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¿LA BIBLIA LIBRO PROHIBIDO?

PRIMERA PARTE

Muchos prejuicios e ideas equivocadas existen todavía en algunos católicos en torno a la lectura de la Biblia. Incluso unos llegan a decir que las personas que leen la Biblia se vuelven locas, y otras majaderías por el estilo. (¡A lo sumo se volverán "locas" de amor a Jesucristo y a su prójimo, pero nada más!). La lectura de la Biblia, lejos de estar prohibida, ha sido vivamente recomendada por el papa y el Magisterio de la Iglesia para todos los fieles católicos, pues desconocer la Sagrada Escritura es desconocer a Jesucristo mismo.

En el capítulo 12 del evangelio de Juan se dice que un día algunos peregrinos griegos que subieron a Jerusalén por la fiesta se acercaron a Felipe y le pidieron con insistencia: "queremos conocer a Jesús" (Jn 12,20-22). También los cristianos católicos de estos últimos decenios dicen: "queremos conocer la Biblia, para conocer mejor a Jesús". En efecto, se constata que desde hace varias décadas los católicos van redescubriendo el "gusto por la Biblia", ¡después de un período de descuido que duró desgraciadamente varios siglos! Este despertar se nota con satisfacción incluso en nuestro país y se manifiesta con ediciones de la Biblia, en un lenguaje más asequible, con semanas bíblicas y cursos bíblicos en las parroquias y algunas diócesis, con encuentros bíblicos, con lecturas, explicaciones y oraciones sobre el texto sagrado, que suscitan entusiasmo de muchos, tanto jóvenes como adultos, fascinados con el contacto directo con la palabra de Dios expresada en la Biblia.

Sin embargo, todavía existen en tantos católicos prevenciones sin fundamento en torno a la lectura personal y directa de la Sagrada Escritura. En efecto:

  • Algunos creen equivocadamente que la lectura de la Biblia es inútil, y afirman que basta estudiar el catecismo y la explicación que se hace de ella en la liturgia;
  • Otros creen que la lectura de la Biblia está reservada sólo a una categoría de personas, es decir, de aquellas personas que o por su ministerio (sacerdotes y religiosos) o por su cultura están preparados para su lectura;
  • Otros, basados en algunas concepciones erradas creen que la lectura de la Biblia puede ser incluso peligrosa, por no decir dañosa, para la fe del cristiano. Creen que el que la lee se enloquece.

¡Y ni hablar de los que se sienten desanimados por las dificultades a raíz de la lectura de la Escritura! Ante estas prevenciones y dificultades, nos planteamos dos interrogantes: ¿Es necesario leer la Biblia? y ¿Cómo leer la Biblia? En esta edición trataremos de responder a la primera pregunta, dejando la segunda para la próxima edición de este semanario.

¿Es necesario leer la Biblia?

Ante todo hay que decir que el cristiano que vive con la Iglesia, vive ya de la Biblia, pues la Iglesia vive de la Palabra de Dios, la lee públicamente, la escucha, la ama. Esto no quiere decir que no sea necesaria la lectura de la Biblia para la vida cristiana; todo lo contrario, es sumamente provechosa la lectura personal de la Biblia para la vida cristiana y también los cursos de profundización que ayuden a comprenderla mejor.


No está prohibido leer la Biblia

La lectura personal y directa de la Biblia no está prohibida de ninguna manera en la Iglesia. Frente a la revolución protestante, que había llevado a erigir la Biblia como única fuente de fe y de vida espiritual, la Reforma post-tridentina reaccionó y prohibió a los fieles el uso de las Biblias que no tuvieran la aprobación y la explicación de la Iglesia, con el fin de prevenir lecturas e interpretaciones equivocadas y tendenciosas del texto bíblico. Desgraciadamente el celo exagerado de algunos los llevó a darle a la recomendación de la Iglesia un carácter absoluto, llegando a afirmar que a los fieles estaba prohibida la lectura de la Biblia. Esto generó entre los fieles católicos el prejuicio de la prohibición de la lectura personal del libro sagrado. Y eso fue para ellos una gran pérdida.

Pero en el siglo XX la voz autorizada del papa Pío XII ha disipado definitivamente estas incautas preocupaciones y prejuicios. En la encíclica Divino afflante Spiritu (30.09.1943) recomienda a los sacerdotes el diligente estudio de la Escritura, apoyado con la oración y la meditación, para exponer la riqueza de la Palabra de Dios en las homilías y exhortaciones a fin de despertar en los fieles la "suma veneración de la Escritura" (cf. No. 49). Asimismo, pide promover el conocimiento de las Sagradas Escrituras, su edición y difusión "y procurar con todo empeño que en las familias cristianas se tenga ordenada y santamente cotidiana lectura de ellas... y tengan ellos disertaciones o lecciones de asuntos bíblicos" (No. 50); además recomienda entre otras cosas, la difusión de publicaciones bíblicas entre los fieles, la formación bíblica en los seminarios y el cultivo de los estudios bíblicos.

Al contrario, se recomienda leer la Biblia

Podemos decir entonces que hoy la Iglesia recomienda vivamente la lectura personal de la Biblia a todos los fieles. Esta recomendación no es una novedad, sino la continuación de una invitación que ha estado presente a lo largo de toda la historia de la Iglesia. Basta pensar en las primeras generaciones cristianas que impregnaron con la Biblia toda su vida espiritual, la liturgia y la oración. ¿Acaso la liturgia misma de la Iglesia no usa continuamente la Biblia? Recordemos también los múltiples comentarios y las meditaciones que sobre la Biblia compusieron los grandes Padres de la Iglesia, la conversión de miles de hombres y mujeres a raíz de la lectura del libro sagrado, el enorme trabajo de copiado de la Biblia realizado en el medioevo y pensemos también en la tradición de las familias cristianas católicas que han leído en familia el libro sagrado diariamente antes de la cena o del almuerzo, todo esto, por citar algunos ejemplos.

Hoy se pide enfáticamente a los católicos leer la Biblia

Si la invitación de la Iglesia a leer la Biblia ha sido repetida incesantemente en todos los tiempos, hoy parece haberse convertido en una exigencia que el mismo Magisterio de la Iglesia vuelve a hacer a todos los fieles: "¡Lean la Biblia!"

Entre las invitaciones más cualificadas de hoy recordamos las siguientes:

  • El papa Pío XII en la encíclica Divino afflante Spiritu ha hecho suya la afirmación de san Jerónimo: "Desconocer la Escritura es desconocer a Cristo". (ver además DV. 25).

  • El papa Juan XIII dijo: "Hoy es imperdonable para un cristiano que se respete, la ignorancia de las Escrituras".

  • El papa Pablo VI afirmó: " Es necesario un retorno a la Biblia y nunca será suficiente la recomendación a los fieles para que nutran su fe en esta fuente prodigiosa"; Juan Pablo II hace eco a esta frase en el documento sobre la catequesis Catechesi TradendŒ, No. 27.

  • El Concilio Vaticano II, en la Constitución Dei Verbum (DV) sobre la divina revelación, "recomienda insistentemente a todos los fieles, especialmente a los religiosos, la lectura asidua de la Escritura para que adquieran la ciencia suprema de Jesucristo (Flp 3,8)" Y añade: "acudan de buena gana al texto mismo: en la liturgia, tan llena del lenguaje de Dios; en la lectura espiritual, o bien en otras instituciones o con otros medios que para dicho fin se organizan hoy por todas partes con aprobación o por iniciativa de los Pastores de la Iglesia. Recuerden que a la lectura de la Sagrada Escritura debe acompañar la oración para que se realice el diálogo de Dios con el hombre, pues "a Dios hablamos cuando oramos, a Dios escuchamos cuando leemos sus palabras"(DV 25). La misma Constitución conciliar dice que "la Iglesia siempre ha venerado la Escritura, como lo ha hecho con el Cuerpo de Cristo. La Iglesia ha considerado siempre como suprema norma de su fe la Escritura unida a la Tradición" (DV 21). Son afirmaciones de gran peso, que vale la pena considerar y tener en cuenta sobre todo cuando miembros de algunas sectas que tocan a la puerta digan que en la Iglesia católica la Biblia no es valorada. Esa es una afirmación totalmente falsa.

La invitación constante de la Iglesia a una lectura personal de la Biblia está sólidamente fundada en la necesidad de conocer mejor a Jesús para poder crecer en el amor a Él. Podemos agregar a este motivo primario otros dos motivos: uno de orden psicológico, que aunque es secundario, es de gran utilidad y validez: la lectura de la Biblia es exigida por la necesidad que tiene todo creyente de mantener la frescura de su propia vida espiritual cristiana. Dicha frescura se encuentra principalmente en la fuente prodigiosa y viva de la Escritura, más que en los manuales de dogma, de moral o espiritualidad que hombres, a pesar de su sabiduría y santidad, hayan podido componer. Así como el agua de los manantiales es siempre más fresca y viva que aquella que, siendo buena, llega a nuestras casas a través de la red del acueducto. El otro motivo es de orden pastoral-formativo: la teología durante un tiempo estuvo muy "clericalizada" (¡sin el ánimo de ofender!), es decir, reservada a los clérigos. Éste es uno de los motivos por los que sólo el clero en el pasado leía y estudiaba (y a veces no mucho, desgraciadamente) la Biblia. Hoy gracias a Dios la realidad es otra: muchos laicos se interesan cada vez más por leer y conocer la Palabra de Dios, por estudiar teología y por capacitarse para ser idóneos agentes de evangelización en la Iglesia, dando testimonio de Cristo a los hermanos.

Ojalá que más y más laicos de nuestras parroquias se interesen por el conocimiento de la Escritura y por la teología y de esta manera puedan influir más profundamente en la vida de la Iglesia, recordando que la teología parte precisamente de un buen conocimiento de la Escritura. La Escritura es el alma de la teología, dice el Concilio Vaticano II.

En conclusión, a la pregunta si es necesario leer la Biblia, tenemos que responder que sí, es necesario y urgente que todos los fieles en la medida de sus posibilidades tengan un conocimiento personal y una formación cada vez mayor en Sagrada Escritura. Por eso, si estás interesado(a) en iniciarte en un conocimiento más profundo de la Escritura, habla con tu párroco; él te orientará adecuadamente. Si no hay todavía un curso bíblico en tu parroquia, sugiéreselo al párroco.

Señores párrocos, procuremos establecer, consolidar y difundir cursos bíblicos bien fundamentados para los fieles en cada parroquia. Ellos tienen derecho a conocer en profundidad la Palabra de Dios. A veces se puede correr el riesgo de dedicar en las parroquias esfuerzos y dinero a otras cosas no tan necesarias y provechosas, como la formación cristiana del pueblo de Dios; hay que tener presente que el dinero invertido en la pastoral y en la formación cristiana de los fieles es la mejor inversión. ¡La gente tiene sed de Dios y de su Palabra! No podemos ser sordos a este llamado. Si el pasado Sínodo al mirar la realidad de la Arquidiócesis constataba que "parecería que el Evangelio no da forma a la Iglesia, la Iglesia, pueblo de Dios, aparece diluida y que el cristianismo no aparece encarnado...", es porque quizás aún no se ha dado suficiente importancia a la Palabra de Dios y a la evangelización, misión esencial y tarea prioritaria de la Iglesia, que existe para evangelizar (cf. Evangelii Nuntiandi, No. 14). Por eso es necesario recordar la recomendación del Plan Global de Pastoral: "Insistir en la Palabra de Dios como fundamento de toda acción evangelizadora y transformadora de la sociedad" y trabajar con empeño en el campo de arraigo en Jesucristo, Palabra de vida.

¿La Biblia libro prohibido? [2ª parte]. Ideas para leer la Biblia)