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Jos Aldazbal
Los
das del Adviento tienen un color entraablemente mariano, que
luego continuar a lo largo de la Navidad y de la Epifana, porque
Mara de Nazaret, la Madre del Mesas, estuvo a su lado en todos
estos acontecimientos por voluntad divina. Ella es el mejor smbolo
de la Iglesia que celebra la venida de Cristo, la mejor Maestra
de la espera de Adviento, de la alegra acogedora de la Navidad
y de la manifestacin misionera de la Epifana. Adems, las fiestas
de la Inmaculada, de Nuestra Seora de Guadalupe, de la Sagrada
Familia y de Santa Mara Madre de Dios, dan todava a estas semanas
mayor contenido mariano.
Bien podemos hablar de
Mara como Nuestra Seora del Adviento, Nuestra Seora de la Navidad
y Nuestra Seora de la Epifana. La humilde mujer de Nazaret,
verdadera hija de Sin, representante de todo el pueblo de Israel,
y a la vez la primera cristiana que acogi la salvacin de Dios.
As lo expres magistralmente
Pablo VI en su exhortacin Marialis Cultus:
Durante el tiempo de
Adviento, recordamos frecuentemente en la liturgia a la Santsima
Virgen.
Aparte de la solemnidad
del da 8 de diciembre en que se celebran conjuntamente
la Inmaculada Concepcin de Mara, la preparacin radical a la
venida del Salvador y el feliz comienzo de la Iglesia, hermosa,
sin mancha ni arruga, la tenemos presente sobre todo en
los das feriales desde el 17 al 24 de diciembre, y singularmente
el domingo anterior a la Navidad, en que se leen las antiguas
voces profticas sobre la Virgen Mara y el Mesas, as como los
relatos evanglicos referentes al nacimiento inminente de Cristo
y del precursor.
De este modo, los fieles,
que trasladan de la liturgia a la vida el espritu del Adviento,
al considerar el inefable amor con que la Virgen Madre esper
al Hijo, se sienten animados a tomarla como modelo y a prepararse,
vigilantes en la oracin y jubilosos en la alabanza, para salir
al encuentro del Salvador que viene.
Queremos, adems, sealar
cmo la liturgia del Adviento, uniendo la espera mesinica y la
espera del glorioso retorno de Cristo al admirable recuerdo de
la Madre, presenta un feliz equilibrio a la hora de expresar el
culto. Equilibrio que puede ser tomado como norma para impedir
todo aquello que tiende a separar, como sucede en algunas formas
de piedad popular, el culto a la Virgen de su necesario centro
de referencia, Cristo.
Resulta as que este
perodo, como han observado los especialistas en liturgia, puede
ser considerado como un tiempo particularmente apto para rendir
culto a la Madre del Seor.
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