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RECOMENDACIONES
PRÁCTICAS PARA UN MEJOR EJERCICIO DEL
MINISTERIO EXTRAORDINARIO DE LA COMUNIÓN (1)
Carlos
Anderson Acevedo Medina.
Curso IV de Teología.
En nuestras Parroquias son personajes de mucha
importancia los Ministros Extraordinarios de la Comunión.
Muchos de ellos sienten un pequeño "aliento" de
grandeza ante tan alto Ministerio, que hasta miran a los demás
por debajo del hombro. Estas recomendaciones van dirigidas a ellos,
a quienes considero mis amigos, y también a sus Párrocos,
para que los ayuden a vivir convenientemente este encargo eclesial.
1.
Ninguno de los Ministros Extraordinarios de la Comunión (y
no de la Eucaristía) debe considerarse sacerdote o clérigo
de cuarto grado u orden. No se trata de una consagración
o una institución, sino de delegación, designación
o nombramiento para el momento o acto por determinado tiempo.
2. Consideren seriamente que esta condición
de "ministros" no es un privilegio, sino un servicio para
bien de los demás. Esto les exige dignidad y ante todo humildad
al desempeñar su función u oficio, pues siguen siendo
laicos. Desde la oración, particularmente con la Liturgia
de las Horas, han de potenciar este ministerio.
3. Aparezcan siempre como laicos sin necesidad
de asimilarse al Clero; permanezcan laicos a la vista de la comunidad.
El vestido, por consiguiente, ha de ser digno y adecuado; han de
tener cuidado con la limpieza de sus manos y uñas. No han
de usar vestiduras sagradas del ministro ordenado.
4. Si son encargados o se les encomienda una celebración
de la Palabra con distribución de la Comunión en ausencia
del Presbítero, no se arroguen o atribuyan el derecho de
presidir, sino considérense animadores, guías o moderadores
de la asamblea reunida.
5. La razón válida que justifica
la existencia de los Ministros extraordinarios de la Comunión
no es la carencia de minsitros ordenados, sino que así estamos
dando otra imagen de Iglesia (con conciencia ministerial), ajustada
a las necesidades del mundo y de igual modo se pone de manifiesto
la digniodad del Laico.
6. Al exterior reflejamos aquello que va por dentro.
Por eso, importa mucho la actitud espiritual interior.
- Respeto y aprecio a la Eucaristía:
es decir, tener un sentido de lo sagrado. Esto se manifiesta en
el modo de actuar (con naturalidad, no en forma postiza), en la
postura externa (pierna cruzada durante la celebración),
en los gestos (genuflexión distraída y apresurada)
y en la rutina o monotonía (cansancio).
- Respeto y amor a la comunidad a la cual sirven
(que jamás se les suba el ministerio, o resulten mandando
más que el Párroco: "hoy no confesamos").
Su tarea consiste en ayudar a sus hermanos a que se incorporen
más plenamente en el "Cuerpo de Cristo" por la
recepción de la Eucaristía, y facilitar el encuentro
de fe a quienes no pueden acudir a la celebración comunitaria
por enfermedad e impedimento.
7. Este ministerio debe ir unido a una actitud
de disponibilidad generosa y permanente. De ninguna manera puede
aparecer como "afición", "fiebre" u "obsesión",
menos como "enfermedad". Dios nos libre de Ministros extraordinarios
que quieren estar en todo, en toda celebración, y pretenden
acapararlo todo. No olvidemos que la prudencia hace verdaderos sabios
y que la virtud está por medio.
8. No busquen reverencias ni recompensas. No hay
derecho a remuneración de ninguna clase; es un servicio sin
ánimo de lucro que se presta con desinterés, alegría
y mucha fe
9. Este ministerio requiere una adecuada preparación
(estudio continuo, lectura asidua), sana doctrina y ejemplar conducta
de vida (coherencia entre lo que decimos y hacemos). Los retiros
espirituales, los cursos, las convivencias, los encuentros etc.
se enmarcan dentro de este punto. Por ignorancia cometemos abusos
y está comprobado en liturgia que entre menos sabemos más
cosas raras hacemos.
10. Valoren frecuentemente el Sacramento de la
Penitencia y consideren que a mayor confesión de los pecados
mayor aumento de la gracia bautismal. Eucaristía sin confesión
es pura ilusión.
11. No en toda la celebración actúan
como Ministros extraordinarios; la misma terminología lo
dice: "sólo para casos extraordinarios" cuando
se prevé que será excesivo el número de comulgantes
o por razones pastorales.
12. Nunca utilicen el ambón o lugar de la Palabra para hacer
las moniciones, entonar los cantos, dar avisos, pronunciar palabras
de agradecimiento u ocasión etc. Este lugar es exclusivo
de la Palabra de Dios.
13. La homilía no se puede confiar al Ministro
extraordinario de la Comunión; es viable la posibilidad de
una monición explicativa a la Palabra o un testimonio dado
en su momento, sin que ello llegue a confundirse de ninguna manera
con la homilía.
14. La postura de rodillas ha de conservarse,
pero siempre y cuando llegue a haber por parte de los fieles la
debida atención. No se trata de una representación
sino de un Memorial; por lo tanto vale la pena observar el misterio
de la fe que realiza el sacerdote. Además, recordemos que
las aclamaciones siempre se proclaman de pie.
15. La Doxología (Por Cristo, con Él
y en Él...) es eminentemente presidencial. Ojalá que
así sea, y luchemos para que no la hagan todos al tiempo.
16. Valoremos el significado del saludo de la
paz, que debe ser signo de fraternidad (antes de comulgar con Cristo
entramos en comunión con los hermanos) y apenas debe darse
a los que estén a nuestro lado. No devaluemos este gesto
convirtiéndolo en un "recreo litúrgico".
17. Ojalá que el Ministro extraordinario
no ejerza su función reemplazando a quien preside, para que
éste se siente, o entone los cantos de comunión.
18. Enseñen a sus hermanos a comulgar como
es debido: manos puestas para comulgar en la mano, brazos cruzados
y manos juntas; pero no admitan al comulgante con las manos en los
bolsillos o los brazos sueltos. Esperen la respuesta que da el comulgante.
19. Como Ministros extraordinarios cuando comulguen
no lo hagan como si fuera un "autoservicio", ya que la
comunión se da y se recibe del hermano y no está bien
tomarla por su propia cuenta.
20. Cuidado con quienes reciben el Cuerpo de Cristo
en la mano. Se escuchan comentarios sobre los gravísimos
abusos que se dan: bajo este pretexto se están valiendo para
llevar el pan consagrado a cultos satánicos. Otros no saben
comulgar en la mano: manos sucias, en una sola mano (la otra ocupada)
y otros hacen la señal de la cruz con la hostia. Pongamos
más atención y no seamos ingenuos.
21. En la visita a los enfermos, al llegar a la
pieza hay que prever que se disponga de una mesa con un mantel sencillo,
un cirio o velón, un florero y un vaso con agua. Si uno encuentra
personas que cuidan al enfermo y quieren comulgar, se les puede
dar también la Comunión.
22. El ayuno eucarístico recomendado a
los enfermos o impedidos es de un cuarto de hora; sin embargo en
algunos casos habrá que esperar un momento nada más
(si acabó de comer) para no privarlo de la Comunión.
23. ¿Cómo consumir? Si se dificulta
o se hace dispendioso volver al lugar de la reserva para depositar
el pan Consagrado sobrante, el Ministro extraordinario puede consumir
tan pronto como hayan terminado las visitas programadas a los enfermos.
No olvide purificar ahí mismo sobre un vaso con agua, que
ha de tomarse o depositar en tierra (nunca debe correr por el caño).
24. Si se llegara a dar el caso de la "devolución"
de la hostia por parte del enfermo, bastaría con retomarla
con los dedos o recibirla en un vaso con agua y luego colocar todo
bajo tierra.
25. La Reserva Eucarística siempre va con
nosotros y no la podemos dejar olvidada en cualquier parte; mucho
menos nos permitimos la entrada con Ella a todo establecimiento.
26. Otras recomendaciones:
- Cuando moderen una celebración de la Palabra
no saluden como el ministro ordenado. Hay que buscar otras fórmulas.
- Tratándose del Sacramento del Bautismo,
no pueden ser Ministros extraordinarios del mismo; salvo en caso
de extrema necesidad o si faltara el Ministro ordinario o estuviera
impedido.
- La celebración de Exequias pueden animarla
en caso de verdadera falta de un Ministro ordinario y observando
las normas litúrgicas para el caso. Se requiere preparación
doctrinal y litúrgica.
(1) CURIA ROMANA. Instrucción sobre algunas
cuestiones acerca de la colaboración de los fieles laicos
en el Sagrado Ministerio de los Sacerdotes. Agosto 15 de 1997.
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