Escudo Seminario Mayor

Arquidiócesis de Bogotá
Arquidiócesis
de Bogotá


Centro de
Investigación
Pastoral

Cantos para la Liturgia
Cantos para la
Liturgia

El Catolicismo - Arquidiócesis de Bogotá
Periódico de la Arquidiócesis de
Bogotá

CatholicNet
R.I.I.A.L.
Red Informática
de la Iglesia en América Latina


Servicio de noticias ZENIT
ULTIMAS NOTICIAS

La Liturgia del Domingo
La liturgia del
domingo


Lecturas diarias de la Santa Misa
Lecturas de la
santa Misa



Temas de actualidad
en la Iglesia

Radio Vaticana
Programa hispanoamericano
para
América Latina y
el Caribe

  Objetivos académicos
  Reglamentación académica
  Ordo de materias
  Pénsum Filosofía y Teología
  Horarios Filosofía y Teología
  Lista de profesores y materias
Seminario Mayor de San José
Arquidiócesis de Bogotá
Inicio
El Seminario Mayor

 

El profetismo en Israel

El término

El fenómeno del profetismo no es exclusivo de Israel, sino que aparece también en las religiones antiguas. En la Biblia el término profeta tiene ricas connotaciones. La palabra hebrea más común es nabi, que significa “uno que es llamado”; también se le llama “vidente” u “hombre de Dios”. La palabra “profeta” viene del griego, que significa “alguien que habla en nombre de o en favor de”. Es alguien llamado por Dios a ser su mensajero para el pueblo. El profeta es un visionario, que ve la vida del pueblo desde la óptica de Dios. Es un “hombre (o mujer) de Dios” que habla al pueblo en nombre de Dios e intercede por su pueblo.

Tipos de profetas

Abraham y Moisés son reverenciados como profetas que cumplieron la voluntad divina y custodiaron la alianza con Dios. Hacia finales del siglo XI a.C., cuando Samuel ungió a Saúl como primer rey de Israel, la profecía ya había alcanzado un puesto reconocido en Israel. Había varios tipos de profetas, unos conocidos como “videntes” (ej.: Samuel, 1Sam 9,19) dirigían santuarios religiosos y hacían predicciones a los visitantes. Con frecuencia conformaban cofradías que profetizaban mediante trances extáticos, algunas veces acompañados por música  (ej.: 1Sam 10,10). Algunos profetas se vincularon a la corte y se convirtieron en consejeros del rey. Samuel aconsejaba a Saúl y Natán a David. Con el tiempo ellos llegaron a ser importantes funcionarios de la corte. También fungían como guardianes de la alianza. Si el rey rompía la alianza, como ocurría a menudo, ellos se lo amonestaban.

La profecía clásica en Israel

En la Biblia hebrea, los libros “históricos” de Josué, Jueces, 1-2 Samuel y 1-2 Reyes, son llamados “profetas anteriores”. El conjunto de libros conocidos como “profetas posteriores”, Isaías, Jeremías, Ezequiel, y los doce menores, contienen los oráculos de los profetas que recibieron la llamada divina tras la división de Reino. Fue con los Profetas Posteriores con quienes comenzó la profecía clásica israelita.

En total, los escritos de los profetas posteriores abarcan unos 400 años, entre los siglos VIII y V a.C., comenzando poco antes de la caída del reino del Norte en manos de Asiria. Los profetas reprocharon tanto al Reino de Israel como al de Judá su alejamiento de Dios, la adopción de dioses y prácticas cultuales de sus vecinos cananeos y el olvido de la ley de Moisés. Ellos anunciaban la palabra de Dios a Israel para ayudarle a formar su conciencia y configurar un futuro mejor, corrigiendo los errores del presente. Apenas el pueblo olvidaba la alianza, los profetas se la recordaban, reflexionaban y oraban con ellos para evitar el desastre futuro que seguramente vendría si ellos no enmendaban su vida.

La procedencia de los profetas era muy variada: Isaías probablemente era de las clases altas de Jerusalén, pero Amós era un campesino de una pequeña aldea de Judá. Lo que unía a estos hombres era que ambos anunciaron el mensaje de Dios. Su misión les acarreó persecución, rechazo y hasta la muerte, porque Dios les pedía hablar verdades que resultaban muy incómodas para los poderosos dirigentes y el pueblo, pues denunciaban sus injusticias, su hipocresía religiosa y sus crímenes. A pesar de que no los querían escuchar, siguieron fieles a su misión, ofreciendo a los israelitas esperanza y asegurándoles que si ellos enmendaban sus vidas podrían salvar a la nación de la destrucción.

El Profeta Amós