprueba que ciertas
necesidades existenciales de sentido van aflorando en el hombre
y que, cuando no tiene elementos con que afrontarlos, ste se
ve abocado a crisis axiolgicas, culturales, educativas, polticas,
etc.
Para seguir el camino que van
mostrando estos faros, es necesario ejercitar la atencin, la
memoria y el pensamiento, para poder ingresar en el mbito del
conocimiento con suficiencia y con la capacidad de poder profundizar
continuamente en lo abstracto como en lo concreto.
Cuando se tiene la capacidad
investigativa y creativa, se puede decir que lo que se conoce
necesariamente se va a traducir en posibilidades concretas de
progreso humano en cuanto a mejoramiento de servicios y de empleos,
que no solamente lleven a un materialismo innecesario, sino que
promuevan una mejor calidad de vida de todos los que compartimos
este mundo. Por ello, el hacer realidad los conocimientos debe
estar orientado por un criterio tico que lleve a la justicia
y a la igualdad para todos.
Pero esto entraa un peligro,
cuando los medios para lograr esas capacidades necesarias son
acaparados por unos pocos, lo cual reduce el radio de accin de
estos conocimientos en las sociedades a un reducido sector que
manipula las polticas econmicas, educativas, culturales de los
pueblos, llevndolos a la pobreza en todas las facetas de la vida.
Todo esto, debe permitimos una
reflexin seria y ubicada sobre la NECESIDAD DE UN FORMAClN
INTEGRAL CON UN NFASIS TICO, que posibilite la re-creacin
de nuevos procesos sociales. Los otros dos faros que orientan
el quehacer educativo son aprender a ser y aprender a vivir
juntos. Ellos son fundamentales en el intento de construir
sociedades justas, donde se d importancia al crecimiento de la
persona y al fortalecimiento de los medios y espacios que lleven
a una mejor convivencia.
Es vital que la educacin se
presente como un proceso donde el nio, el joven y luego adulto
puedan conocer y vivencia la libertad, para que vayan adquiriendo
un justo juicio sobre las realidades , una creciente sensibilidad
frente a las problemticas y una gran imaginacin para proyectar
una verdadera accin de progreso y de desarrollo integral.
Todo esto se va a manifestar
y se va retroalimentar en espacios de convivencia, donde las personalidades
se puedan encontrar, enfrentar y conciliar con un claro objetivo
comn sin menospreciar la dimensin personal, que en continuo
dialogo con lo social, dotar al sujeto de nuevas ideas para la
mejor convivencia.
Quiero terminar con esta cita
del informe de la Unesco sobre la educacin, de 1987:
El desarrollo tiene por
objeto el despliegue completo del hombre en toda su riqueza y
en la complejidad de sus expresiones y de sus compromisos; individuo,
miembro de una familia y de una colectividad, ciudadano y productor,
inventor de tcnicas y creador de sueos.
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