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Temas para la catequesis

“JÓVENES URBANOS Y DIÁLOGO INTERCULTURAL

UNA PERSPECTIVA DE EVANGELIZACIÓN”

“Sólo en la medida en que nos entendamos con nuestro pasado y nuestro presente habrá un futuro para los más viejos y los más jóvenes de entre nosotros que comparten el entorno total”
Margaret Mead

Agradezco al Padre Héctor Eduardo Lugo García, Director del Departamento de Educación, Cultura y Universidades, la invitación que me ha hecho a participar en este Simposio permanente sobre “Evangelización de las culturas” que desde hace más de un año ustedes vienen desarrollando.

Desde el primer día en que él me dio a conocer el itinerario y las distintas temáticas del Simposio, me han acompañado dos tipos de sentimientos: el primero es de provocación pues considero apasionante realizar este recorrido tan originalmente propuesto por los momentos metodológicos de la memoria, la conciencia y el proyecto. Ya de entrada esta metodología me ha suscitado interés y casi que “obligado” a pensar una nueva forma de considerar los asuntos que nos preocupan; el segundo sentimiento es de dificultad puesto que la cobertura temática se presenta bastante amplia y pone en diálogo diversas perspectivas: histórica, hermenéutica, teológica y pastoral, diálogo que a la larga desemboca en un exigente trabajo interdisciplinario que desborda cualquier esfuerzo individual.

No obstante esta dificultad, he aceptado preparar el presente aporte porque estoy convencido de que la búsqueda hay que hacerla, de que las respuestas a las preguntas que nos han convocado debemos construirlas juntos; de que en un mundo plural el diálogo es un imperativo, de que entre mundos que parecen radicalmente divergentes, es posible encontrar puntos de convergencia que nos permitan ganar en humanidad.

Frente a la temática específica que me ha correspondido desarrollar me he tomado algunas libertades que considero importante hacer notar antes de entrar en materia.

He delimitado el campo de estudio

Originalmente se me pidió hablar, en el contexto de las nuevas culturas advenientes, acerca de los procesos de evangelización entre niños, adolescentes y jóvenes; sin embargo, frente a esta temática que descubro amplísima, opto por centrarme fundamentalmente en los jóvenes. Las razones de esta nueva delimitación del tema son muy prácticas: primero porque mi experiencia pastoral y mis búsquedas me permiten hablar con más propiedad del sujeto joven, que del sujeto niño o adolescente; segundo porque las sensibilidades juveniles, sus formas y estilos culturales cambiantes, nos dan la posibilidad de reconocer a los jóvenes como actores singulares de las culturas que vienen. En consecuencia me permito re-titular mi aporte como sigue: “Jóvenes urbanos y diálogo intercultural, una perspectiva de Evangelización”.

He ubicado una perspectiva

Habría muchas maneras de abordar nuestro tema tanto desde el punto de vista de las ciencias humanas (antropología, sociología, psicología, pedagogía, etc.) como de la teología misma (bíblica, pastoral, catequética, etc.). Yo me ubico en la perspectiva de la teología pastoral que es donde me muevo.

En la comprensión de los problemas, la teología pastoral pone en juego precisas y explícitas precomprensiones teológicas. Ellas son una especie de intencionalidad subjetiva, que determina la cualidad de la lectura de lo real. Esta actitud previa es llamada «mirada de fe», y expresa la convicción de que en la fe es posible una interpretación completa y auténtica de la realidad. [1]

He asumido una forma de proceder

La Teología Pastoral se mueve sobre tres exigencias complementarias: una aproximación interdisciplinaria orientada hacia la transdisciplinariedad; la autonomía de las diferentes disciplinas, en el respeto de la precomprensión normativa de la fe; la organización de los diferentes aportes según un método empírico - crítico. [2] El método empírico - crítico caracteriza habitualmente la reflexión pastoral. Según este método la reflexión pastoral parte de la realidad, interpretada en aquella «mirada de fe» que permite recoger los desafíos por los cuales sentirse interpelados y los signos positivos a potenciar en vista de proyectos nuevos. [3]

He trazado un itinerario

En consecuencia con todo lo anterior, intento recorrer en esta intervención un camino que, pasando por los tres momentos de la memoria, la conciencia y el proyecto, nos permita: primero “hacer memoria creyente” de las distintas maneras como se ha evangelizado a los jóvenes en nuestro continente para reconocer las luces y sombras presentes en estos procesos; segundo “darnos cuenta” de las radicales y profundas transformaciones culturales actuales para reconocer a los jóvenes urbanos como sus principales actores e identificar desafíos y signos positivos que nos permitan pensar nuevas respuestas de acción evangelizadora; tercero prospectar nuevas vías para la evangelización con los jóvenes desde las nuevas condiciones culturales y eclesiales en Colombia. Hagamos pues el recorrido.

1. El pasado de la evangelización: memoria y reconciliación

Quiero en esta primera parte del aporte hacer memoria de dos acontecimientos que, en el contexto de la Pastoral Juvenil del Continente Latinoamericano, poseen una particular importancia a la hora de valorar la manera como los jóvenes latinoamericanos han sido evangelizados. Se trata de los dos Congresos Latinoamericanos de Jóvenes celebrados en la década pasada. En dichos Congresos tuve la oportunidad de participar como uno de los delegados de la Pastoral Juvenil de Colombia. De ahí que lo que vaya a decir lo diga no sólo como comentador sino principalmente como testigo. Procedo evocando algunas voces de los jóvenes allí congregados para reconocer, desde ellos mismos, las maneras como han sido evangelizados. Estos Congresos fueron celebrados como respuestas a coyunturas muy precisas. El Primero (Cochabamba 1992) se llevó a cabo en el marco de la Celebración de los 500 años de la Evangelización en América; el segundo (Punta de Tralca 1998) como preparación al Jubileo del año 2000. Estos dos grandes acontecimientos para la Pastoral Juvenil Latinoamericana, permiten también hacer memoria y reconocer las grandes etapas de la Evangelización en el Continente: la “Primera Evangelización” y la “Nueva evangelización”. Después de contextualizar cada Congreso, evoco las voces de los jóvenes y evalúo las dos etapas de evangelización referidas.

Primer Congreso de Jóvenes y Primera Evangelización

El Primer Congreso, realizado del 28 diciembre de 1991 al 5 de enero de 1992 en Cochabamba- Bolivia con el tema «Jóvenes, con Cristo construyamos una nueva América Latina», constituyó un hecho eclesial inédito por su amplitud geográfica y su representatividad continental. [4]

Este Congreso se propuso «Incrementar una mayor participación y testimonio de la juventud latinoamericana en la construcción de una nueva civilización en el continente» y desembocó en la aprobación de dieciséis conclusiones finales, una carta abierta a los jóvenes de América Latina, una contribución a la IV Conferencia General del Episcopado y tres mociones tituladas «Luchemos por la vida», «Contra el exterminio de niños y adolescentes en el Continente» y «Por una reforma urbana y agraria urgente». [5] Estos documentos y conclusiones tuvieron un influjo muy importante en lo que se dice sobre la Juventud y sobre la Pastoral Juvenil en la Cuarta Conferencia General del Episcopado Latinoamericano de Santo Domingo (1992). [6] Si se tiene en cuenta la coyuntura dentro de la cual se celebró este Primer Congreso (la celebración de los 500 años de la evangelización), se puede afirmar que también significó todo un ejercicio de reconciliación con el pasado de la evangelización en el Continente, una especie de purificación de la memoria como diría Juan Pablo II. [7]

1.1.1. Voces de los jóvenes

Para evocar algunas de las voces de los jóvenes en este Congreso me valgo del aporte que ellos mismos dirigieron a la IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Santo Domingo (República Dominicana). [8]

En dicho aporte, los jóvenes expresaron, como una de sus preocupaciones, la reconciliación de la Iglesia con el pasado y la solicitud de perdón por las sombras que ella ha proyectado. [9] Es bien interesante que los jóvenes ya en este momento perciban la necesidad de reconocer las sombras de la Iglesia. No es nada casual que Juan Pablo II haya tomado más adelante la iniciativa de reconocer estas sombras y pedir perdón por ellas. [10]

Segundo Congreso Latinoamericano y “Nueva Evangelización”

El Segundo Congreso fue realizado del 3 al 11 de octubre de 1998 en Punta de Tralca (Chile) con el tema «Jóvenes con Cristo, transformando América Latina». [11] Este Congreso buscó «Formular nuevos lineamientos para la acción y el compromiso de la Pastoral juvenil del Continente hacia el Tercer Milenio, a partir de la valoración del recorrido hecho, de los cambios culturales y de la situación de pobreza, para contribuir a la construcción de una nueva América Latina, expresión de la Civilización del Amor». [12] El Congreso reafirmó el objetivo de la Iglesia latino-americana: «Presentar el Cristo vivo a los jóvenes como único salvador, para que, evangelizados, evangelicen y contribuyan, con una respuesta de amor a Cristo, a la liberación del hombre y de la sociedad. [13]

1.2.1. Voces de los jóvenes

Entre las múltiples voces de los jóvenes en este segundo Congreso están sus cuatro pronunciamientos sobre temas de importancia latinoamericana: “La condonación de la deuda externa”, “La convivencia entre diferentes culturas”, “La pastoral juvenil migratoria” y “La construcción de la paz en América latina”. Evoco la voz acerca del respeto a las culturas: “El II Congreso Latinoamericano de Jóvenes, en consonancia con la palabra de Dios, con la práctica más arraigada en la Iglesia y con su Magisterio, pide a los gobernantes, a los legisladores, a los evangelizadores y a toda la gente que valoren con profundidad a las distintas culturas, que promuevan la plenitud de ellas procurando el respeto de su propia autonomía, pedimos respeto por sus tradiciones, costumbres, valores y también respeto por sus tierras. Creemos que esta manera de convivir plenifica a toda la humanidad, pues manifiesta la tolerancia, la compresión, el diálogo y la necesaria pluralidad y diversidad que Dios mismo ha infundido a su creación”. [14]

Para comprender la manera como se ha concebido la “Nueva Evangelización” de los Jóvenes en América Latina es necesario seguirle la pista a las conclusiones de las tres últimas Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano (Medellín, Puebla y Santo Domingo) y al Sínodo de América. [15]

Se podría decir que con Medellín (1968) tuvo su verdadero inicio la “nueva evangelización” de América Latina y que ésta marcó profundamente el camino sucesivo hasta nuestros días. En la Conferencia de Medellín se produce el gran giro de la Iglesia Latinoamericana todavía en curso. Medellín esbozó las líneas fundamentales de lo que Puebla (1979) llamará “Evangelización liberadora”. Su meta es la comunión y participación de la vida trinitaria. Sus rasgos característicos - dirá Santo Domingo (1992)- son el ser integral e inculturada. Y su punto de partida, centro y proyección subrayará el Sínodo de América (1997)- será el encuentro personal y social con Jesucristo.

En este contexto de la “Nueva Evangelización” (liberadora, integral, inculturada y misionera) la acción pastoral con los jóvenes buscará la educación de su fe mediante una pedagogía en la que la acogida, el diálogo, la formación y el compromiso social y eclesial sean favorecidos.

Si bien es cierto que las Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano fueron las que propusieron las grandes líneas de acción para la evangelización de los jóvenes en el Continente, también es importante reconocer que va a ser el Consejo Episcopal Latinamericano (CELAM) quien, a través de su Departamento de Juventud y en estrecha colaboración con la Pastoral Juvenil de los distintos países, precise desde la praxis pastoral en el continente, los rasgos de la pedagogía de juventud, los procesos y metodologías que ella hoy desarrolla. [16] Son significativos los procesos de educación de la fe de los jóvenes adelantados por ejemplo en Brasil, Chile y México.

Después de dos Congresos Latinoamericanos de Juventud, de catorce encuentros latinoamericanos  de delegados de pastoral juvenil, de la creación de numerosos Centros e Institutos de formación e investigación en pastoral juvenil, hemos atravesado el umbral del Tercer Milenio Cristiano y la tarea de la nueva evangelización adquiere nuevos horizontes sobre todo si tiene en cuenta las vertiginosas mutaciones culturales y los tiempos de transiciones en los que nos encontramos. Nuevos desafíos, externos e internos, se han presentado en el Continente en los últimos años, solicitando a la Iglesia una inteligente verificación de su capacidad de respuesta. Damos gracias al Dios de Jesucristo porque en medio de las luces y las sombras del pasado eclesial latinoamericano nos ha hecho experimentar su fidelidad creando en nosotros el deseo de mantenernos fieles a su llamamiento y al servicio de los jóvenes y las jóvenes latinoamericanas.

La conciencia del cambio

Quiero referirme en esta segunda parte del aporte a algo que considero fundamental en nuestro trabajo pastoral: la conciencia del cambio. Hace ya 46 años que el Concilio Vaticano II en la Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el Mundo, Gaudium et Spes afirmó proféticamente: “El género humano se halla hoy en un período nuevo de su historia, caracterizado por cambios profundos y acelerados, que progresivamente se extienden al universo entero (...) se puede hablar de una verdadera metamorfosis social y cultural, que redunda también sobre la vida religiosa” (Gaudium et Spes, n. 4). Aunque los signos de nuestro tiempo son en parte diversos de aquellos otros del tiempo del Concilio [17] , considero que la expresión utilizada para referirse a los cambios que caracterizan el mundo contemporáneo puede ilustrar el tema que nos ocupa. Asistimos a una verdadera metamorfosis socio-cultural, a cambios radicales en distintos órdenes de lo humano. Profundicemos entonces esta realidad del cambio.

2.1. La condición radical del cambio de época

En nuestra época cultural el cambio ocupa el centro. Hoy se da paso a la inestabilidad en todo lo que sea posible y no se puede entender ni que algo deba permanecer, ni que alguien busque defender permanencias. [18] Más aún, la realidad extensiva, vertiginosa y profunda del cambio nos ha llevado a reconocer hoy que se trata de un verdadero cambio de época que afecta a todo el hombre en sus maneras de ser, percibir, sentir, ver, comprender, relacionarse, vivir, crear y creer. Son múltiples las voces, las disciplinas y sobre todo las realidades que hablan y confirman dicha condición radical del cambio de época. [19] En la actualidad se reconocen, por ejemplo, cambios paradigmáticos en las ciencias naturales y en la sociedad misma: se ha pasado del paradigma industrial (mecánico, newtoniano) al virtual (abierto, flexible, ecológico, holístico) inspirado en los principios de la física cuántica tales como: la autorregulación, la interdependencia, la sostenibilidad; en la así llamada era de la información, se ha inaugurado el paradigma de la interdiscursividad multivocal y polifónica. Estos cambios remiten a nuevas epistemologías, las cuales no sólo nos permiten reconocer otras dimensiones de la vida, sino que a su vez se constituyen ellas mismas en factores de cambio: nuevas epistemologías hacen posible ver, interpretar y proyectar nuevas realidades humanas, el mismo ser del hombre.

2.2. La transformación del tiempo y del espacio

En el mundo contemporáneo las transformaciones sociales y culturales que se están operando producen una fractura nunca antes vista con relación al pasado y al futuro. Se está actuando un proceso de individuación de la sociedad que deshace los ligámenes comunitarios y propone una radical transformación de la concepción del tiempo y del espacio y que otorga un rol de primer plano a la imaginación. [20] Esta transformación es el producto de dos fenómenos unidos en la actividad de la imaginación: el suceso de las migraciones y el de los medios electrónicos. Las migraciones de masas han asumido en el mundo contemporáneo un carácter absolutamente nuevo, porque interactúan con el flujo mundial de las imágenes mass-mediáticas. Esto produce la situación inédita de imágenes y espectadores simultáneamente en movimiento. [21] Los medios electrónicos han modificado también profundamente la vivencia del espacio-tiempo. El tiempo se ha separado del espacio, porque la velocidad de movimiento no está más ligada a la velocidad de organismos o elementos naturales, sino que ha llegado a ser una cuestión de ingenio. [22] La velocidad ha emergido como elemento importante de la definición del espacio, porque ha hecho que las distancias pierdan su consistencia objetiva para asumir la subjetiva, fuertemente dependiente de la misma velocidad. El espacio-tiempo se ha montado sobre la vía que lo ha conducido a convertirse en un espacio-velocidad. El cumplimiento de las transformaciones del espacio-tiempo en espacio-velocidad está plenamente en acto por efecto de las evoluciones de los instrumentos de comunicación. [23] Los fenómenos sociales, económicos y tecnológicos que están a la base de la formación del espacio-velocidad han tenido también profundos efectos sobre la vivencia del tiempo. Se concibe el tiempo obsesivamente fijado en el propio presente, en el instante en que este aparece a la conciencia, trayendo consigo las concepciones de la inconsistencia y la ilusión del tiempo, considerado sólo como la manifestación de aquello que sucede en el espacio. El tiempo existe sólo como producto de los eventos que suceden en el espacio. Sin eventos no habría tiempo y son éstos lo que le dan la cualidad al tiempo. [24]

2.3. La cultura que viene

Señalo ahora una clave de lectura que nos permita avanzar en la compresión del cambio y sus efectos. Para ello me baso en el estudio que sobre el cambio cultural realizó la antropóloga norteamericana Margaret Mead [25] a finales de los años sesenta y que considero iluminador. Este estudio nos permite identificar dos aspectos correlacionados que valen la pena comentar. El primero se refiere a los tipos de cultura y el segundo a los sujetos que emergen en cada una de ellas. Veamos estos aspectos.

Tipos de cultura. Tres tipos diferentes de cultura son un reflejo del período en que vivimos:

1) Postfigurativas  en   la   que   los   niños   aprenden  primordialmente  de  sus mayores; 2) Cofigurativa, en  la  que  tanto  los  niños  como  los  adultos  aprenden  de  sus  pares;  3) Prefigurativa, en la que los adultos también aprenden de los niños. Las sociedades primitivas y los pequeños reductos religiosos e ideológicos son principalmente postfigurativos y extraen su autoridad del pasado. Las grandes civilizaciones, que necesariamente han desarrollado técnicas para la incorporación del cambio, recurren típicamente a alguna forma de aprendizaje cofigurativo a partir de los pares, los compañeros de juegos, los condiscípulos y compañeros aprendices. Ahora ingresamos en un período, sin precedentes en la historia, en el que los jóvenes asumen una nueva autoridad mediante su captación prefigurativa del futuro aún desconocido. [26]

2.4. Lo urbano como escenario

Las ciudades contemporáneas son lugares privilegiados para seguir y verificar los cambios referidos. La ciudad hoy no sólo es espacio geográfico o acontecimiento histórico-cultural, sino nexo de complejas relaciones humanas y estructurales, una complejidad de fuerzas y poderes donde unos pocos son los beneficiarios y la mayoría son perdedores en la lotería de las relaciones urbanas. [27] Las ciudades son dinámicas (hay interacción entre lugares); en ellas la diversidad de mundos se encuentran. La ciudad se nos viene encima cambiando, exigiendo, conectando, defraudando, excluyendo, abrazando, oponiendo.

Se hace necesario, por tanto, entender el presente urbano como contexto de múltiples capas mundialmente interconectadas, de redes, ideas, movimientos y procesos que configuran el mundo urbano que nos rodea. La cultura de la ciudad es híbrida, amalgama múltiples formas, valores, estilos de vida, y afecta a todas las colectividades; en ella los problemas de identidad y pertenencia, espacio vital y hogar son cada vez más complejos. [28] Es un hecho que la experiencia urbana se hace cada vez más común y predominante en el mundo, ella posee una naturaleza dinámica, mutante.

La globalización, entendida como amalgama de fuerzas, está configurando nuestras áreas urbanas y nuestro mundo. Es la globalización la que ha hecho que nos hallemos en una transición que no se ha completado pero que ejerce una influencia sin precedentes a través de numerosos proyectos (económicos y políticos) y prácticas sociales. Dos procesos parecen entrar en juego en la repercusión de la globalización en la colectividad urbana: la des-localización y la glocalización. [29] La des-localización desarraiga actividades y relaciones de cualquier sentido de lugar, desplazando las que se podrían considerar locales dentro de nuevas organizaciones distantes o globales. La glocalización es la reafirmación de lo local dentro del proceso de globalización. Aunque la producción tiende a la des-localización, los mercados son locales y los productos tienen que adaptarse a circunstancias locales; ésta conlleva el redescubrimiento de la identidad o significación local dentro de un contexto global. Nos movemos entre horizontes locales y globales, nos encontramos interaccionando con nuevos movimientos, nuevos modos de pensar y entender la condición humana. Nosotros habitamos este escenario de lo urbano pero él también nos habita. Los mejores indicadores de estos cambios en el escenario urbano son los mismos jóvenes con sus prácticas y expresiones. [30]

2.5. Los jóvenes que emergen

En medio de esta realidad de cambio cultural emergen nuevos sujetos, con nuevas configuraciones, estilos de vida, modos de pensar, formas de relacionarse que es preciso reconocer. Subjetividades en construcción en continua tensión entre autonomía y dependencia. Me refiero explícitamente aquí a los sujetos jóvenes. Creo no exagerar al afirmar que, nunca antes en la historia del país se había manifestado tan abierta e intensamente el interés por los jóvenes, no sólo en razón de su problemática, sino sobre todo en razón de sus posibilidades, de su condición de ser actores y productores culturales. [31] Se está asistiendo, en este sentido, a un cambio de mirada sobre los jóvenes. Considero que este cambio de mirada puede verificarse, por ejemplo, al seguir las diversas iniciativas de investigación realizadas en Colombia durante los últimos quince años. Hay que reconocer que dicha producción es variopinta y que denota pluralidad de perspectivas. [32] De manera resumida, se puede reconocer que las investigaciones sobre los jóvenes en Colombia advierten sobre la importancia de explorar las representaciones que socialmente se han construido sobre ellos y desde las cuales tanto el mundo adulto como el de los jóvenes establecen sus formas de interacción y sus visiones de mundo. Estas representaciones ayudan a comprender los estereotipos y estigmatizaciones que se proyectan sobre los jóvenes. Los resultados de estas investigaciones invitan además a reconocerlos como sujetos de derechos, actores y productores culturales, nos permiten valorar sus sensibilidades, su heterogeneidad; invitan, más que a hablar de los jóvenes,  a hablar con los jóvenes, más que a nombrar a los jóvenes, a permitir que ellos mismos se nombren y se narren; advierten la relación entre la problemática juvenil y las dinámicas de pobreza y polarización social en Colombia; descubren el abismo cultural entre el mundo de los jóvenes y el mundo adulto.

Para precisar la perspectiva desde la que hago alusión a los jóvenes, recojo tres tesis que pueden enmarcar el estudio sobre la juventud hoy: la singularidad, la diversidad y la socialización. [33] La tesis de la singularidad reconoce que los adolescentes de una sociedad son tributarios del contexto, del lugar y del momento en que se hacen jóvenes, lo que da lugar a un determinado perfil diferenciador y singular de juventud (Vg. Jóvenes Colombianos de 2006 en relación con los de 1990 o en relación con los jóvenes franceses, por ejemplo, también de 2006). La tesis de la diversidad señala que la juventud, incluso la de un contexto, lugar y tiempo concretos no es uniforme y se presta a toda clase de segmentaciones que solemos significar por las tipologías de jóvenes. La tesis de la socialización muestra que, en un contexto social diverso y variado como el nuestro, la forma particular como los jóvenes se socializan es la experimentación más que la asunción crítica de los proyectos heredados por los agentes tradicionales de socialización (familia, escuela, Iglesia, etc.). [34] Un concepto que podría reunir estas tesis es el concepto “mundo juvenil”, él ayuda a dar razón no sólo de la heterogeneidad de las tendencias e instancias presentes entre las jóvenes generaciones, sino que tiene en cuenta también la imposibilidad de leer la condición juvenil en términos unívocos y la necesidad de articular las categorías de análisis. Aunque no es fácil leer la condición de los jóvenes hoy, indico algunas tendencias que puedan provocar la reflexión. Es preciso reconocer que el individuar tendencias dentro del mundo juvenil no agota las dinámicas internas ni de los sujetos ni de sus colectividades. [35]

Tendencias ambivalentes y contradictorias

Multiplicidad de experiencias, condiciones y pertenencias. La condición juvenil actual resulta fuertemente marcada por un estilo de socialización diferenciado y variado, por un modo de vida separado entre múltiples pertenencias, condiciones y referencias culturales que reflejan un cuadro plural de referencia. Este estilo de socialización posee un carácter policéntrico y propone una realización en mosaico, lo cual hace que la vida se interprete en términos de ampliación de posibilidades y que también se cierre, paradójicamente, la posibilidad de implicarse. [36]

Valores universales y orientaciones ligadas a la cotidianidad. Las jóvenes generaciones dan importancia a valores universales tales como la paz, la convivencia pacífica y solidaridad, pero la presencia de estos valores en la dinámica de sus vidas puede aparecer contraria; hay una cierta discontinuidad entre las referencias ideales y las orientaciones más ligadas a la cotidianidad, una incoherencia entre las referencias a valores y los comportamientos y actitudes. La afirmación de determinados valores universales puede convivir con instancias culturales contradictorias, con modelos de realización privados, con elecciones inclinadas hacia la indiferencia, con perspectivas neo-corporativas, con actitudes de cerrazón en la propia seguridad. [37]

Rechazo de los padres y búsqueda de modelos totalizantes. Las jóvenes generaciones prescinden del “modelo de los padres y de los maestros” y diseñan para sí un cuadro de realización del todo autónomo, desconectado de los recorridos de las generaciones que los han precedido. [38] Carentes de referencias, están necesitados de formarse una memoria personal y social, por eso también aumenta entre los jóvenes la exigencia de encontrar nuevos “padres” y “madres” a quienes confiarse para resolver las tensiones que surgen en las nuevas condiciones de vida. [39]

Entre autonomía y dependencia, orden y trasgresión. Hay un contraste entre la demanda de autonomía de vida y la aceptación de una situación de dependencia. Prevalece una situación de juventud prolongada, por la que se tiende a permanecer joven más tiempo. [40] Se trata de una generación obligada o propensa a no insertarse precozmente en la vida activa, a retardar el ingreso en los roles adultos; sin embargo, en otros campos de la vida no aceptan situación de dependencia y de indeterminación: sobre todo resultan autónomos en la propensión al consumo y al gasto, en la expresión del gusto personal, en la visión de la realidad, en la orientación política y ecológica, en la elección afectiva y en la vida sexual, en la dinámica relacional y asociativa. [41] Se prolonga también la demanda de seguridad y de orden. Tienen mayor fe en las fuerzas del orden (aquellas instituciones que garantizan el orden social, que permiten el ordinario desarrollo de la vida pública y que salvaguardan la convivencia social y la posibilidad de realización de cada uno); advierten la exigencia de fuertes seguridades en un tiempo lleno de incertidumbres y de tensiones (Vg. actitudes etnocéntricas, racistas, de cerrazón, de las barbaries y de los prejuicios frente a los inmigrantes extranjeros). Pero hay signos de tendencias evasivas y transgresiones, signos de moral y de conexión con los deberes civiles (Vg. el fenómeno de la ilegalidad difusa o disposición a evadir determinadas leyes y normas sociales, no obstante que revaloran las fuerzas sociales propuestas a garantizar la legalidad).

Costos personales y sociales. Este estilo de socialización tan demasiado abierto hace que se prolonguen en las jóvenes generaciones instancias contradictorias y ambivalentes y que experimenten los costos personales y sociales conectados con el vivir una época de fuerte pluralismo y de elevada diferenciación social. Veamos algunos de esos costos: Los jóvenes están expuestos a un exceso de estímulos y de solicitudes difícilmente elaborables y gobernables en las condiciones ordinarias de la vida. Con la exposición a los mass media y por la presencia en la sociedad de modelos y estilos de vida divergentes, se aumenta la experiencia de una gran variedad de culturas y la ampliación de las posibilidades comunicativas y de flujos migratorios. [42] No es fácil orientarse en medio de la gran variedad de mensajes e instancias culturales presentes en la sociedad sobre todo cuando ha venido a menos un consenso colectivo acerca de una cultura común o de una identidad colectiva y familiar que acompañe a los jóvenes. El aporte de las instituciones sociales es escaso, éstas son lugares de tensión mayor; allí no se encuentran respuestas adecuadas o se afrontan términos compensatorios, entonces se alargan las condiciones de moratoria y de suspensión del vencimiento y de las obligaciones conectadas con el pasaje a la vida adulta. [43] Se corre el riesgo de la pérdida de memoria: muchos jóvenes viven sin identificarse con las experiencias y condiciones históricas y ambientales que les caracterizan; no están en grado de conectarse con tradiciones, de reconocer la riqueza histórica y cultural de determinados ambientes. Este desarraigo indica un malestar más amplio: el empobrecimiento del cuadro de vida de los sujetos, en la ausencia de puntos colectivos de referencia y en la incapacidad de madurar relaciones y experiencias sociales significativas. [44] Al lado del riesgo del desarraigo y de la crisis de identidad, manifiestan dificultad para madurar pertenencias significativas. Simultáneamente crecen en ellos las exigencias de encontrar cualquier solución a las tensiones a las que se encuentran expuestos.

Manifiestan por otra parte una orientación a simplificar la realidad, a actuar una reducción intencional de la complejidad operando elecciones totalizantes antitéticas al modelo de la diferenciación social. Así se explican algunos comportamientos de los jóvenes: el énfasis dado a las relaciones afectivas y amigables, a las dinámicas interpersonales, a la necesidad de reconstruir un mundo “familiar” de pertenencias, un ambiente simplificado en el cual poderse identificar caracterizado por un lenguaje específico; una suerte de sociedad autónoma y paralela que permita recomponer las tensiones que derivan de la exposición social más amplia. [45]

Hay pues diversas caras del actual modelo de socialización de las jóvenes generaciones. Algunos, exponiéndose a tensiones y riesgos disociadores, parecen tender hacia una construcción más armónica de la propia personalidad adecuándose a la lógica de la diferenciación social. Otros sujetos juveniles reaccionan frente a la modernidad según dinámicas involutivas, buscando soluciones a nivel de atajos, evidenciando agudamente desorientación e inseguridad, exponiéndose a fuertes dependencias que representen una solución a sus problemas. [46]

3. Un nuevo programa de Evangelización

Hemos visto cómo el paisaje sociocultural ha cambiado y está en constante evolución. [47] Estos cambios también se manifiestan en la religión. Los jóvenes crecen en un medio, donde la cultura religiosa no ocupa necesariamente un lugar de elección; la fe cristiana parece ya no contar en la vida real y las nuevas generaciones están buscando dar un sentido a sus vidas por otras vías planteándose preguntas fundamentales sobre la existencia humana. Este paisaje nuevo e inestable representa un desafío considerable. Obliga a repasar y renovar con detenimiento la manera de concebir y de poner los medios para la educación de la fe. [48] Ahora podemos inferir algunas líneas que nos permiten proyectar la acción de evangelización en el mundo de los jóvenes. Ante todo debemos:

3.1. Aprender las lecciones del pasado

Las sombras y las luces del pasado evangelizador nos aleccionan, es preciso estar atentos a no repetir los errores. La memoria del pasado nos advierte que la nueva evangelización de los jóvenes en el Continente debe hacerse desde el testimonio de la propia vida del evangelizador; una vida integrada y coherente, purificada de pretensiones de poder, prestigio y dinero; libre de actitudes impositivas y violentas; impregnada de la mentalidad y de los sentimientos de Jesucristo mismo; una evangelización desde la experiencia de una iglesia servidora que dialoga con el mundo y que promueve la participación de todos; comprometida con los más pobres y respetuosa de las culturas de los pueblos y comunidades; una evangelización en la línea del proyecto evangelizador (liberador) de Medellín, Puebla y Santo Domingo que partiendo del encuentro personal y social con Jesucristo vivo vaya más allá de sus propias fronteras en actitud misionera hacia los más alejados en sus propios ambientes, valorando y asumiendo las líneas y criterios pastorales que sobre la Pastoral Juvenil se han formulado.

3.2. Atender a los nuevos rasgos culturales

Es importante no perder de vista los nuevos rasgos culturales que marcan nuestra sociedad y que vienen a modificar considerablemente lo relativo a la religión. Vivimos en una cultura pragmática, marcada por los medios de comunicación, la ciencia y la técnica, que valora la autonomía de las personas, la participación, el debate y la crítica. Estos rasgos impregnan fuertemente las mentalidades y la sensibilidad de los jóvenes y representan a la vez amenazas y probabilidades para el despertar y la transmisión de la fe. [49]

3.3. Hacer los propios cambios

El mundo presenta una evolución vertiginosa. Es importante que la Iglesia sepa reconocer estos cambios y realizar -ella misma- aquellos otros que sean necesarios para entrar en diálogo con el mundo en el que está inserta y actúa. Considero que dos cambios se hacen necesarios para la situación cultural que se ha evocado. Estos dos cambios conducen a considerar de otro modo la propuesta de la fe a las jóvenes generaciones. Uso la metáfora para describirlos. Es necesario pasar hoy del modelo del río, al modelo de la fuente y del modelo de los programas,  al modelo de los  itinerarios.

Del modelo del río al modelo de la fuente

Hemos estado habituados a pensar que la transmisión de la fe seguía el modelo del río que crece poco a poco con el aporte de varios afluentes que vienen a aumentar su caudal y a ensanchar su cauce. Es así como la transmisión de la fe tenía su fuente en los hogares. Después, en la etapa de la infancia y la adolescencia, ensanchaba su curso con el afluente principal de la escuela y la enseñanza religiosa escolar. Después las parroquias tomaban el relevo para el resto del curso y del declinar de la vida. La transmisión de la fe se operaba de manera progresiva, encadenándose de etapa en etapa, como una herencia llevada y arrastrada en el oleaje continuo de la vida, en el funcionamiento cotidiano de las instituciones sociales y eclesiales.

Es necesario reconocer que esta imagen del río y de sus afluentes ya no corresponde con la realidad. En los hogares, a menudo, la fuente parece agotada. En la escuela, el aporte religioso es reducido; a veces es tratado de manera aleatoria. Por su parte, las parroquias, menos frecuentadas, no alimentan más que una débil proporción del pueblo de los bautizados y muchos creyentes no encuentran verdaderamente respuesta a su hambre. Esta imagen del río evoca el dispositivo que ha servido para dirigir la evolución religiosa de las generaciones anteriores. Los lugares institucionales que le caracterizaban son objeto de una lenta y continua desconexión. De este modelo de río con un cauce actual incierto, tenemos que pasar a otro modelo. [50]

En las nuevas condiciones, es importante subir allí donde la fe toma su fuente. Es decir, en el corazón de la experiencia de la gente. La fuente se encuentra en las personas, en los momentos esenciales de sus vidas, en las experiencias básicas a través de las cuales se manifiestan los primeros estremecimientos y rumores de la fe. Es esta fuente la que sin cesar hay que buscar, despejar, canalizar. Tenemos que estar atentos al pozo secreto que cada uno lleva en lo más profundo de sí mismo, atentos a buscar las fuentes de la fe, siempre subterráneas, pero que afloran pronto o tarde al ras de la vida. La fuente está allí, donde la gente, fatigada, encuentra el placer de beber, el gusto del agua, el gusto de vivir y de revivir. Volver a la fuente es más que conducir a los creyentes, es más que entrar en un sistema. Es ante todo intentar extraer la experiencia espiritual que brota de la vida, que extraña, que hace presentir lo esencial, que despierta, que pone en marcha, que hace vivir. Es aprender a reconocer, en las diversas etapas de la vida, esta fuente que el Espíritu hace surgir en el corazón de los seres, como un don, como una fecundidad nueva. [51]

De los programas a los proyectos

La situación cultural actual impulsa a hacer otro cambio: hay que pasar de los cursos a los itinerarios. La palabra “curso” evoca inmediatamente la idea de programa, series de lecciones sobre la doctrina cristiana. Nos hace pensar en verdades enseñadas, en la repetición y en el adoctrinamiento. La palabra “itinerario” propone ante todo la idea del aprendizaje de la verdad. Hace sitio a la persona, a su autonomía, a su evolución. Pasa de una verdad aprendida a una verdad experimentada. Una verdad consolidada, comprobada con la experiencia, que acaba en una convicción personal. Ciertamente la fe conlleva una parte evidente de enseñanzas, conocimientos, verdades. Hoy se nos pide, ante el estallido de los medios de comunicación y evolución de las prácticas pedagógicas, encontrar coincidencias plurales que impliquen la participación y el compromiso de los jóvenes. Se nos pide sobre todo, en este tiempo de pluralismo religioso y de elección personal, tomar nota del hecho de que la fe se proyecta en primer lugar y ante todo a través del testimonio de vida de las personas creyentes. La fe se aprende sobre todo en el modo de vida de la experiencia compartida, del camino hecho en compañía de los hermanos y hermanas cuya aspiración y fuerza de vivir se inspiran en el Evangelio. Proponer hoy la fe a los jóvenes es, más que intentar darles clases, sugerirles proyectos de vida. [52] Invitarles a dar algunos pasos como se hace un trozo de camino, como se descubre poco a poco un rincón del país, un territorio nuevo, desconocido. Evidentemente, acompañándoles.

Para los jóvenes y para un gran número de creyentes adultos, la fe no se presenta ya como un gran camino completamente señalizado de antemano, con sus etapas y sus encrucijadas obligatorias. No, se manifiesta más bien bajo la forma de “trozos de camino” hechos en compañía con otros creyentes que conocen el nombre de Jesús o que lo buscan, que lo descubren presente a ras de sus vidas, a partir de los interrogantes del momento, a partir de una página de las Escrituras, a partir de los imprevistos y de los dramas diarios, a partir de las locuras y de las bellezas del mundo. Esto suscita, cada vez más a menudo, trazados de fe discontinuos, desconcertantes, imprevisibles... pero más abiertos al viento y a las sorpresas del Espíritu. Efectivamente, existe el riego de una fe puntual, u ocasional, que no llega de golpe a unificar la vida. Existe el riesgo de la “pertenencia parcial” que no desemboca inmediatamente en la experiencia cristiana integral. Pero se comprende también que esta fe, incluso fragmentaria, aún poco coherente, representa a menudo para muchos jóvenes, en las condiciones en que ellos se encuentran, el máximo de adhesión posible. Por consecuencia, hay que confiar en el tiempo, en la siembra, en el crecimiento (cf Mc 4,27). Hay que tener confianza en las diversas intervenciones familiares, eclesiales y culturales. Hay que esperar que los jóvenes puedan encontrarse, en otros lugares abiertos a la evolución, a la acogida, a la reflexión, a la celebración, al compromiso. [53]

3.4. Preparar al anuncio

La Evangelización en el encuentro con los jóvenes de hoy no puede limitarse a los solos jóvenes cristianos, a quienes vienen ofrecidos diversos servicios de formación y de catequesis, sino que debe hacer posible el encuentro con el Evangelio a aquellos jóvenes que de hecho no tienen la fe cristiana. [54] Con los solos contenidos de la fe no se logra resolver esta específica tarea de la evangelización. Los núcleos centrales de la evangelización [55] deben recibir mayor atención al interior de la catequesis de los jóvenes. Se trata de una específica forma de evangelización con miras a la adhesión de fe y de la conversión, se habla preferiblemente de preparación al evangelio, para caracterizar el conjunto de preparativos que preceden al anuncio explícito de Cristo.

3.5. Revaluar los lugares de evangelización

Es necesario también considerar las posibilidades y los límites de los diversos lugares en los que se hacía tradicionalmente la propuesta de fe (familias, parroquias, centros escolares, movimientos y nuevos espacios -medios de comunicación, canales de distribución cultural, etc.-). Para cada uno de estos ámbitos, es importante proponer itinerarios posibles, sencillos y concretos. Se trata del despertar a la fe. Estos itinerarios deben llevar sobre todo a la fuente, a lo esencial. [56] Las personas hoy ya no se hacen cristianas a través de la socialización espontánea sino en una medida mínima. [57] Es necesario una obra formativa y una decisión personal similar a la del catecumenado antiguo: una especie de catecumenado post-bautismal o de formación según un itinerario catecumenal para las nuevas generaciones. [58]

3.6. Proponer caminos

La imagen de “caminos”, de “itinerarios” es la imagen de un camino abierto, que viene de lejos, por el cual han caminado muchas generaciones antes que nosotros, guiados por el Espíritu de Dios. Este camino llega hoy ante nosotros, a un terreno nuevo, con un relieve escarpado y con unos paisajes inéditos. Cada uno desea marchar por él a su ritmo, pero cada uno desea encontrar en él también indicadores que permitan avanzar en la buena dirección, con la fuerza que viene de Dios. Estos caminos de iniciación pueden ser múltiples: el camino de la vida, con sus gozos y sus fragilidades; el camino del servicio; el camino de la Palabra compartida entre creyentes; el camino de la oración interior; el camino del pan partido en memoria del resucitado. Es el conjunto de estos caminos que conviene proponer a los jóvenes como caminos de iniciación, de introducción, del primer contacto, del primer aprendizaje. [59]

3.7. Formar guías competentes

Hoy como ayer, proponer la fe es invitar a los jóvenes a comprometerse en estos recorridos de experiencia cristiana. Es dar los primeros pasos, una parte del camino con ellos. Es crear un clima y un ambiente que les den el placer de creer y el deseo de ir más lejos. Para esto, hay que tener guías apropiados. Hombres y mujeres que conozcan los caminos que acabamos de mencionar, que los hayan andado, que conozcan las alegrías y las asperezas. Guiar o iniciar es siempre conducir por un camino sembrado de obstáculos, estando seguros que conduce a alguna parte, que ha sido bueno para nosotros. Es señalar las etapas, situar los descansos, mirar el camino recorrido, medir la distancia que queda por atravesar. [60] Es clave, pues, en esta manera de entender la evangelización el encuentro con personas cuyo corazón, cabeza, cuerpo y respiración se hayan cruzado con una “Buena Nueva” que les ha puesto en camino y que les busca. Personas que inviten, implícita y explícitamente, a hacer un poco de camino en la misma dirección. No se trata de grandes testigos o de personalidades de fe. Se trata de personas cercanas, creyentes normales que se atrevan a manifestar sus razones de vivir y de esperar, a pesar de todo. Para los jóvenes, serán sus padres, personas de su familia, cristianos y cristianas de la parroquia, compañeros, educadoras y educadores, orientadores, compañeros de movimientos y muchos otros testigos que podrán cruzarse al azar en sus centros de estudio, en sus lugares de ocio y en sus desplazamientos. [61]

3.8. Hablar por medio de relatos

Hoy los jóvenes no están dispuestos para largos discursos, ni intelectual ni sicológicamente. Se muestran refractarios a la enseñanza de un lenguaje que les será desconocido. La pedagogía que ellos conocen ha roto con las prácticas de la repetición y del lenguaje abstracto. Aprenderán a hablar la fe, hablándola con otros creyentes, de forma más espontánea que antes. En relación directa con sus experiencias. En una comunicación con testimonios que sepan hablar ya el lenguaje de la fe. Por medio de una especie de inmersión en un clima de fe. En primer lugar, pero sin exclusión, por medio de relatos. El relato es el modo más sencillo y el más universal para transmitir una historia, una memoria, una fe. De hecho los jóvenes comparten más fácilmente los relatos que las verdades abstractas. El relato es el modo de expresión personal. Es de este modo que los jóvenes aprenderán poco a poco a tomar la palabra en su fe. La práctica de la narración y la concentración en algunos relatos fundamentales pueden constituir una especie de referente común: “narrar es magnificar la verdad para que se vea de lejos” (Gilles Vigneault). Y para que se vea de lejos, los relatos deben concentrarse en lo esencial. [62] Algunos sugieren hoy que la propuesta de fe se desarrolle y se concentre alrededor de cinco relatos fundamentales que están en el corazón de la fe cristiana. En ellos se reconoce la secuencia tradicional de la historia de la salvación. Estos son: el relato de una tierra amada, visitada y habitada por Dios; el relato de la génesis de la vida y del destino del universo; el relato del sueño perdido y de la esperanza encontrada; el relato de la llamada a la fraternidad entre los hombres; el relato de las cosas empezadas pero aún no acabadas. [63]

3.9. Dialogar con las culturas

Juan Pablo II, el Papa de los jóvenes, decía: “La Iglesia tiene tantas cosas que decir a los jóvenes, y los jóvenes tienen tantas cosas que decir a la Iglesia”. Este recíproco diálogo favorecerá el encuentro y el intercambio entre generaciones, y será fuente de riqueza y de juventud para la Iglesia y para la sociedad civil. [64] Un elemento clave del nuevo proyecto evangelizador delineado desde Medellín, es el diálogo con los jóvenes. Un diálogo sincero y permanente con la juventud implica la respuesta a los legítimos y vehementes reclamos pastorales de la juventud, en los que ha de reconocerse un llamado de Dios. Para este diálogo es importante ubicarnos en los nuevos areópagos que atraen el interés de los jóvenes: los mass media, vehículo de información y de imágenes de la realidad, las más diversas y contradictorias; la música, cada vez más, expresión de nuevos lenguajes y mensajes; la navegación en Internet; y también, una insistente inquietud religiosa y de espiritualidad llena de emoción, de espontaneidad y de interpretaciones de moda. [65]

Hoy tenemos que reconocer que la categoría cultura nos ha permitido valorar otras dimensiones de la realidad (la diversidad, la complejidad, las subjetividades en construcción) y de la tarea evangelizadora de nuestra Iglesia latinoamericana (la Nueva Evangelización, la Promoción Humana, la Cultura Cristiana) [66] ; sin embargo, es preciso estar atentos a no olvidar que en el contexto latinoamericano, el factor económico ejerce un papel determinante y es explicativo de muchos de nuestros males. De ahí que el diálogo fe-cultura no deba distraer la atención y la urgencia del diálogo fe-economía, sobre todo cuando los índices de la pobreza en América Latina y, particularmente en Colombia, reclaman nuestra especial atención frente al multidimensional fenómeno de la exclusión social que se verifica en nuestro medio, al constatar el hecho, por ejemplo, de que casi el 60% de la población en el país se encuentra por debajo de la línea de la pobreza y el 23.4 % de la misma se encuentra por debajo de la línea de la indigencia, lo cual significa que aproximadamente 1 de cada 4 colombianos no tiene acceso a una canasta básica de alimentos y, por lo tanto se encuentra en situación de riesgo vital. [67]

George Steiner, uno de los más brillantes estudiosos de la cultura afirma que “El amor y el futuro son las dos más grandes maravillas del mundo” [68] Creo que hoy se hace necesario poner la mirada en el amor y en el futuro. Cuando el amor y el futuro se juntan ha llegado el mesianismo. Nada hay tan mesiánico como el amor y el futuro. El amor y el futuro se conjugan maravillosamente en la juventud. Un amor y un futuro que se traduzca en negociación permanente y en formación a todos los niveles. Amor y futuro para una juventud mesiánica. Un amor que comience a preparar la mesa de la cena para todos. Un futuro abierto para los jóvenes que quieren ser los profetas inquietos de una mañana de sol y de luz. Un amor y un futuro que encuentra en Jesucristo su posibilidad y plenitud.

GERMÁN MEDINA ACOSTA, PBRO.



[1] Cf Riccardo TONELLI, Per la vita e la speranza. Un progetto di pastorale giovanile, Roma, LAS, 1996, 34.

[2] La traducción es mía. «La Pastoral Juvenil define su estatuto científico en la confrontación interdisciplinaria, realizada desde la perspectiva de la fe (el hombre comprendido en el misterio de Dios y llamado a una comunión definitiva con él) y en el intento por superar la pluralidad de aproximaciones en un único proceso en el que disciplinas epistemológicamente distintas se unen creativamente en una síntesis nueva respecto de los aportes que la han construido» (Ibid., 32).

[3] Cf ibid., 33 y 34; Mario MIDALI, Teologia Pratica. Cammino storico di una riflessione fondante e scientifica. I, Roma, LAS, 32000, 423.

[4] Participaron en él 461 laicos, jóvenes y asesores de 19 países, 18 Obispos, 59 sacerdotes y 23 religiosos/as, junto a delegaciones de Alemania, España, Italia y del Pontificio Consejo para los laicos. Estuvieron presentes, también 604 observadores de siete países latino-americanos.

[5] Cf CONSEJO ESPISCOPAL LATINOAMERICANO, Punta de Tralca. II Congreso Latinoamericano de jóvenes. Documento de trabajo–1 (=PT), Santafé de Bogotá, Centro de Publicaciones del CELAM, 1999, 9-10.

[6] Santo Domingo (= SD) reafirma la opción preferencial por los jóvenes y señala que ella debe ser tomada no sólo de modo afectivo, sino efectivo, con perspectiva orgánica y vocacional (cf SD, n. 114-120).

[7] Según la Comisión Teológica Internacional la purificación de la memoria consiste en el proceso orientado a liberar la conciencia personal y común de todas las formas de resentimiento o de violencia que la herencia de culpas del pasado puede habernos dejado, mediante una valoración renovada, histórica y teológica, de los acontecimientos implicados, que conduzca a un reconocimiento correspondiente de la culpa y contribuya a un camino real de reconciliación (cf COMISIÓN TEOLÓGICA INTERNACIONAL, Memoria y reconciliación. La Iglesia y las culpas del pasado(=MR), Madrid, BAC, 2000, 13).

[8] Valga la pena recordar que este aporte fue presentado personalmente por una joven en dicha Conferencia. Esta ha sido la primera vez que una joven laica ha sido oficialmente invitada a participar en un evento eclesial de este nivel.

[9] Son también preocupaciones de los jóvenes: la Nueva Evangelización y el respeto a la identidad cultural de los pueblos, el contacto de la jerarquía con el pueblo que sufre, la denuncia clara de las injusticias, la construcción de una Iglesia fraterna y dialogante; el reconocimiento de la mujer como dinamizadora del cuerpo eclesial y social; la liturgia; los sistemas y métodos educativos; los Medios de Comunicación; la ecología integral; la integración y cooperación latinoamericana. Acerca de estas preocupaciones véase PRIMER CONGRESO LATINOAMERICANO DE JÓVENES, Aportes a la Conferencia general del Episcopado Latinoamericano, Cochabamba, Bolivia. 4 de enero de 1992, n. 22-31.

[10] MR, 13-28.

[11] Participaron más de 800 delegados, entre obispos, asesores, jóvenes provenientes de 21 países de América Latina e invitados de los Estados Unidos, de Portugal, de Italia y de la Santa Sede y los miembros de los Movimientos Apostólicos y de los Institutos de la Pastoral Juvenil de América Latina y del Caribe (cf PT, 5).

[12] Cf ibid., 15 y 16.

[13] Cf DP, n. 1166.

[14] PT, 98.

[15] Cf Luis A. GALLO, Il cammino del vangelo nel Continente della speranza, Roma, LAS, 2005, 7. Cuando hago referencia al Sínodo de América remito a los resultados del mismo recogidos y reformulados por JUAN PABLO II en su exhortación apostólica Ecclesia in America (= EA).

[16] Cf CONSEJO EPISCOPAL LATINOAMERICANO-SECCIÓN DE JUVENTUD, Civilización del Amor Tarea y esperanza. Orientaciones para un Pastoral Juvenil Latinoamericana, Santafé de Bogotá, D.C., Centro de Publicaciones del CELAM, 2001.

[17] JUAN PABLO II, Exhortación apostólica post-sinodal Christifideles Laici, Madrid, San Pablo, 71989, 13.

[18] Ciertamente el cambio es un ingrediente en toda cultura: ninguna cultura posee una estabilidad absoluta; sin embargo, hasta ahora los hombres venían haciendo prevalecer la permanencia sobre el cambio, hasta ahora consideraban que el cambio era un complemento de la permanencia que era secundario ante ella. Hoy se da por sentado que no debe darse tregua a la permanencia, ella no puede instalarse: hay que vivir cambiando (cf Raúl MENDEZ, Por una Iglesia viva. Propuesta para el discernimiento. Penetración y adecuación de la pastoral en una cultura contemporánea, Bogotá, Publicaciones de la Arquidiócesis, 1996, 15).

[19] Acerca de la exigencia modélica que caracteriza una época cultural y su correspondiente modo de ser véase ibid., 10 y 11.

[20] Asumo para este análisis la perspectiva del sociólogo alemán Ulrich Beck acerca de la por él llamada “segunda modernidad”. Véase Mario POLLO, Le trasformazioni culturali nella modernità e l´esperienza religiosa, en “Note di Pastorale Giovanile” 39 (2004), 5-9.

[21] Vivimos en una mediatización cultural tecnológicamente cada vez más invasiva, asistimos a un proceso de transformación de los medios de comunicación (mediamorfosis) que se opera a través de un juego complejo de necesidades percibidas, competitividad, presión política e innovaciones sociales y tecnológicas. La Internet (red de redes) está cambiando de manera radical la comunicación: en ella se intercambia, se accede, se participa, se encuentra, se discute; en ella surge un nuevo nomadismo que depende de la transformación continua y rápida de los paisajes, científico, técnico, económico, profesional, mental; con la Internet se ha visualizado la virtualización de las actividades humanas y se ha abierto un proceso de descentralización de los centros de poder y control de la comunicación. En la red están co-presentes categorías aparentemente antitéticas (lineal vs. no lineal, estructurado vs. no estructurado, unidireccional vs. bidireccional., etc.), no hay un centro, son múltiples los centros; en el mar de la red nos sentimos navegando como Ulises, como cazadores a la búsqueda de tesoros que se esconden a través de las miríadas de recorridos; en la Internet el sujeto está implicado directa y activamente, ella conserva la fascinación del encuentro desconocido; ella desencadena el juego de la experimentación sobre la propia identidad, el juego de las sustituciones, el intercambio de opiniones, ideas y pensamientos, en ella acontece la desterritorialización, un prolongarse hasta los confines del mundo (cf Fabio PASCUALETTI, Cultura digital. Un reto para la catequesis y la pastoral, en “Misión Joven” 44 [2004] 329).

[22] La velocidad no dependerá más de la capacidad de locomoción de los seres humanos o de los animales, como por ejemplo del caballo, sino de la invención de medios de locomoción como el tren, el automóvil, el avión, o de comunicación como el telégrafo, la radio, el teléfono y ahora más recientemente la Internet y el teléfono celular.

[23] Para Paul Virilio, el mundo no se funda más sobre la extensión geográfica, sino sobre una distancia temporal que vive constantemente reducida por nuestra capacidad de transporte, transmisión y acción telemática; el nuevo espacio-velocidad no es más un espacio-tiempo. La velocidad no es más un medio sino un “milieu”, una especie de sustancia etérea que satura el mundo en la cual son transferidas siempre más acciones, adquiriendo en este proceso nuevas cualidades que sólo tal sustancia hace posibles e inevitables (cf J. ARMITAGE [Ed.], Virilio Live: Selected Interviews, London, 2001,84 y 71); Z. BAUMAN, La società sotto assedio, Bari, 2003.

[24] Hoy se ha verificado una ruptura del equilibrio entre la separación del tiempo social que consiente a los miembros de la sociedad coordinar las propias acciones (sociotemporalidad) y el tiempo de la conciencia que permite a las personas percibir la propia vida y la de la humanidad como una historia en la que presente, pasado y futuro están profundamente ligados (nootemporalidad). Ruptura que ha producido el dominio de la sociotemporalidad sobre la nootemporaludad (cf Mario POLLO; Le sfide educative dei Giovanni, Leumann, ELLEDICI, 2000, 25-35).

[25] El concepto de aprendizaje cultural es clave en este estudio. Según Margaret Mead, en nuestro tiempo coexisten diferentes mecanismos de aprendizaje cultural los cuales se pueden extrapolar al pasado remoto, antes de que el lenguaje permitiera la descripción a distancia, o la escritura permitiera almacenar información a través del tiempo, o que la fotografía o la grabación electrónica permitieran conservar hechos no analizados para someterlos a un examen posterior (cf Margaret MEAD, Cultura y Compromiso. El mensaje de la nueva generación, Barcelona, Gedisa, 42002, 31 y 32).

[26] Un ejemplo de este tipo de cultura prefigutariva podría ser la así llamada cultura digital, la cual es definida como el paso de una cultura de masa -con controles centralizados- a una cultura descentralizada -desestructurada, personalizada y en cambio permanente-. La cultura digital es cultura de copresencias antitéticas, de constante tensión entre orden y caos; es plural, global y homogeneizante; está desestructurada y descentrada; posee lenguajes superestructurados y se encuentra desterritorializada (ha superado la idea de frontera regional, nacional y continental).

[27] Las relaciones económicas estructurales por ejemplo impulsan la expansión y las contradicciones de las áreas urbanas, sus relaciones internacionales y su dinamismo interno (cf Andrew DAVEY, Cristianismo urbano y globalización. Recursos teológicos para un futuro urbano, Santander, Sal Terrae, 2003, 13-31.

[28] La vida urbana posee diferentes y múltiples capas, en el mismo espacio pueden darse de manera simultáneamente procesos contradictorios.

[29] Cf ibid., 35-49.

[30] Acerca de la emergencia de las culturas juveniles urbanas en América Latina véase Rossana REGUILLO CRUZ, Emergencia de culturas juveniles. Estrategias del desencanto, Bogotá, Norma, 2000. Ante un destino social que se percibe inevitable por su compleja problemática (creciente deterioro económico, incertidumbre, fuga de futuro, debilitamiento de los mecanismos de integración tradicional, crisis institucional, descrédito de las instituciones políticas) en la que parece ganar terreno la conformidad y la desesperanza, adquieren relevancias las formas organizativas juveniles por su manera de entender y ubicarse en el mundo, por los diversos modos en los que se asumen ciudadanos. Los jóvenes se han autodotado de formas organizativas que actúan hacia el exterior –en sus relaciones con los otros- como formas de protección y de seguridad ante un orden que los excluye y que, hacia el interior, han venido operando como espacios de pertenencia y adscripción identitaria, a partir de los cuales es posible generar un sentido en común sobre un mundo incierto.

[31] «En Colombia, las investigaciones sobre juventud (…) tuvieron un relativo desarrollo a lo largo de los años noventa. Se han publicado diversos estudios, que en su gran mayoría recogen trabajos de campo en las zonas populares de los grandes centros urbanos del país, donde el fenómeno de la violencia juvenil y el de la violencia contra los jóvenes ha sido relevante. Pero debemos reconocer que, a pesar de la intensidad de los hechos, aún nos falta conocer muchas cosas sobre los hombres y mujeres jóvenes, sobre su realidad social, sobre sus gustos, sus sueños, su percepción de la familia, la escuela, la sexualidad, la religión y la política, sobre los procesos de socialización de pares, y sobre las motivaciones para su vinculación a agrupaciones salidas de la normatividad social. Existe especialmente un déficit de algunas disciplinas sociales que, aunque son críticas frente a los textos que se han producido, son esquivas en la elaboración de sus propias interpretaciones» (Alonso SALAZAR, Violencias Juveniles: ¿contraculturas o hegemonía de la cultura emergente?, en Humberto CUBIDES et al., «Viviendo a toda». Jóvenes, territorios culturales y nuevas sensibilidades, Santafé de Bogotá, D.C., DIUC-Siglo del Hombre Editores, 1998, 114).

[32] La Iglesia, ONGs, universidades, empresas, diversos ministerios de gobierno (educación, agricultura, defensa), son algunas de las instituciones que han establecido lecturas de la realidad juvenil con rigor científico. Diagnósticos pastorales, proyectos de intervención, tesis de grado, programas de atención, etc., hablan de la multiplicidad, diversidad y pluralidad de perspectivas,  intereses y metodologías.